Reportajes

Una experiencia de caza tras los corzos

Caza en el Puerto de la Mazorra

Tres salidas tras los corzos con la temporada del celo en sus últimos coletazos. El Puerto de La Mazorra, en la provincia de Burgos, un paraje de suma belleza. Principios de agosto, en plena ola de calor, con escasísimas horas de actividad de los corzos y largos atardeceres. Un joven pero experimentado cazador y unos guías de caza de excepción. Y un disparo a 240 metros.

CdC

12/08/2018 - 4218 lecturas

«Un bonito corzo abatido tras un apasionante rececho y un complicado acercamiento»

«Comprobamos que los corzos se cuentan por parejas y que los machos están desplegando las acciones propias del celo»

«Nuestra situación elevada nos permitía controlar unas distancias que en ocasiones superaban los 600 metros»

«Las horas pasan volando y, después de dedicar un rato a descansar, estábamos de camino a aquel alto en la cima del puerto»

«Resultaría muy arriesgado acercarnos más, por lo que Kike monta el soporte y acomoda el rifle sobre él»

«El disparo rompió la calma de aquellas montañas»

Un cóctel con un resultado que no podía ser otro. Un bonito corzo abatido tras un apasionante rececho y un complicado acercamiento. Los ingredientes que cualquier cazador enamorado del rececho del corzo disfrutaría y que hemos reunido para una nueva edición de las Experiencias de Caza, promovidas conjuntamente por Excopesa y Club de Caza.

Corzo en La Mazorra

El celo llegaba con retraso

Llegamos un jueves por la tarde a la zona de caza. Allí nos esperaban los guías, profundos conocedores de los terrenos y las costumbres de los corzos que en ellos habitan, como más tarde nos demostrarían.

Estábamos en plena campaña de celo, pero los guías nos confirmaron que este año el celo estaba llegando aún a la zona debido a que la estación ha venido muy retrasada. Las lluvias se han prolongado hasta bien entrado el verano, por lo que los machos estaban comenzando a perseguir a las hembras.

Pronto comprobamos que los corzos se cuentan por parejas y que los machos están desplegando las acciones propias del celo tras las hembras «altas».

Corzo en La Mazorra

Un primer intento

La primera tarde acudimos a lo más alto del Puerto de La Mazorra, lugar de singular belleza, con largos acantilados que parecen estar cortados a cuchillo y que desembocan en el Valle de Valdivielso, conocido como «La Perla de las Merindades», donde la dehesa y los cultivos de secano salpican allá donde miramos, siempre custodiados por la inmensa atalaya vertical que componen las formaciones rocosas del paraje de los Cárcavos.

Alberto, nuestro guía, nos comenta que la zona es frecuentada por un par de parejas y que también se ha visto algún macho que está en busca de hembra. Desde el cercano cielo nos observan rapaces de gran talla, concretamente buitres leonados que tienen muy cerca sus colonias, al amparo de las rocas de estas cimas.

Corzo en La Mazorra

La vegetación es abundante, pero en menor medida a la que hemos observado a orillas del Ebro. Allí la exuberancia domina en especies como la encina, el roble, boj, enebros, acebos, madroños e incluso hayas en las zonas de más umbría.

Allí llegamos a una zona con un alto desde el que se dominaba prácticamente todo a nuestro alrededor. Cientos de metros para poner a prueba los prismáticos Blaser Primus 10x42, una parte esencial del equipo cedido por Excopesa para esta Experiencia de Caza. Con una transmisión de luz superior al 90%, una reproducción de color neutral y una imagen brillante y de alto contraste, estos prismáticos dieron la talla en unas jornadas en las que las largas distancias fueron las protagonistas.

Por algo se sitúan en la primera línea de los prismáticos Premium. Además, pudimos poner a prueba su respuesta debido a lo que estamos comentando. Nuestra situación elevada nos permitía controlar unas distancias que, dependiendo de la orografía, en ocasiones superaban los 600 metros, y las condiciones de luz tampoco facilitaban su trabajo, puesto que el calor llevaba a los corzos a no moverse hasta que el crepúsculo se nos echaba bien encima.

Corzo en La Mazorra

Un corzo joven, una pareja y un zorro atrevido

En esta primera jornada pudimos valorar un corzo que resultó joven y con mucha vida por delante, por lo que decidimos no intentar el acercamiento para dispararle. Otra pareja en la zona norte de aquellos terrenos llamó nuestra atención. La hembra salió de la espesura y pudimos disfrutar de sus movimientos durante unos minutos. De repente, los berridos del macho parecían delatar nuestra presencia, pero lo que sucedió a continuación nos reveló la verdadera razón de esas señales de alerta. Un zorro de buen tamaño se acercó y estuvo acechando un buen rato a la pareja.

A última hora, ya con el sol totalmente oculto, una hembra nos sorprendió a escasos 60 metros de nuestra postura. Esperamos sin movernos por si el macho se decidía a seguirla al claro entre las encinas en el que se había detenido la hembra, pero no fue así.

Con la luna alta y la noche oscureciendo aquellos prados nos retiramos y acordamos continuar la mañana siguiente.

Corzo en La Mazorra

Segundo intento: un paraje incomparable

Antes de que amaneciera ya estábamos camino al cazadero. Esta vez íbamos a cubrir unos 5 kilómetros a pie, todo en bajada, desde otra de las cumbres del Puerto de la Mazorra. En esta ocasión nos acompañaba Pedro, un profesional muy serio y que demostró conocer cada palmo de terreno. Con él se caza, además de a gusto, con una gran confianza.

