La supervivencia de los mejores

Comienza el recorrido que proponemos a nuestros lectores sobre la biología y gestión del jabalí. Tal y como sucediera con la anterior serie sobre el corzo, proyectaremos a lo largo de un año y narraremos en cada uno de los meses lo que acontece, paso a paso, en el ciclo anual del jabalí.

Patricio Mateos-Quesada | 22/09/2008

7748 lecturas

De la misma manera, y a modo de guía orientativa para los lectores más involucrados, incluiremos unas propuestas respecto al manejo que cabría hacer para cada momento del año. Las consideraciones que en este aspecto podamos hacer, y como es razonable pensar, deberán adecuarse a cada sierra y cada mancha de nuestra geografía peninsular, pues los ciclos de esta especie no pueden sino someterse a las condiciones climáticas y vegetales que imperen en cada lugar. No olvidemos que la fauna —todos y cada uno de sus integrantes— no es sino una expresión del entorno que ha sido modelada a lo largo de miles de años y, como tal, sus ciclos pueden variar conforme las mismas variaciones del lugar en el que se desarrollan.

¿Da para tanto hablar del jabalí?

Este mes señala un punto de inflexión en el ciclo anual de la especie

Aparentemente, no es mucho lo que se sabe sobre este ungulado; pareciera que un aprendiz de campo podría conocer los términos más elementales de su biología en poco más de una tarde: por dónde andan machos y hembras, aspectos de la reproducción, el parto, el interés del jabalí en comer todo lo que a su alcance se ponga... No parece haber mucho más. Sólo con los libros dedicados a la caza de esta especie, podríamos llenar muchas bibliotecas; pero, ¿cuántos títulos sabría nombrar el lector sobre la biología del jabalí?

Quizá estemos infravalorando la importancia que esta especie tiene para el mundo de la caza mayor. No olvidemos que el jabalí soporta el éxito de buena parte de las monterías, ganchos y batidas que se llevan a cabo en nuestras manchas, sin olvidar la oferta que nos dispensa en régimen de esperas y aguardos. El éxito de una montería, cuántas veces medido únicamente como el número de reses abatidas, sería otra cosa si sólo de ciervos o gamos dependiera.


Septiembre es el peor mes de todo el año, tanto que muchos jabalíes mueren en el transcurso de esta temporada. © Guy Fleury.

Y, a pesar de ello, ¿quiénes gestionan sus poblaciones?, ¿quién fomenta el trofeo del jabalí en sus cotos?, ¿dónde se salvaguarda a las hembras a punto de parir o a los rayones recién paridos? El jabalí parece el maná que se vierte cada temporada de nuestras manchas y que aparece en términos azarosos en el transcurso de cada montería. Quizá el ocultismo que caracteriza a esta especie nos sirva como justificante para esta falta de preocupación por el devenir de sus poblaciones, sustentado, además, por ese azar que justifica los malos resultados cuando éstos llegan.

Sin embargo, algo está cambiando a este respecto. Son varias las líneas de investigación que se llevan a cabo con el jabalí en términos de biología y, podemos calificar como de asombrosas las aplicaciones que sobre la caza tienen los resultados obtenidos. Buena parte de estos estudios, así como las posibilidades de manejo para con la especie, podremos afrontarlas en esta serie que sobre el jabalí comienza. Esperemos que cada uno de los capítulos dedicados al jabalí permita entrever los descubrimientos que sobre esta especie se llevan a término y nos anime a llevar a cabo una gestión más racional; de esta forma ganarán las poblaciones que soportan la presión que ejercemos, pero sobre todo nosotros, como beneficiarios de estas poblaciones.

El mes de los fuertes

Es una época en la que machos y hembras se encuentran por separado, puesto que aún falta para que éstas entren en celo

Septiembre señala un punto de inflexión en el ciclo anual de esta especie. Atrás quedan meses como julio y agosto en los que las limitaciones hídricas y alimenticias, las cargas parasitarias y el propio calor pueden haber influido de manera importante en la vida de cada uno de los individuos. En septiembre podrá acabar todo esto con el comienzo de la otoñada; pero en este período en concreto encontramos lo peor de todo el verano, puesto que las fuerzas de los individuos pueden estar al límite y las carencias estivales prolongarse a lo largo de todo este mes.

