Reportajes

Un buen guía de caza, el complemento perfecto para garantizar el éxito

Está claro que lo más importante en la caza es saber entenderla, disfrutarla y vivirla plenamente, lo que dará siempre un resultado positivo y constructivo para cualquiera que se denomine cazador.

CdC

18/05/2016

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«Jean-Luc Planes es uno de estos profesionales que agrandan la figura de un buen guía de caza»

«Philippe envió un proyectil del .270 WSM que impactó de lleno en el cuerpo del viejo macho, consiguiendo, de una forma sorprendente, el objetivo marcado para este viaje»

«Volvieron a tomar distancia y, asombrados, comprobaron que se hallaba a 551 metros»

Estas premisas tienen como fin común conseguir su objetivo y hacerse con el trofeo preciado con el que todos soñamos, y para ello intentamos emplear el mejor equipo que esté a nuestro alcance.

En algunas modalidades, y para ciertas especies, este equipo tiene que contar con unas garantías excepcionales, que estén a la altura del propio animal a cazar y el entorno en que se desarrolla. Un disparo a larga distancia, un lance al final de crepúsculo, y simplemente varias jornadas aguantando las inclemencias del tiempo, son claves a la hora de conseguir nuestro preciado trofeo, y sin el material y los complementos óptimos, el fracaso está asegurado.

Pero a todo ello debemos sumar una pieza clave en todo este entramado, y que muchas veces no valoramos y pasamos por alto. Se trata de un buen guía de caza. Aquel que nos lleva “de la mano” y en el que, queramos o no, debemos confiar plenamente para que nos conduzca al éxito final.

Cuando salimos fuera de nuestro entorno —cazaderos habituales o coto—, él se convierte en nuestros pies y nuestras manos, y cual conocedor del terreno y los hábitos de sus pobladores cinegéticos, nos situará delante de ellos para satisfacer nuestra necesidad cazadora.

Jean-Luc Planes es uno de estos profesionales que agrandan la figura de un buen guía de caza, y no sólo por su profesionalidad en cuanto a artes venatorias, sino también por su cercanía, amabilidad, y amistad con la que trata a todos sus clientes. Es tal el grado de confianza que inspira a su cliente-cazador-amigo, que le invita a realizar proezas que uno mismo jamás imaginaba podría realizar.

Esto sólo se consigue con la seguridad y tranquilidad que trasmite, pues nunca se apresura a jugar un lance, o a realizar un disparo sin que el cazador esté plenamente preparado y convencido.

Buena cuenta de ello puede dar nuestro amigo Philippe Walch, quien es sus cientos de cacerías por todo el mundo jamás dio con alguien de la entidad y profesionalidad de Jean-Luc Planes.

En su última visita al Pirineo, y ya lleva unas cuantas, en donde este joven guía francés tiene su residencia, Philippe logró hacer los disparos más increíbles que hasta el momento había hecho, y todo gracias a la ayuda y motivación que Jean-Luc le transmite.

Tras varios días cazando isards por las escarpadas faldas pirenaicas, en donde la climatología no acompañaba, el guía observó a gran distancia un grupo de rebecos en el que destacaba un buen ejemplar. Con la imposibilidad de un acercamiento, dispuso todo lo necesario para acomodar a Philippe, y tras medir la distancia, 420 metros, y ajustar la torreta del Zeiss V8 2,8-20x56 que el cazador llevaba montado en su Blaser R8 Professional Success, le invitó a probar suerte, alentándole a lograr el objetivo.

Philippe envió un proyectil del .270 WSM que impactó de lleno en el cuerpo del viejo macho, consiguiendo, de una forma sorprendente, el objetivo marcado para este viaje por el país vecino.

Pero no quedó aquí la cosa, pues al día siguiente, en la última salida de caza, se repitió una situación parecida, pero que entrañaba más dificultad.

Un gran barranco separaba a cazador y guía de un bonito y solitario ejemplar de isard que pastaba tranquilamente al borde de las peñas, a más de medio kilómetro de distancia.

Jean-Luc, como el día anterior, buscó el lugar más adecuado para instalar el Blaser de Philippe. Colocó cuidadosamente el arma, posicionó a la altura adecuada el bípode de carbono que lleva instalado, y tomó la medición exacta para ajustar correctamente el anillo de la torreta del Zeiss V8.

Philippe no se imaginaba que le instaría a disparar, pues su medición anterior le dada una distancia de 546 metros, algo impensable para él. El guía le instó a tumbarse y mirar por el visor, mientras él subía de aumentos progresivamente sin que el cazador perdiese la referencia de la pieza. Llegó un momento en que Jean-Luc le preguntó si veía bien la pieza, pues con el visor a 18x aumentos podría ser más que suficiente para fijar bien la cruz en el pequeño cuerpo del animal.

Philippe comentó que sí veía perfectamente el rebeco, pero que no dispararía, pues nunca había efectuado disparo alguno a esas distancias. Jean-Luc, conocedor de las capacidades del cazador, y del equipo que usa, le dijo: «inténtalo, ya nos vamos para casa; lo lograrás».

Reposado, tranquilo y confiando en la voluntad del guía, el amigo Philippe esperó a que se detuviera el animal, que había dado unos pasos hacia arriba, y que se pusiera perpendicular a su posición. Pasados unos segundos, y con el rebeco atravesado, tocó ligeramente el disparador del Blaser para dar rienda suelta a la energía que lleva encapsulada la pequeña Norma del .270 WSM.

El animal encajó el disparo y se desplomó sobre su propia huella, con un tiro certero de columna. La alegría y la incredulidad del cazador rebosaban por partes iguales, pues jamás pensó en lograr hacer un disparo a tal distancia y con un efecto letal como este.

Volvieron a tomar distancia, para verificar la posición del animal después de su pequeño desplazamiento antes del disparo, y asombrados comprobaron que se hallaba a 551 metros.

Un lance para nada habitual y que sin la ayuda de un equipo de garantías, capaz de tener la precisión tanto en disparo como la capacidad óptica de corrección y exactitud para salvar estas enormes distancias, quedaría en un simple tiro de fortuna y sin garantías. A esto hay que añadir la colaboración del guía, que con su decisión y apoyo tranquilizó y animó al cazador en confiar en sus posibilidades y lograr semejante hazaña.

 

Catalhunt, la caza en el Pirineo

Jean-Luc Planes vive en la localidad francesa de Saillagouse, en las inmediaciones de los Pirineos Orientales, y regenta, junto a su mujer Christine, la empresa de caza Catalhunt.

Catalhunt nace de una pasión: la de Jean-Luc, un cazador fascinado por sus montañas y la vida silvestre que en ella habita. Con casi más de 30 años dedicados a la caza, decidió compartir su pasión. Por ello se convirtió en una guía de caza, dando ahora acceso a territorios fabulosos en el área de pirineo francés, en donde se pueden cazar ciervos, corzos, muflones, pero en el que destacan los rebecos, tanto por su calidad, como cantidad.

 

Catalhunt
Jean-Luc Planes
Telf. 06 09 09 35 04
E-mail. jlplanes@yahoo.fr