Reportajes

Recarga de cartuchería II

Preparación de la vaina

Salvo que sean nuevas, antes de cebar las vainas hay que recalibrarlas, recortarlas después para rectificar su longitud y luego limpiarlas. En este segundo capítulo de ‘Recarga de cartuchería’ conoceremos cómo se realizan todas estas operaciones y los útiles que se emplean.

Juan Francisco París

Fotos: Autor

15/12/2020

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«Si no se hubieran inventado las vainas aún seguiríamos utilizando armas de avancarga»

«Para que un lote de cartuchos sea preciso cada proyectil tiene que desarrollar la misma velocidad»

«Las vainas más adecuadas para recargar son las de latón»

«Podemos utilizar vainas usadas, a ser posible de marcas de cartuchos acreditadas»

«Es preciso lubricar la vaina antes de recalibrarla»

«Cada cartucho usa vainas que tienen que tener una longitud máxima determinada»

Quizás porque se suelen tirar o porque las ven como un mero soporte que alberga a los demás componentes del cartucho, muy pocos usuarios son conscientes del papel tan crucial que ha desempeñado la vaina en la evolución de las armas de fuego. Tan importante que si no se hubieran inventado aún seguiríamos utilizando armas de avancarga porque no se habrían podido fabricar modelos de retrocarga efectivos, ni mucho menos tan potentes como los que se utilizan actualmente.


Antes de cebar las vainas hay que limpiar el interior del cuello, engrasarlas, recalibrarlas-desempistonarlas, cortarlas a la medida, ‘desbarbarlas’ y limpiar el alojamiento del pistón. Estas operaciones se realizan con los accesorios que aparecen en la foto en la que además se aprecia una bandeja para vainas

Esto se debe a que cuando se produce el disparo, la vaina se dilata e impide que se produzcan fugas de gases de combustión por el cierre. Es decir, dicho de otro modo, logra que los gases que genera la combustión de la pólvora se aprovechen íntegramente para impulsar el proyectil, lo que no se ha podido conseguir nunca utilizando municiones sin vaina desde que se inventaron las armas de fuego hasta ahora, pese a que se ha intentado a lo largo de la historia en numerosas ocasiones e incluso se han llegado a fabricar armas militares y a comercializar sin éxito modelos deportivos que las disparan.

El ejemplo de rifle de caza más reciente que conozco es el de cerrojo Voere VEC-91, calibre 5,7x 26 UCC, que se presentó en IWA-91 en medio de una gran expectación y llegó a producirse hasta el año 2000. Disparaba cartuchos que tenía una carga de pólvora sólida situada detrás y alrededor del proyectil y un pistón eléctrico.


Hasta la fecha, no se han podido fabricar rifles potentes que disparen cartuchos sin vaina. El último intento lo protagonizó Voere con el rifle de caza Vec-91 y la cartuchería 5,7x26 UCC sin vaina que aparece en la foto. Estuvo en producción hasta el año 2000

Es muy posible, por supuesto, que en un futuro la tecnología permita fabricar y comercializar armas de retrocarga que disparen cartuchos sin vaina —y si eso pasa no sé qué vamos a hacer los que recargamos— pero de momento las municiones que usamos la tienen y los que recargamos debemos conocer no solo el papel que desempeña y cómo manipularla correctamente, sino también que para poder fabricarnos un lote de cartuchería de buena calidad es preciso que se ajuste a los siguientes 3 puntos:

1. Que esté cargado con pistones de la misma marca y lote de fabricación para que enciendan la pólvora del mismo modo.

2. Que las vainas sean de la misma marca y contengan cargas idénticas en peso de pólvora de la misma marca, lote y tipo.

3. Que los proyectiles pesen lo mismo, sean del mismo tipo, marca y lote y estén engarzados con la misma presión y a la misma longitud.

¿Por qué? Pues básicamente, porque para que un lote de cartuchos sea preciso cada proyectil tiene que desarrollar la misma velocidad, ya que en caso contrario cambia el punto de impacto. Y como la velocidad del proyectil depende de la generación de gases y de la presión que estos generan al arder la pólvora, porque son los que empujan el proyectil hacia delante, ocurre que cualquier factor que modifique la combustión de la pólvora modifica la generación de gases y como consecuencia la presión en recámara y también la velocidad inicial.


