Relatos

 

Este relato se remonta a varios años atrás, en la provincia de San Luis, en un pequeño paraje del monte puntano, llamado La Puerta del Peje, en donde se ubica estancia de Miguel Chacón, hombre dedicado a la cría de ganado bovino de raza, lo que en Argentina se llama Cabaña, es un establecimiento que produce ganado de la mejor calidad, para vender a los productores con la finalidad de mejorar sus planteles o sea optimizar su producción, a veces el objetivo es la leche, otras es la carne.

Quito Varela, un amigo de hace largo tiempo, y dueño de un campo vecino y colindante con el de Miguel Chacón, fue quién me comentó lo que estaba ocurriendo por esos pagos, sabiendo lo que a mí me gusta el tema de la cacería.

De manera que nos fuimos a buscar a mi amigo Quito y desde su casa a lo de Miguel, que fue quién nos puso al tanto de lo que le ocurría.

En unos diez meses, entre los pumas y un grupo de perros cimarrones, habían matado y devorado ocho vaquillonas gordas de pura raza, criadas justamente por Miguel, provocando una importante pérdida económica, pues cada animal es muy caro, y el tema plantea un futuro negro en su negocio.

Miguel tiene una cabaña de cría de ganado de raza Hereford de excelente calidad, con la finalidad de vender a criadores muy exigentes. De manera que la inversión en esa actividad es alta, ese es el motivo por el cual el costo de esos animales es muy alto y que venga un predador a matar tan seguido, pone mal a cualquiera.

Y lo peor del caso, es que ese puma mata, come algo en ese mismo momento y no regresa más por el resto, el que es aprovechado por otros predadores como zorros, comadrejas, aves de rapiña y últimamente se ha sumado un grupo de perros cimarrones, que terminan con todo lo que se puede comer.

Es una zona muy grande con mucho monte boscoso, sobresaliendo muchos Pejes, árboles característicos de la zona, también llamados, Sombra de Toro, o Quebracho Flojo, en donde pastan normalmente sus vacas.

Tiene en su extenso campo, cuatro aguadas o puntos donde los vacunos acuden a beber, dependiendo del cuadro o zona, en que se los tenga pastando. Un peón recorre el rodeo de manera permanente, pero de noche es imposible ver, de manera que las vacas por más que andan en grupos, están expuestas a los ataques de estos depredadores y siempre aparecieron al lado del animal muerto, rastros de pumas y de perros muy grandes.

El León en esa zona se mueve a sus anchas, pues tiene cubiertas suficientes para moverse de un lado a otro sin ser visto o detectado. Es muy común observar sus rastros, elige siempre senderos montosos, evitando ser visto por pájaros, especialmente los teros, lechuzas u otros animales, que dan gritos de alarma, cuando ven pasar al Puma, y eso es justamente lo que detesta este Maestro de la Vida Privada. Muchas veces aguardando Jabalíes, apostado en alguna aguada, gritó mi amiga la Lechuza y al rato entró un Puma a tomar agua, siempre comento en mis relatos, que tengo una amiga incondicional: La Lechuza.

Me decía Miguel que no sabía si los primeros en matar eran los perros o el Puma… a lo que yo le respondí, que seguro juntos no trabajarían, pues son enemigos ancestrales unos con otros, y lo más probable sería que cace primero el Puma, coma, y luego lleguen los perros haciendo escapar al felino y aprovechen el festín de carne.

Y al día siguiente un séquito de jotes, buitres y demás carroñeros (el servicio de limpieza del desierto), indiquen desde el cielo el lugar donde hubo una carneada del León, que, dicho sea de paso, los peones normalmente lo descubren de esa manera.

Como yo no sabía cómo era la cosa, me llevé un todo terreno, mi .375 H&H Magnum y con cargas propias, como siempre, con puntas de 300 gr, que las saco a 2500 pies/seg. Los que me conocen saben que, en cada calibre, siempre uso un peso de punta determinado, por ejemplo, en el .300 W. Mag. siempre uso 180 gr. de punta y en el .375 siempre lo hago con 300 gr, en este caso Round Nose y Expansivas, siendo siempre, recargas propias, jamás cazo con munición factory.

Recorrimos todas las aguadas y sus respectivos bebederos, para ver si detectábamos rastros importantes o frescos, y sí, encontramos muchos rastros de perros, grandes y chicos, pero en los puestos cercanos había perros por todos lados, de manera que eso era una lotería. Miguel me decía… «Por favor metele bala a perro o Puma»

Para esa primera noche elegimos una aguada con un gran salitral, muy despejada, que tenía a un costado unos matorrales con algunos árboles con mucha sombra, lo que nos taparía la luz de la luna, y bajo los cuales emplazaríamos nuestro apostadero, que se arma de manera muy rápida, y con unas sillas plegables ya estaría todo solucionado.