Durante el trayecto, fuimos efectuando paradas en los puntos en los que Pedro nos iba indicando. «Aquí suele dar la cara un buen corzo», «En ese recodo suele descansar una pareja», «Aún se ve la cama del corzo junto a aquel tronco», nos decía señalando el acostadero del corzo.

Bajamos la montaña entre desfiladeros, cortados, valles, arroyos… De repente, se nos cruzó un macho joven, de trofeo mínimo. Lo tuvimos parado a unos 30 metros, pero en un segundo se perdió entre los pinos berrando ese Bahhh Bahhh corto de alerta.

Vimos una pareja en un desfiladero, pero el corzo era joven y desapareció pronto entre la multitud de troncos. El recorrido no nos trajo suerte y llegamos a la parte baja de la montaña sin poder intentar poner a tiro un buen trofeo.

Los guías nos emplazaron para cuando la tarde estuviera avanzada. El plan pasa por regresar al lugar del primer intento. Nuestros anfitriones tienen puestas muchas esperanzas en aquel paraje. Dedicamos lo que restaba de mañana a otro lujo que nos brinda esta zona: la pesca de la trucha a mosca.

Corzo en La Mazorra

De nuevo, al alto de la cima del puerto

Las horas pasan volando y, después de dedicar un rato a descansar, estábamos de camino a aquel alto en la cima del puerto. Alberto nos acompaña de nuevo. Nos vuelve a advertir de las zonas más calientes que ha comprobado en las últimas semanas y nos apostamos de cara a una de ellas.

El sol pronto comienza a ocultarse tras una de las cimas del puerto, dominadas por enormes molinos de viento. Es precisamente en aquella zona, al oeste de nuestra posición, donde algo llama la atención de Alberto. Nos sorprende gratamente la capacidad de localizar animales de este guía. Con el sol empañando la visión y a más de 500 metros de distancia ha localizado una hembra. Está levantada comiendo, pero el macho que la acompaña se deja ver unos segundos para, acto seguido, echarse a la sombra, por lo que no podemos valorarlo.

Corzo en La Mazorra

Un corzo lejano

Pasan los minutos y el corzo sigue descansando pero, ante la primera oportunidad, el cazador, Kike Roy, tiene el tiempo suficiente para valorarlo y nos dice que el corzo parece cumplidor y bastante bonito.

Dicho esto, Alberto no lo duda y nos pone en marcha. Hay que reducir esos más de 500 metros hasta una distancia asumible que garantice un disparo certero. Anteriormente, Kike nos ha hablado de que las largas distancias, a pesar de su juventud, no suponen un hándicap para él, pues está acostumbrado a disparar a más de 400 metros, y nos enseña una foto de un buen jabalí cazado a esa distancia en montería.

Sabiendo esto y teniendo en cuenta que los corzos se encuentran en una posición elevada con respecto a lo que les rodea, comenzamos el acercamiento. Vamos ocultando nuestro progreso con los árboles y arbustos que encontramos a nuestro paso. A medida que nos acercamos, las paradas para echar mano de los prismáticos son más numerosas. Hasta que, a una distancia de 240 metros, vemos al corzo saliendo desde detrás de un chaparro.

Corzo en La Mazorra

Disparo certero

Resultaría muy arriesgado acercarnos más, por lo que Kike monta el soporte y acomoda el rifle sobre él. En esta ocasión, Excopesa nos ha cedido un Blaser R8 Professional Success en calibre .30-06. Como munición, las Norma Tip Strike de 170 gr. El cargador extraíble con seguro de bloqueo aporta mucha seguridad. Además, el hecho de que se haya diseñado la colocación del cargador sobre el gatillo convierte al R8 en el rifle más compacto y manejable de todos los de cerrojo que cuentan con la misma longitud del cañón.

Corzo en La Mazorra

El cazador acomoda su cara y sus manos. La culata anatómica Thumbhole facilita sobremanera esta acción. Su ojo derecho ya está observando a través del visor. Se trata del Blaser Infinity 2,8-20x50iC. Nuestros guías no lo conocían y han quedado gratamente sorprendidos con este visor. Pedro destacó su aspecto compacto y robusto: «Tiene que aguantar lo que hagas con él», dijo. Alberto no pudo resistirse a probarlo, ensalzando la posición de las retículas, en primer plano de la imagen, lo que consigue un enfoque ideal y muy claro, aun forzando los aumentos y en las condiciones en las que cazamos, con una luz muy escasa.

Tanto los guías como el cazador quedaron encantados con lo intuitivo que resultaba su manejo para adecuar los elementos de puntería a las distancias, así como con el sistema de iluminación iC, que se activaba cada vez que se quitaba el seguro del rifle.

El conjunto del equipo ofreció garantías sobradas para que el cazador acometiera un disparo a contraluz y a 240 metros de distancia.

El disparo rompió la calma de aquellas montañas. Resonó unos instantes y le siguió un breve silencio, invadido por la felicitación de nuestro guía ante lo bien colocado que resultó el impacto de la bala. El corzo murió casi al instante.

Corzo en La Mazorra

Con las últimas luces de lo que quedaba de día tuvimos suficiente para acercarnos al corzo abatido y contemplar su bonito y armónico trofeo. Allí hicimos las fotos de rigor, el cazador pudo darnos sus impresiones sobre las jornadas de caza y mostrar su satisfacción sobre el equipo que había utilizado, destacando la calidad y la fiabilidad que le ha ofrecido durante todo el rececho, sobre todo en el momento más delicado, en un disparo complicado con un resultado inmejorable.

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