Si las vainas tienen culotes diferentes, es necesario utilizar shell holder distintos

Vainas a utilizar

Aunque se fabrican vainas hechas con diversos materiales, las más adecuadas para recargarlas son las de latón, que por otro lado son las que más utilizan los fabricantes de munición comercial y, por supuesto, todas las empresas que fabrican vainas para recarga, por lo que no tendremos problemas para conseguirlas. Esto se debe a que el latón que se emplea para fabricar vainas, que es una aleación de cobre al 70% y de cinc al 30%, aproximadamente —la composición varía ligeramente dependiendo de cada fabricante—, es un material idóneo para manipularlo al recargar porque es elástico y maleable.

Podemos utilizar vainas nuevas, pues muchos fabricantes de municiones las ofrecen como componentes de recarga (Federal, Sellier & Bellot, Hornady, Lapua, Norma, etc.), que ya vienen preparadas para empistonarlas, que es lo que os recomiendo que hagáis: que os compréis una o dos bolsas o cajas de vainas nuevas para empezar. Y también que no ahorréis porque normalmente las caras tienen mayor calidad y soportan un número mayor de recargas, sus dimensiones y volumen son más regulares y son más seguras.


El mismo shell holder se puede utilizar solo en las vainas que tienen culote con las mismas medidas. Por ejemplo, las del .308 Win.; 6.5 Creedmoor; 8x57 y 9,3x62 que aparecen en la foto se recargan con el mismo amarra-vainas, así como el .30-06; el .270 Win., etc.

Pero también podemos utilizar vainas usadas, es decir, disparadas, a ser posible, de marcas de cartuchos acreditadas. Y en este caso es conviene saber cuántas veces han sido disparadas, además de revisarlas muy bien para ver si están deterioradas o presentan signos de fatiga que, para una persona que comienza a recargar, pueden ser fáciles de detectar si son defectos visibles —grietas en la boca, cuello o el cuerpo— o no, que es una de las razones por la que no recomiendo que las usen las personas que no tienen experiencia.

En cualquier caso, lo mejor es utilizar vainas disparadas una solo vez por nosotros e ir contando las veces que las recargamos para saber en todo momento cuántas recargas tienen. Además, todas tienen que ser de la misma marca y lote de fabricación para asegurarnos que tengan la misma capacidad (volumen). Efectivamente, si las vainas no proceden del mismo lote de cartuchos comerciales —o bien son de marcas distintas— no tendrán el mismo volumen interno y la combustión de la pólvora no se producirá igual en todas y la presión y velocidad no serán regulares. Como consecuencia, no conseguiremos buenas agrupaciones e incluso en algunos disparos realizados con las vainas que tienen menos volumen interno se pueden llegar a alcanzar presiones peligrosas. Depende de la carga que estemos haciendo; si es suave para tiro, no lograremos agrupar, pero no pasa nada más; pero si estamos fabricando cartuchos con cargas máximas, por ejemplo, para cazar, que ya de por sí generan una presión muy alta, utilizar por error o desconocimiento una vaina con menor volumen que las del resto equivale a que se produzca una sobrepresión que, con suerte, no irá más allá de un susto y, con mala suerte, originará que se rompa el arma o se produzca un accidente.


Aunque no es imprescindible, una bandeja para vainas permite ordenarlas, clasificarlas y trabajar con mayor comodidad. La de la foto, marca RCBS, se puede utilizar por sus dos caras con todo tipo de vainas, magnum, estándar, con reborde, etc.

Y como sucede que incluso las vainas de un mismo fabricante pueden tener capacidades diferentes si los cartuchos son de lotes distintos, no es buena idea utilizar vainas de procedencia desconocida, aunque sean de la misma marca que las que estamos utilizando, sin comprobar antes su capacidad, lo que se puede hacer indirectamente pesándolas. Volveremos a insistir más adelante en este tema en el capítulo que dedicaremos a la carga de pólvora.


Antes de recalibrar es imprescindible lubricar las vainas en una almohadilla de engrase para que no se gripen en el recalibrador

Limpieza y engrase

Tras seleccionar las vainas que hemos decidido utilizar, tengan gollete o no —es decir, tengan forma abotellada o bien cilíndrica o cónica—, lo primero que hay que hacer es limpiarlas por encima si consideramos que están sucias y, sobre todo el interior del cuello, con el fin de facilitar su recalibrado.