Instalamos el apostadero de espaldas a la luna y debajo de las sombras de los árboles y teníamos el viento a través es decir no era lo mejor, pero no era malo.

El frío del mes de julio era implacable, la luz de la luna era de un plateado helado, teníamos los dedos agarrotados de frío, y eso que contábamos con un excelente equipo para el frío, guantes, gorros de piel, la bufanda que me tejió mi hija María Inés, que es un artículo favorito en mi mochila, para estos casos, y así estuvimos desde las cinco de la tarde hasta las cuatro de la madrugada y solo se escucharon ladridos de perros muy lejanos y de vez en cuando.

Al día siguiente recorrimos nuevamente las aguadas, incluso, fuimos a la que estuvimos en la noche anterior para comprobar, si luego de que nos retiramos hubiesen bajado los perros o el Puma, pero nada de eso había pasado, y en una aguada muy lejana y muy chiquita, al lado de unos grandes eucaliptus, sí, pudimos ver los rastros de un jabalí machazo, al decir de mi amigo Pepe… un Jabalí criao, que marcaba los pichicos abiertos como lo hacen los grandotes de verdad, lo que nos motivó a instalarnos esa tarde en ese lugar, tratando de abarcar un doble propósito, Puma y Jabalí.

Nuestro nuevo emplazamiento era junto a dos gigantes eucaliptus, supongo centenarios por el tamaño que tenían. Nos pusimos al noreste de la aguada con la finalidad de tener la luna a nuestras espaldas y el viento de frente, que normalmente en la noche, siempre era desde el sur, aunque siempre es conveniente tener previsto un plan B, por si cambia el viento, de manera que podamos movernos a otra posición que nos sea favorable.

Un Puma puede llegar a pesar entre 50 y 120 kilogramos, y su longitud puede variar entre un 1,5 m hasta 2,5 metros, incluida la cola, dependiendo todas estas características del tipo de terreno donde vive y la alimentación que tiene. Normalmente los Pumas de montaña son los más grandes y pesados, pues sus músculos son muy desarrollados para poder realizar el tipo de caza que hacen, en los cerros corriendo guanacos o ciervos colorados, mientras que los de la estepa arbustiva son de un tamaño algo menor y de menos peso. El Puma tiene 5 dedos con sus respectivas garras retráctiles, en las manos o patas delanteras, mientras que en las traseras poseen 4, y en las plantas de las patas poseen unas almohadillas, que amortiguan su caída, en los grandes saltos, y le permiten moverse sigilosamente en el monte.

Cuando el Puma ataca, normalmente lo hace al cogote del animal, toma al animal por ambos costados del cuello o cogote, clavando sus garras y practica una mordida muy fuerte, hasta asfixiar a su presa y siempre le queda el último recurso de sus patas y garras traseras, las que usa para despanzar a la presa, esto se verifica cuando la presa atacada es de gran tamaño.

Esta defensa de los Pumas de despanzar no la olvido jamás, teníamos un buen amigo, llamado Fortunato, peón en una estancia muy grande en la zona de Telén, provincia de La Pampa, muy conocido por sus andanzas de seguir a los pumas con 3 ó 4 perros, y cuando éstos lo alcanzan, el Puma normalmente se acula, expresión utilizada por los gauchos, para referirse que el Puma, pone su espalda contra alguna piedra grande o un arbusto espinoso, de manera de tener a todos sus enemigos de frente, mientras les larga peligrosos zarpazos, algunos mortales para los perros lentos. En ese momento Fortunato desplegaba su lazo y enlazaba al Puma por el cogote, una vez unidos ambos por el lazo, el Puma tiraba para un lado y Fortunato con el caballo para el otro, buscando una rama de algún árbol cercano donde lo colgaba literalmente, y así este hombre había cazado muchísimos Pumas, motivo por el cual era muy popular.