Ocasión tendremos de pormenorizar las estrategias utilizadas por el jabalí para sobrevivir durante el duro estío mediterráneo, pero sí podemos concluir que el resultado del tremendo estrés trófico y parasitario llevan a la muerte a muchos individuos, sobre todo entre los que nacieron en la última paridera y cuya primera gran prueba concluirá en este mes, si son capaces de superarlo con éxito.


Si se da comida en septiembre a los ciervos de una finca, se debe hacer en comederos que los jabalíes no puedan alcanzar. © Antonio Mata.

Las mejores madres, las mejores líderes de los grupos familiares, podrían medirse por el número de individuos que las siguen acompañando, sabiendo cuál era el número del grupo en primavera. Todos llegarán limitados de fuerzas en condiciones naturales y, cómo no, justos de carnes. Es el momento de que la memoria de estas líderes de los grupos les lleve a aquellos lugares donde más pronto madurarán los primeros frutos otoñales, donde antes crecerá la hierba tras las primeras aguas y, por supuesto, siempre fuera del alcance de su enemigo más omnipresente: el hombre.

Es una época en la que machos y hembras se encuentran por separado, puesto que aún falta para que éstas entren en celo, y para ello deben alcanzar un peso determinado, un nivel de carnes que las permita afrontar el desgaste que supone la concepción y el desarrollo embrionario de los fetos. Tanto es esto así, que las hembras entran en celo por primera vez no cuando tienen una edad determinada, sino cuando alcanzan un peso adecuado, lo que indicará que su organismo estará preparado para soportar tal esfuerzo.

Los machos solitarios

Pero estos grupos están formados únicamente por hembras y crías. Los machos vagabundean y se buscan sus propios recursos al margen de la congregación de hembras. ¿Por qué no afrontar el estío en común? La pregunta se responde sola si somos capaces de comprender el egoísmo innato que impera en cada organismo. Si un macho se integra con un grupo de hembras, con las que quizá no tiene que tener ninguna vinculación familiar, deberá compartir los recursos, cuando los localicen, con todos los integrantes del clan. Esto, en verano, no siempre es una buena idea. Por otra parte, un nutrido grupo siempre será más conspicuo que un individuo solitario; las posibilidades de predación disminuyen cuando en un bosque, en este caso el mediterráneo o el atlántico peninsular, los individuos vagan solos por su interior. Con estos dos argumentos tenemos que un macho dentro de un grupo no encuentra ventajas, además de verse privado de aquéllas que le supone estar solo.

Uniones de jabalinas

Alimentar ahora supondría que vivan individuos a punto de claudicar y que podrían ser portadores de enfermedades

¿Que por qué van, entonces, las hembras juntas? En este caso existen lazos familiares entre madres e hijas y entre primas, que les lleva a una protección conjunta y a compartir los beneficios tróficos; asumirán los riesgos en común y, en definitiva, y sobre todo para las hembras jóvenes, existirá un beneficio y un aprendizaje que irán transmitiendo a sus futuras hijas, o a los componentes de sus piaras, cuando sean ellas quienes lideren sus propios grupos.

Es razonable pensar que un macho adulto obtendrá ventajas si se desenvuelve solo; le acompaña su experiencia de vida, además de las ventajas antes mencionadas. Pero no sucede lo mismo con los machos jóvenes. Cuando éstos son expulsados del grupo familiar vagarán solos y con una escasa experiencia, deambulando de mancha en mancha en busca de alimento y definiendo su propia área de campeo en litigio con otros machos.

Con estos mimbres es fácil armar el cesto de las consecuencias de este período en el campo: la mortandad juvenil será mucho mayor en machos que en hembras, pues los primeros deben afrontar el estío solos, mientras que las hembras se encuentran en el seno de un grupo que las protege y conduce.

Y éstas, en resumidas cuentas, son las circunstancias en las que se mueve el jabalí durante el mes de septiembre. Penurias hasta el límite que suponen una selección de las poblaciones, sexos separados y ausencia de celo.

Gestiones acordes con la naturaleza

Muchas de las actuaciones que sobre los ungulados se llevan a cabo, más tratan de complementar las carencias de la naturaleza y evitar las estrecheces de las poblaciones sujetas a nuestro manejo, que de mitigar los propios daños que el hombre lleva a cabo sobre el entorno. Debemos comprender que los ciclos naturales y los aumentos y disminuciones de, por ejemplo, el alimento, son necesarios. Las especies han evolucionado y están adaptadas a esos ritmos y sus propios ciclos se complementan y rigen por las oscilaciones de la naturaleza. Tratar de modificar esas cadencias naturales no nos lleva sino a la modificación de los ritmos de aquellos animales que se ven influidos por nuestro manejo.

