Reportajes

Su mujer se ha convertido en sus piernas y sus manos para poder seguir cazando

Juan Díaz Herrera, de 58 años, natural del Puerto de Santa María en la provincia de Cádiz que, a pesar de las limitaciones que le produjo un accidente laboral hace ya 8 años, no ha perdido la pasión y la afición por la caza.

CdC

26/02/2020

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«Hace ocho años sufrió un fatal accidente que cambió su vida para siempre»

«La caza para él se limita ahora a ir a tirar zorzales o palomas a puesto fijo»

«Carmen, esposa de Juan, antes no era aficionada a la caza»

Juan, peón de alcantarillado, trabajaba en un camión de desatascos, pero hace ocho años sufrió un fatal accidente que cambió su vida para siempre.

Una de las gomas de desatasco salió disparada por la presión del agua y le golpeó violentamente en una de sus rodillas, quedando destrozada.

Debe llevar muletas

Ha estado ocho años luchando contra la lesión, le han realizado varias operaciones, implantándole varias prótesis en ambas rodillas, ya que la sana, debido a cargar todo el peso del cuerpo sobre ella, también quedó maltrecha.

Un cúmulo de infortunios que le han condenado a vivir con unas muletas y a tener una vida muy limitada.

Cazador al salto con perros de muestra en campiñas y arados

Juan era un gran aficionado a la caza al salto de la brava perdiz de las campiñas gaditanas junto a su braco en jornadas interminables entre surcos y terrones. Pero, por desgracia, la caza para él se limita ahora a ir a tirar zorzales o palomas a puesto fijo.

Siempre contando con la ayuda de su familia o sus compañeros, que le tienen un puesto habilitado para él y le ayudan a cobrar las piezas abatidas.

Carmen Moreno, una mujer de bandera

Carmen, esposa de Juan, antes no era aficionada a la caza. Ahora se ha convertido en los pies y las manos de su amado, además de en su fiel compañera en la vida y en los lances de caza.

Le lleva en su coche al puesto y no se separa de él mientras duren las jornadas de caza. El amor puede con todo.

Una entrevista con emociones a flor de piel

Tras entrevistar personalmente a Juan, se nos rompía el alma al ver caer por su rostro lágrimas mientras nos narraba lo sufrido por él y su familia. Gente valiente como Juan, con pasión y una afición inquebrantable, hacen falta en los tiempos que corremos en el mundo cinegético.