Luego se engrasan utilizando un lubricante para vainas, ya que si no se lubrican se atascan en el die de recalibrado y no es posible extraerlas haciendo fuerza con la palanca, hasta tal punto que si lo intentamos lo único que se conseguiremos es deformar o incluso arrancar el culote de la vaina, por lo que queda inservible el die y hay que tirarlo.

Es preciso, por tanto, lubricar la vaina antes de recalibrarla y la forma de hacerlo es extendiendo primero un poco de lubricante por la superficie de la almohadilla de engrase, luego se colocan tumbadas sobre la almohadilla 4 o 5 vainas y, con la palma de la mano, hacemos que giren sobre la almohadilla para que se lubrique toda su superficie.

Esta operación parece fácil, pero no lo es porque la vaina se tiene que lubricar lo justo para que no se gripe, ya que si se engrasa más de lo necesario el exceso de lubricante, al someterlo a una gran presión durante el recalibrado, deforma el cuello. Literalmente, hunde la pared del cuello de la vaina.

¿Qué hacer entonces? Pues hay que aprender a lubricar, a calcular la cantidad de lubricante que necesita cada vaina y eso se termina aprendiendo con la práctica, seguramente después de haber deformado más de una vaina y, por supuesto, después de haber gripado más de un die. Lo bueno es que, si pasa esto último, hoy día, a diferencia de hace unos años, se comercializan útiles especiales para desatacar la vaina.


A continuación de la aguja desempistonadora se aprecia el expansor. Si la vaina tiene gollete, el recalibrado, desempistonado y la expansión del cuello se puede realizar con un solo die porque el cuello tiene un diámetro inferior al de la vaina

Recalibrado de vainas con gollete

A continuación, se prepara la prensa colocándole el shell holder o amarra-vainas en su alojamiento y el die o matriz de recalibrado que, si es la primera vez que lo usamos, tendremos que regularlo. Lo que no es difícil: se baja la palanca totalmente y se rosca el die en la prensa hasta que toque con el amarra-vainas y, por último, el die se fija en esta posición con su contratuerca que impide que lo podamos enroscar más en la máquina, por lo que siempre que recalibremos no tendremos que regularlo más veces.

Acto seguido ya podemos comenzar a recalibrar, para lo cual solo hay que ir poniendo las vainas engrasadas en el amarra-vainas e ir introduciéndolas en el die una a una.

El que realiza la operación de recalibrado de las vainas con gollete, posee también una aguja y ésta a su vez una pieza que se denomina expansor y que sirve para dilatar un poco los labios del cuello, con el fin de facilitar la entrada del proyectil cuando, posteriormente, lo engarcemos. Por tanto, el díe realiza tres operaciones diferentes: recalibra, desempistona y expande ligeramente el cuello.


Si la vaina es cilíndrica, se necesitan dos dies para expandir la boca de la vaina. RCBS, entre otros fabricantes, utiliza uno para recalibrar y desempistonar, que es el die que está tumbado, y otro para expandir el cuello, que es el que está en pie y con el expansor desmontado

Recalibrado de vanas cilíndricas

Sin embargo, si la vaina es cilíndrica o ligeramente cónica, la matriz que recalibra no puede utilizarse con una aguja que tenga expansor porque al introducirse en el interior de la vaina para dilatarlo se quedaría gripado. Por esta razón, para expandir la boca de este tipo de vainas sin cuello, se han ideado dos soluciones —que yo conozca y que uso—, aunque no me extrañaría que hubiera más, pues para recarga se han fabricado y fabrican numerosos accesorios diferentes que hacen la misma operación —recalibrar, empistonar, recortar, etc.—.

– Una solución es eliminar el expansor de la aguja de desempistonado y colocarlo en otra matriz. De modo que se trabaja con tres dies: con el primero se recalibra y se desempistona; con el segundo se expande la boca y con el tercero se engarza el proyectil. Este es el método que utiliza RCBS, al menos actualmente, así como muchas otras marcas.