La mortandad juvenil será mucho mayor en machos que en hembras

¿Que cómo se aplica esto al jabalí, si acaso tiene algo que ver con él? Tiene que ver, y mucho.

Ya ha quedado claro que septiembre es el peor mes del peor período del año, tanto, que muchos individuos han muerto en el transcurso de esta temporada; una temporada, por otra parte, asumida y en parte beneficiosa para la especie.

Los individuos más débiles han muerto, por lo que el dictado natural que establece que los peor adaptados no deben transmitir sus genes a la siguiente generación, parece cumplirse. Y con la muerte de estos animales hemos eliminado a aquellos jabalíes donde más fácilmente podían instalarse diversos agentes infecciosos desde donde podían saltar al resto de la población y generar enfermedades a buena parte de ella, llegando, incluso, a constituir plagas.


Podemos saber cuáles son buenas madres por el número de individuos que las siguen en septiembre, siempre que conociésemos cómo era el grupo en primavera. © Guy Fleury.

La permanencia de estos individuos, además, pondría en serios aprietos los recursos que han de venir en la otoñada, ya que al haber más ejemplares, a menos tocarían y el esquilmar los recursos estacionales, comprometerá la aparición de éstos para posteriores épocas.

Es también con los frutos del otoño cuando las hembras adquieren una fortaleza adecuada para la concepción y desarrollo de lo que será la cría de la primavera siguiente. Que hasta este momento hayan sido estrecheces lo que las hembras han pasado y con el otoño cojan el peso adecuado para entrar en celo, asegura que los nacimientos se llevarán a cabo en los meses primaverales, fuera de los rigores climáticos del invierno y justo en el momento de mayor explosión trófica, tanto en plantas como en aquellos animales que les aportan un extra proteico.

¿Alimentar en septiembre?

En cotos cerrados sí hay que aportar comida si hay un exceso de capacidad de carga

Estos argumentos deben servirnos para llevar a cabo una gestión adecuada. Alimentar en septiembre supondría la permanencia de aquellos individuos a punto de claudicar y que podrían ser portadores de enfermedades.

Pero lo más importante, y que peores consecuencias a corto plazo traerá a nuestra población, será que adelantaremos el celo a las hembras y éstas podrán ubicar los momentos de paridera en pleno invierno. Efectivamente, el estado corporal adecuado que una hembra puede alcanzar, por ejemplo con la bellota a finales de octubre o noviembre, podemos adelantarlo hasta dos meses con el aporte de suplementos tróficos en septiembre e incluso en meses anteriores.

Esto supone adelantar la paridera otro tiempo similar y que se lleve a término en los meses más fríos del año, como son enero o febrero. Para unos individuos incapaces de regular su temperatura corporal en las primeras horas desde su nacimiento, puede ser un auténtico debacle poblacional, y nos puede llevar a un año en el que el reclutamiento sea mínimo. Buena parte de los rayones en estas condiciones, por tanto, no podrán soportarlo y sucumbirán a los fríos invernales.


El jabalí es una de las piezas más buscadas en monterías, ganchos y batidas, sin olvidar otras modalidades como esperas y aguardos. © Antonio Mata.

Este problema se introduce en muchas fincas y es fácil detectarlo en las monterías, cuando se abaten individuos de diferentes edades, pero una proporción muy reducida de animales nacidos en la paridera anterior. Y es fácil evitar esta situación: simplemente, hay que suprimir el suplemento de comida en septiembre, lo que, además, supone un ahorro para los propietarios de cotos.

¿Hay que evitar en todo caso el aporte de comida en nuestras manchas? En términos generales, sí. Desde luego, aquellos cotos cerrados en los que pudiera haber un excedente de individuos respecto a la capacidad de carga de la finca, deberán aportar un extra alimentario, pero respetando los ciclos que establecen las propias estaciones y ritmos tróficos anuales.

También podría ser utilizada la comida aportada para el desplazamiento de los animales de unos puntos a otros de la finca. Tal es la necesidad en estos momentos, que los individuos se moverán allá donde exista alimento y si, por motivos de capturas, censos u otras circunstancias, necesitamos trasladar a los individuos, ahora es el mejor momento y con poco esfuerzo conduciremos a las poblaciones a nuestra voluntad.

