Revista de Prensa

País Vasco

Oleadas de nieve, pájaros y abusos

Una impresionante oleada de avefrías y becadas avisó el miércoles y jueves pasados de las impresionantes nevadas, tanto por toda Europa como por la Península, que se produjeron justo hace una semana y forzaron al día siguiente que nuestras diputaciones y las autoridades navarras decretaran la prohibición de cazar en los evidentes días de fortuna.

15/01/2009 | Deia | Javier Atxa Arrizabalaga

Aunque a muchos les pese no es lo mismo una buena entrada de aves en otoño e invierno que la urgente búsqueda de refugio para muchos miles y miles de aves en las zonas costeras, el único sitio donde la nieve no cubría todo lo imaginable. Temperaturas de muchos grados bajo cero por el centro y norte europeo, con mucha nieve que también llegó incluso a colapsar todo el horizonte peninsular, hasta parar el aeropuerto de Barajas el viernes.

Algunos aprovecharon en la tarde del miércoles para recibir a las avefrías a tiros, una batalla desmedida que se prolongó muy ampliamente en la mañana del jueves e incluso del viernes, jornada en la que ya se emitió por la tarde por parte de las autoridades la prohibición de cazar. Una medida justa, sin duda, aunque algo tardía.

Quienes el jueves o el viernes estuvieron en las zonas costeras sin nieve, el tiroteo era similar al que se produce a malvices durante un buen día de pase en octubre. Para los que vivimos en la zona en la que no nevó, bastaba con una sola mirada hacia el interior para ver las intensas nevadas incluso en las cotas más bajas. Los miles y miles de pájaros se refugiaron literalmente en la franja costera, con especial mención para los bandos de avefrías, los más veteranos cifraban en al menos veinte años que no veían tantas en Bizkaia, y clausetas, otrora especie cazable pero ahora ave protegida. Seguramente aves llegadas de Europa, a muchos grados bajo cero y bajo intensas nevadas; pero también del interior peninsular, donde el manto blanco alcanzó hasta las mismísimas playas de Donostia. Unos buenos días para disfrutar de los pájaros y no de las escopetas, aunque algunos supuestos cazadores no lo entendieran así.

Además de las nubes de avefrías, el fenómeno de la caza a la espera se multiplicó durante las tardes del jueves, viernes e incluso sábado. Tiroteos infames e ilegales, además de peligrosos, al amanecer y al atardecer para derribar a traición a las becadas en los lugares más querenciosos, por la mayoría conocidos. Es que ya desde el jueves sonaron las primeras alarmas de la inusitada y abundante presencia de sordas en la franja costera. Lugares donde en toda una mañana pocos días antes se podían ver uno o con suerte dos ejemplares, en apenas un par de horas del jueves o viernes se registraban hasta diez o doce levantes de becadas.

Algunos aprovecharon el jueves para hacer carne, olvidándose de que el cupo, para todos y nos guste más o menos, es de tres becadas. Otros incluso salieron el viernes, prohibido en Bizkaia, y el sábado con la veda ya declarada, desafiando no sólo a la lógica sino también a las leyes de caza vigentes. Menos mal que la mayoría de cazadores decidieron con buen criterio no hacer carne ni abusar esos días y dejar descansar la escopeta. Mientras algunos siguen anclados en el discurso de que pagan justos por pecadores, el silencio de los primeros les acerca un poco más a la postura de los segundos, aunque los furtivos sean muchísimos menos. Y en la sociedad, los culpables siguen siendo todos los cazadores. Y así nos va.

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