Relatos

 

Argentina es un grande y bello país, para vivirlo, disfrutarlo, recorrerlo y cazarlo en el más estricto sentido de la palabra.

Atravesar a nuestro país de Norte a Sur o de Este a Oeste es presenciar un gigantesco rosario de muy diferentes geografías, con bellezas escénicas que van a llenar el alma y el espíritu de cualquier turista, aventurero, viajero o cazador.

Desde el montoso e impenetrable Norte, con su Chaco, pasando por los grandes secanos de Santiago del Estero, las grandes montañas de Mendoza con sus nieves eternas y continuando con nuestra bellísima Patagonia Argentina, tierra de leyendas indias, de entreveros entre Ranqueles, Mapuches, gauchos y soldados, duras historias…

Argentina, un país con grandes y caudalosos ríos, con infinidad de hermosos arroyos que bajan de sus montañas, con grandísimas extensiones de terrenos dedicados a la agricultura y a la ganadería, con extensos desiertos, con legendarios bosques como los Andino-Patagónicos, con sus milenarios Coihues, Lengas, Ñires impenetrables, llegando hasta tocar a los glaciares de sus cumbres andinas.

Bellísimos lagos, rodeados de bosque de pinos, donde es posible pescar hermosas y salvajes truchas Arco Iris, Fontinalis y Marrones, son un solaz para nuestro espíritu.

Todos esos diferentes lugares albergan una gran variedad de fauna, con representantes importantes como el Jaguar o Yaguareté en el Norte, las Llamas y Vicuñas y en el Noroeste, las grandísimas tropas de Guanacos en Los Andes centrales, como se pueden apreciar en la bellísima Payunia, zona de origen volcánico, en la provincia de Mendoza, declarada Patrimonio de la Humanidad, el Puma presente absolutamente en todos y cada uno de los ambientes, su gran adaptabilidad le permite vivir en los áridos y ardientes desiertos, como en las nieves eternas de la cordillera, como en zonas de sembradíos, humedales y grandes selvas como las de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, la Mesopotamia Argentina.

Entre otros representantes de la fauna del Norte, tenemos al Anta o Tapir, el mayor mamífero de la Argentina, los Pecaríes, las Corzuelas, los Carpinchos o Capibara, entre muchos otros.

Bajando hacia el Sur encontramos en casi todos los ambientes recostados sobre la cordillera al Guanaco y en la Patagonia propiamente dicha, lo encontramos en la meseta, este es otro ejemplo de la gran adaptabilidad al medio, el guanaco con sus grandes patas no es precisamente un animal de montaña, como lo es una cabra, sin embargo, por diferentes circunstancias su vida, se adaptó tanto a las grandes alturas como a vivir en la meseta arbustiva.

Y luego los introducidos, me refiero a los Jabalíes, Ciervos Rojos o Colorados, Ciervos axis, Ciervos Dama-Dama y los Antílopes Negros, Búfalos Asiáticos o de Agua, introducidos por pioneros y emprendedores con una visión amplia de futuro, criticada por algunos y defendida por muchos, de manera que esas especies cundieron en nuestras diversas geografías, adaptándose perfectamente bien al medio, tanto es así, que tenemos ejemplares de Ciervos Rojos que son de una pureza de raza inmejorable y son solicitados desde varios lugares del mundo para implantar su sangre y descendencia, tal como lo podemos ver con ejemplares de nuestra querida provincia de La Pampa, donde anualmente se obtienen trofeos que figuran en los primeros puestos del ranking mundial.

También especialmente en nuestro norte argentino, encontramos a los Búfalos Asiáticos o de Agua (Bubalus bubalis), que fueron introducidos en nuestro país a principios del siglo XX, con la intensión de cruzarlos con el ganado bovino, introduciendo especialmente tres razas, Mediterránea, Murrah y Jafarabadi, no teniendo en cuenta la diferencia cromosómica de unos y otros, el bovino tiene 60 cromosomas, mientras que el Búfalo tiene 50. Abandonándose el proyecto en esa época, muchos de estos Búfalos quedaron a la deriva, y fueron poblando muchos campos donde es posible cazarlos en nuestros días. Años más tarde se vuelve con el proyecto de la cría del Búfalo de Agua para leche, carne y derivados, y en la actualidad se estima en más de 80.000 cabezas de Búfalos en el país, especialmente en las provincias de Formosa y Corrientes, pero también están presentes en provincias como Santa Fe, Córdoba, San Luis, La Pampa, Río Negro y Mendoza.

En Argentina, en la actualidad, la caza está regulada por leyes y normas de cada provincia que conforman el país, y hay animales que están protegidos y declarados intangibles, como es el caso del Jaguar en el Norte o las Vicuñas, el Ñandú en la zona central, la liebre Mara o Patagónica.

En el caso del Puma o de los Guanacos hay diferentes legislaciones en las diferentes provincias, algunas permiten su caza y otras no. En la Patagonia la cantidad de Pumas es muy alta y los daños provocados por estos felinos van en considerable aumento, tan es así, que algunas provincias permiten la caza del Puma, para minimizar, aunque sea en parte los daños mencionados, aunque estoy seguro que por algunos Pumas que sean cazados no van a disminuir los efectos de estos magníficos depredadores, que tienen a maltraer a las familias de los pobres crianceros de la estepa patagónica. Recuerdo un paisano que me comentaba muy apesadumbrado… «Yo crío la mitad para mí y la mitad para el Puma……». Y continuaba diciendo… «entre los Pumas, los Zorros, los Buitres y los Guanacos que se comen todo el pasto… mis cabras van desapareciendo lentamente, y nadie nos ayuda…».