– Y la segunda, menos frecuente, es utilizar una matriz para recalibrar, otra, provista de aguja con expansor, para desempistonar y expandir la boca de la vaina, y una tercera para engarzar el proyectil.

Cabe añadir que el expansor hay que regularlo en altura desenroscando o atornillado su eje o situando el die a la altura adecuada, dependiendo del tipo de matriz, para que el abocardado sea el mínimo posible para conseguir que las balas se puedan engarzar sin que se deforme la vaina. Efectivamente, si no expandimos el cuello o la expansión es insuficiente, al cargar el proyectil, sobre todo si su base es plana —como es la de prácticamente todas las balas que disparan cartuchos que tiene vaina cilíndrica— lo único que se logra es aplastar la boca de vaina. Y en caso contrario, si el abocardado es excesivo­, solo se consigue debilitarla, por lo que terminará rajándose. Es fácil solo hay que hacer pruebas hasta conseguir que el cuello expanda lo suficiente y fijar el expansor.


Para abocardar la boca de las vainas cilíndricas o cónicas, algunos fabricantes utilizan un die que solo recalibra —el de la izquierda—, y otro que posee la aguja desempistonadora y el expansor. No se gripa porque este segundo die esta sobredimensionado, de modo que la vaina al expandirse no toca en las paredes del die

Rectificado de la vaina

Cada cartucho usa vainas que tienen que tener una longitud máxima determinada porque si son más largas que la recámara, generan sobrepresiones que pueden llegar a ser muy fuertes y peligrosas. Y sucede que cuando se recalibran se estiran y aumentan de longitud, por lo que una vez recalibradas hay que limpiarlas, comprobar lo que miden con un calibre y luego, con un trimmer, cortarlas a la longitud adecuada si son más largas de lo que deben ser.

¿A qué longitud? En los manuales de recarga se indica cuál es la longitud máxima que pueden medir las vainas de los cartuchos, pero yo os recomiendo que reguléis el trimmer para que las corte a la longitud que tienen las vainas nuevas y que es ligeramente inferior a la máxima. Así, aunque la longitud máxima admisible de las vainas del .308 Win. es de 51,18 mm, las vainas nuevas —de fábrica— de este cartucho solo miden 50,9 mm, por lo que se deben cortar a esta longitud. Es más seguro y práctico porque nos aseguramos de que la vaina no sobrepase su longitud máxima e incluso podremos volverla a recargar una vez más sin tener que recortarla, no sin antes comprobar siempre lo que mide después de recalibrarla.


Si recargamos muchos calibres, lo mejor es utilizar un trimmer universal, como el RCBS Trim Pro-2 que aparece en las fotos. Puede recortar vainas de todas las longitudes y con cualquier tipo de culote

No vamos a describir cómo se regula un trimmer, entre otros motivos porque hay muchos tipos, incluso de un mismo fabricante. Por ejemplo, RCBS comercializa, entre otros, el modelo de mesa Trim Pro-2, que se pueden usar para cortar las vainas de cualquier cartucho, y también trimmer de prensa que solo sirven para uno. Estos últimos consisten en un die en el que se introduce la vaina recalibrada, cuyo cuello, que sobresale por su parte superior, se recorta con la ayuda de una lima. Rústico, pero efectivo y útil, sobretodo si solo recargamos uno o pocos calibres, porque no tendremos que regular el trimmer de mesa cada vez que cambiemos de cartucho.


Existen trimmer de prensa que solo sirven para un calibre. Los hay de varios tipos; el de la foto es un RCBS en cuyo interior, que tiene forma de recámara, se introduce una vaina recalibrada con la ayuda de la prensa. Y si la vaina es más larga de lo que debe, sobresale por la parte superior del die y se ‘recorta’ con una lima

Después de recortar las vainas quedan rebabas de latón que tenemos que eliminar del exterior y del interior del cuello, usando un chafraneador que se utiliza haciéndolo girar sobre el exterior e interior de la boca de la vaina. Y, a continuación, limpiar el alojamiento del pistón de los restos que se originan cuando detona para que cuando cebemos los pistones entren con suavidad, con la misma presión y se sitúen correctamente en su asentamiento.

El próximo capítulo tratará sobre el empistonado y los tipos de pistones que se utilizan en los distintos cartuchos.

 

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