Relatos

El coronavirus y el corzo del paso de agua

 

Querido Duende del Bosque,

Siento comunicarte que el próximo abril no podré acudir a nuestra cita. La razón es compleja, porque es de carácter humano.

No me cabe duda de que es difícil de comprender para una criatura salvaje como tú, que intuye el peligro leyendo los signos de la naturaleza en sus sonidos, en sus olores y en sus movimientos; como los humanos, en lo más alto de la cadena alimentaria estamos siendo atacados y diezmados por un peligro que todos vimos venir.

A diferencia de vosotros, que en cuanto veis a otro animal huir inmediatamente os ponéis a salvo, sin preguntarle por qué corre y sin analizar seguidamente si ese peligro que el otro animal intuye os puede afectar también a vosotros. Nosotros los humanos vemos acercarse un gran peligro y nos quedamos a analizar y discutir si puede afectarnos o no. Así nos vemos ahora, recluidos en nuestros refugios de ciudad esperando a que el peligro pase, para poder volver a asomar la cabeza. Sé que no lo comprendes, pero es que somos seres complejos, tan complejos que somos altamente vulnerables.

Lamento profundamente no poder verte, porque sé que, aunque yo no pueda ir, tú sí estarás allí, majestuoso, esquivo, atento, aprovechando las claras del día y los primeros rayos de sol para comer de ese prado que tanto te gusta. Esperando la caída de la tarde para iniciar tu andadura nocturna.

Aunque no me reconozcas, yo sí sé perfectamente quién eres. De hecho, hace ya casi un año te puse nombre, «el corzo del paso del agua». Nos encontramos en tres ocasiones y en ellas pude ver tu belleza, tu agilidad y la agudeza de tus sentidos al intuir mi presencia.

La primera vez, muy temprano aún, comías plácidamente en un prado junto a tu hembra. Logré observarte apenas unos segundos y me cautivaste. Sigiloso y muy despacio, me acerqué casi pegado al suelo, intentando asomarme a hurtadillas al prado donde estabas. Me sorprendiste y cuando logré verte ibas monte arriba con tu hembra detrás, sin prisas, pero sin pausas. Aunque pude efectuar un lance, no me pareció apropiado, ya que no quería herirte y mi posición no era la idónea para culminar el encuentro que te mereces.

A la mañana siguiente, aún más temprano, me acerqué sigilosamente al prado donde estabas la mañana anterior, intentando sorprendente por el flanco contario. Al comprobar que no estabas, pude oír tu ladrido en la ladera izquierda. Aunque mi entrada fue cautelosa, tú estabas en el prado aledaño, así que tuya fue toda la ventaja. Apenas vi tu silueta esconderse en la espesura.

Esa misma tarde decidí esperarte y, bien temprano, me aposté debajo de un gran alcornoque desde el que podía dominar ambos prados. Pasaron las horas, el ocaso se aproximaba, y en los últimos minutos de luz pude ver tu figura, junto a tu hembra, acercarse sin intuirme al prado de mi izquierda. Tu marcha hacía mí era definitivamente nuestro encuentro final. De repente tu estado tranquilo cambia, pataleas dando señal de dominio y corres hacia un macho más joven que intentaba entrar en tu marcado territorio. La imagen fue espectacular, en apenas unos segundos demostraste a tu rival todo tu poderío. Al acabar las carreras desapareciste de mi vista, volviste sobre tus pasos y no pude verte de nuevo. La oscuridad casi reinaba ya como tu aliada.

A tu rival le costó la vida semejante osadía, ya que el terminar su reto se quedó inmóvil a escasos metros de mi posición. Merecido lo tenía por entrometerse en nuestro encuentro.

Ya no me quedaron días para idear un nuevo encuentro, regresé a la ruidosa ciudad sin que te fueras de mis pensamientos. Han pasado los meses, pero tu recuerdo sigue vivo en mí.

Espero que el otoño e invierno hayan sido tus aliados para fortalecerte y renovar tus armas. He contado los días para nuestro encuentro y, a pesar de ello, este tendrá que esperar.

Me toca ser solidario con los de mi especie y confinarme en un encierro involuntario, propiciado por nuestra adormecida falta de intuición del peligro.

Sin más, recibe un saludo de tu admirador y adversario fiel.

 

Juan Carlos Ponferrada