Lamentablemente el último de los Pumas, en vez de tirar en sentido contrario, se le fue encima a Fortunato que estaba montado en su caballo, le clavó las garras delanteras y colmillos en los hombros y el cuello, mientras Fortunato echó mano de su facón, metiéndole muchísimas puñaladas, hasta matarlo, pero mientras tanto, el Puma con sus garras traseras, le abrió el estómago. Todo esto sucedió al lado de la huella que entra desde la ruta principal, al casco de la estancia, y justamente, en ese momento, venía entrando en su camioneta, el dueño del campo con su hijo, quienes de inmediato cargaron a Fortunato en el vehículo y partieron a toda velocidad al hospital más cercano, que estaba a unos 30 kilómetros, adonde, lamentablemente Fortunato, llegó muerto. Triste historia…

Una de esas garras delanteras, las posee atrás y algo arriba, y son tan filosas, que, de un golpe fuerte o una pasada fuerte, degüellan al animal, estas son las conocidas Uñas Cazadoras de los Pumas, las que afilan y limpian constantemente contra piedras o troncos de árboles, donde dejan sus improntas, incluso como una forma de demarcación territorial, ya que por naturaleza son muy territoriales. Además, estas marcas nos proporcionan muy buena información, donde podemos deducir, tamaño, peso y potencia del animal, por la altura y profundidad de las marcas en el tronco.

Volviendo al relato, en nuestro nuevo lugar al lado de los grandes eucaliptus, era una aguada pequeña, con las orillas con una franja de tierra bien blanca, que, aunque no era muy ancha, nos permitiría ver bien la bajada del felino o del gran jabalí, cuando llegaran al agua, pero el tiro debería ser muy rápido y muy preciso, pues, la aguada estaba rodeada de un fachinal, muy difícil de penetrar, y con arbustos muy espinudos como son los grandes alpatacos de la zona.

Nos instalamos a la seis de la tarde, con Pepe que siempre me acompaña desde hace muchos años. Hay un mito muy popular entre la gente del campo, y por lo general es motivo de charlas de fogones, donde cada uno expone sus experiencias y me refiero a la hora que el Puma baja al agua, y por supuesto que es una cuestión sumamente aleatoria, pues, depende si hace mucho calor, si el animal caminó mucho, durante el día, si la comilona fue temprano o tarde, es decir, que lo cierto es que este huidizo personaje, no tiene ninguna regla fija, al respecto, pero la gente de campo siempre dice… El Puma baja al agua a la hora de la oración… para dar a entender que lo hace cuando se está entrando el sol, pero son muchos años cazando Pumas y les aseguro que puede venir a cualquier hora, y la mayoría de las veces no viene nunca.

Y ese día San Huberto, me lo mandó, como dicen los viejos de la zona, a la hora de la oración, un Puma de mediano a grande, que, de un salto de más de 4 metros, apareció de repente, a la orilla del agua, ya con las últimas luces del día. Normalmente espero que el Puma tome agua para dispararle, pero acá el tiempo apremiaba, y no era para esperar, levante el .375 H&H, metí el hombro en la cruz de la retícula y toque con mucha suavidad, la cola del disparador, de inmediato el Puma dio un salto hacia arriba de más de 4 metros, indicativo infalible que el Puma fue tocado, siempre que reciben un impacto, por lo general salta para arriba de manera impresionante, a no ser que el disparo haya impactado en el sistema nervioso central y se desploman en el lugar de inmediato. Saltó hacia el fachinal, lo que maldecí tremendamente, pues no creía que fuese capaz de hacerlo después de recibir 300gr a 2500 pies/seg y en el hombro.

A lo hecho pecho… había que ir a buscarlo en medio de una sopa de ramas, hojas y espinas con un rifle de 26 pulgadas de cañón, que no es cómodo en esas circunstancias. Le pedí a Pepe que estuviera atento por las dudas, subí el promontorio del terraplén, y de rodilla y con muy poca luz empecé a escudriñar todos los rincones, donde pudiese estar mientras avanzaba de un metro por vez, y les aseguro que la adrenalina siempre está presente, la boca pastosa, todos los sentidos en alerta, dos metros más mientras iba de rodillas, tratando de mirar casi a ras del piso, cuando veo al Puma en la base de un enorme jarillón, acostado, no entendía muy bien el porqué estaba de esa manera, pero por las dudas lo tenía encañonado y esperando, un metro más me adelanto y descubro el motivo, el tiro entro un poquito atrás del hombro izquierdo, en diagonal hacia el pulmón derecho, provocando un tremendo agujero a su salida, por el cual salieron todas sus tripas, las que se engancharon, en la base de las ramas de esa gran jarilla, y frenaron la corrida, aunque ya iba muerto, al recibir tremenda energía.

Cuestión que el come-vacas resultó una hembra joven, de tamaño algo más que mediano, con una dentición y colmillos como para haber seguido comiendo muchas vacas más, durante mucho tiempo.

Y efectivamente la cosa había sido así, y se confirmó porque ya habían pasado más de 5 meses, sin que apareciera otra vaca muerta y Miguel y su familia muy agradecidos y nació una hermosa amistad a partir de la Puma de la puerta de Peje.