Pedro Fernández-Llario (Veterinario)
Patricio Mateos-Quesada (Biólogo)
1 comentarios
08 oct. 2008 11:41
jmisidro2007
Después de leer el artículo, y compararlo con lo vivido en estos años, llego a la conclusión de que el clima es fundamental para el desarrollo de la especie y su posterior gestión cinegética, en el sentido de que en la zona del Sureste peninsular donde habito, y donde sigo al jabalí desde hace años, no es raro encontrar hembras preñadas durante todos los meses del año, o bien seguidas de rayones en pleno periodo invernal. Imagino que las cálidas condiciones del invierno mediterráneo en conjunto con los diferentes alimentos que puedan encontrar en los distintos meses del año es lo que condiciona que aquí el jabalí se reproduzca durante todo el año, sin seguir unas pautas establecidas como las que a priori, se comentan en el citado artículo.
El incremento por tanto de su población es más que notable, pasando a ocupar zonas donde hace una década no había ni un solo miembro de dicha especie, y ahora mismo sus colonias están más que establecidas.

La conclusión de mi comentario sobre el artículo es que en normas generales seguirán las pautas descritas, pero según la región donde estemos podemos encontrar unas pautas totalmente opuestas, donde los meses más duros para unos posiblemente sean los más prolíficos para otros, y por tanto las vedas aplicadas para esta especie debieran regularse en función de las circunstancias generales de cada zona en concreto, no en el conjunto de la península como se viene haciendo.

Enhorabuena por el artículo, un cordial saludo.

 

Leer más
Otros artículos de Patricio Mateos-Quesada

Examen de supervivencia
(13/07/2009)

¿Cómo censar al corzo?
(30/04/2009)

El despertar de abril
(24/04/2009)

El renuevo poblacional
(24/04/2009)

Aumentar densidades
(24/03/2009)

Más +
Top 5 artículos más leídos

10 calibres para la nueva temporada
R. González Villarroel (197628 lecturas)

Los otros calibres que no son del 12
Pedro A. Suárez (154805 lecturas)

Diez razas de perros para disfrutar de la temporada
E. B. y J. A. C. (149577 lecturas)

Antes de salir de caza: ¿su escopeta le queda bien?
Gonzalo Gómez Escudero (112273 lecturas)

Rifles para caza mayor, pero... ¿Cuánta precisión se necesita?
Pedro A. Suárez (104320 lecturas)

En el número de enero:

  • Sin «foro» unánime en asturias para declararlo especie cinegética
  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros

 

 

Preparar las manchas

Septiembre es un mes adecuado para la preparación de las manchas. Los días se van acortando y el calor comienza a disminuir. Rayas, tablillas, colocación de puestos y manejos de este tipo son los adecuados para esta época.

El mes siguiente comenzará la temporada montera y el trasteo en el campo y, sobre todo por determinados pegotes, puede vaciarlas de aquellos individuos más experimentados. Cuanto más tiempo transcurra desde la preparación de las manchas a la montería, menos capacidad tendrán de relacionar los individuos ambas actividades.

La gestión, por tanto, y en contra de lo que se lleva a cabo en numerosas fincas, no debe implicar manejo en el aporte de alimento extra. Si hubiera que hacer aportes alimentarios a otros ungulados en la unidad de gestión, se deberán hacer mediante comederos específicos que impidan el acceso del alimento a los jabalíes. Septiembre es un mes crucial para los jabalíes; para los jabalíes como especie. Caer en la sensiblería respecto a las condiciones que deben atravesar los individuos de nuestra población, no pueden sino perjudicarles en un corto o medio plazo.


Septiembre es un buen momento de cerciorarse de que manchas y puestos están listos. © Jaime Cortecero.

Conflicto de intereses

En el mes de septiembre nos encontraremos con un problema añadido a nuestra gestión sobre los jabalíes. Y este problema es económico, debido a los daños que producen los jabalíes en los maizales y en la pretemporada de la vendimia.

Es un riesgo que hay que correr debido a que nuestra gestión cambia del manejo de los suídos al manejo de los humanos; es decir, mentalizando y encauzando el modo de pensar de estos últimos hacia un mal por el que hay que pasar si lo que se pretende es crear un buen coto de jabalíes y hacerlo rentable, porque, pese a quien pese, el futuro del campo pasa por la actividad cinegética.