Soy un convencido de que con solo prohibir no se soluciona nada, como es el caso de algunas provincias que directamente prohíben todo tipo de cacería, dejando de lado una buena herramienta que podría llegar a colaborar en el creciente número de alguna especie, o con hacer más armónico lo que los naturalistas llaman al nicho ecológico, pues cuando hay un descontrol en el crecimiento de una especie, juega en detrimento del crecimiento de otras, y lo vemos muy a menudo por ejemplo cuando en una zona crece el número de Zorros desaparecen de inmediato la presencia de Perdices y Martinetas.

Cuando en una determinada zona se prohíbe toda la cacería, se evita que las compañías de safaris o los propios dueños de los cotos o emprendimientos privados, protejan a la fauna, y la misma queda en las manos desaprensivas de los furtivos, como lo podemos ver en varios países de África, verdaderas asociaciones ilícitas de furtivos en connivencia con policías locales y funcionarios de gobiernos corruptos, han permitido que se arrasen a los elefantes por su marfil, a los rinocerontes por el valor estúpido que le dan en algunos lugares del mundo pensando que tiene poderes afrodisíacos, total que está quedando Tierra arrasada

Dándole valor a las especies cinegéticas es la mejor manera de cuidar y acrecentar nuestra fauna, y pongo como ejemplo el caso de Sudáfrica, donde las diferentes especies tienen un alto valor cinegético, es decir, para cazarlas se deben pagar numerosos y caros permisos, tasas de abates, pago de profesionales, pago de alojamientos y de transportes y un largo etcétera, de manera que quien posea especies de caza en sus terrenos las cuida celosamente y evita la entrada de los furtivos.

En el caso de Sudáfrica, a pesar de que no comparto la caza de gallinero y es bueno que lo aclare, pues tener encerrado a un león y en un momento determinado, largarlo para que un valiente cazador lo fusile, no forma parte de mis códigos ni de mi ética, pero… reconozco que se han multiplicado especies como Rinocerontes, Leones y Elefantes, además de haber creado una inmensa fuente de trabajo para muchas gentes, como es el caso de Trackers, Skiners, P.H. (Profesional Hunter), los servicios de transporte, de alojamientos, etc. etc., obteniendo por resultados un crecimiento de la fauna y crecimiento del empleo para miles de personas. ¿Por qué no copiar buenos ejemplos?

Esto es un claro ejemplo de que «La caza crea vida», aunque los detractores nunca lo van a reconocer, pues se les terminaría el curro, y hasta ahora solamente he visto y escuchado quejas de parte del anti-caza, pero de poner un peso para cuidar, nada.

En todos mis relatos, notas, análisis, siempre he pretendido volcar los recuerdos más significativos de mi vida de cazador, los que más me marcaron, los que siempre me dejaron una experiencia para capitalizar, los que desde siempre los guardo como verdaderos tesoros en lo más profundo de mi corazón, y si hacen felices a otros lectores, pues, bendito sea Dios…

Quiero dejar bien sentado que siempre cacé dentro de la ética deportiva, respetando todo tipo de normas y reglamentos, que siempre lo hice con los permisos de caza correspondientes, y con las armas con los debidos permisos de tenencia del RENAR (Registro Nacional de Armas de Argentina), tratando de usar siempre el arma adecuada para cada cacería, con la finalidad de evitar sufrimientos inútiles a la pieza a abatir.

Jamás cacé de furtivo, actividad que detesto por lo mal que le hace a los verdaderos cazadores, y a la misma sociedad, pues al ciudadano común, que no tiene por qué estar al tanto de las reglamentaciones de caza, le provoca gran confusión el enterarse que unos desaprensivos e indigentes mentales, al decir de mi querido amigo Tony Sanchez-Ariño, han matado (y no cazado) una determinada cantidad de especies protegidas y aparecen en los periódicos para el conocimiento de la población, cuando son atrapados por los controles de Fauna.

Recuerdo una publicación en un periódico muy importante de la provincia del Neuquén, donde en un gran titular decía que unos «cazadores», habían matado unos animales dentro de un corral, la noticia me puso furioso y llamé al director de ese periódico, me identifiqué y le dije que yo le aseguraba que los que mataron a esos animales, dentro del corral, no eran cazadores, que eran dentistas, ese hombre sorprendido, me preguntó que quién me había dicho que eran dentistas. A lo que respondí, que fue la misma persona que le había dicho a él que eran cazadores.

Mucha gente habla de cazadores furtivos y yo sigo insistiendo que es una expresión inadecuada, no tenemos por qué relacionar gente de bien, que hace las cosas como corresponde, con los debidos permisos, en la época permitida, etc., que somos los cazadores, con los delicuentes que matan los animales a mansalva, sin ninguna ética, disparando sobre hembras, crías, lo que caiga a la bolsa, entonces son delicuentes furtivos, esa es la expresión que debemos de usar para referirnos a esa chusma.

También colaboré con Direcciones de Fauna de Mendoza, y especialmente de Neuquén, en desarrollos de programas de conservación de la fauna, escribiendo notas en periódicos y revistas especializadas, de los que guardo buenos recuerdos.

Una especial mención a mi querido Tiro Federal de Mendoza, una centenaria institución en la que prácticamente me crie, y a la que estoy profundamente agradecido y unido, pues en ella aprendí a disparar desde que tenía ocho años.

Larga vida para nuestro querido Tiro Federal.

Argentina mía, un bello país para conocerlo, vivirlo, disfrutarlo y cazarlo.

Gracias Dios.