Entrevistas del Club

Carmen Basarán. Presidenta del Real Club de Monteros

«La montería trasciende lo cinegético para convertirse en rito»

Carmen Basarán Conde es una montera de estirpe, huérfana de Esperanza Conde y Francisco Basarán, dos cazadores. Su padre ha sido un maestro en el campo cinegético, un hombre carismático y muy notable socialmente en la provincia de Toledo. Carmen es la segunda de seis hermanas de las que dos son cazadoras. La finca paterna de Montalbanejos de unas 950 has, a caballo entre los términos municipales de Nambroca y Almoncacid de Toledo, fue un referente como cazadero. Esa finca junto a la Teatina materna se gestionan ahora por la familia..

José Luis Garrido

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Carmen vivió la niñez en Toledo con fines de semana y vacaciones en la finca paterna. Es licenciada en Derecho por la Complutense de Madrid e inició seguidamente notarías, tiempo en el que conoció a Vicente Nieto, su marido. Al casarse se tuvo que encargar de los dos niños, Esperanza y Vicente, que nacieron durante los tres años de su estancia en Valladolid donde tuvo Vicente el primer destino. El tercer hijo, Pepe, ─relator galardonado contando las sensaciones de su abuelo ante el trote de una cierva─, nació en Sarria (Lugo) donde Carmen vivió seguidamente. Más tarde ejerció de abogada en Tenerife donde residió nueve años hasta 2005, en que regresó a Toledo. Fue elegida y es presidenta del Real Club de Monteros desde diciembre de 2018; presidencia que ya ocupó su padre de 2006 a 2009.

—Tu padre amaba a la perdiz silvestre y la cuidaba con mimo en Montalbanejo. ¿Hacia qué fechas finalizó la fórmula social de cazar en la zona con invitaciones compartidas entre propietarios, familiares y amigos y se iniciaron otras fórmulas de aprovechamiento?

—En Montalbanejos, contaba mi padre que la primera cacería de perdices la daba mi bisabuelo Manolo a Don Antonio Maura y su grupo de amigos, ya que mi bisabuelo era un Maurista convencido. La segunda se daba a la familia Figueroa encabezada por su patriarca, el Conde de Romanones, ya que Don Álvaro había sido compañero de mi bisabuelo Manolo desde el parvulario y fueron grandes amigos. Tenía mucha gracia, al parecer, el pique de Romanones porque no le diera a él esa primera cacería y se la ofreciera a su rival político, A pesar de esa diferencia fueron siempre muy amigos, amistad que ha perdurado en las siguientes generaciones y que a buen seguro contemplan ellos encantados desde el cielo.

Después de la guerra civil, ya en manos de mi abuela Carmina, Montalbanejos se quedó muy pobre de caza y la primera vez que la enseñó Varillas (el guarda de mi abuela) a un Canónigo de la Catedral de Toledo que quería arrendarla, vieron en el paseo más zorras que conejos y perdices. Mi abuela necesitaba rentabilizar cinegéticamente Montalbanejos para salir adelante y es entonces cuando se empieza a vender la caza. Sólo se comercializaban las cacerías de perdices (dos al año) el resto se cazaba entre familia y amigos. También se cepeaba mucho sacando buen provecho a la cantidad de conejos que había.

—Cuando el campo rendía una perdiz por hectárea, tu padre consideraba una buena temporada. ¿Qué modalidades de las tres posibles practicaba tu padre en Montalbanejos: reclamo, en mano o a ojeo.

—Mi padre practicaba todas las modalidades aunque en Montalbanejos no tiraba a las perdices. A lo sumo, y si hacía falta, se colocaba en una punta del ojeo para hacer media, ya que tiraba fenomenal. Pertenecía a varias sociedades o peñas de cazadores con las que cazaba perdices en ojeo o en mano. Para el reclamo le gustaba más la Sierra y acudía a Candilejo, Garbanzuelo y Malamonedilla, todas fincas familiares, donde marchaba de temporada del perdigón acompañado de mi tío Isidoro Basarán auténtico catedrático de esta modalidad de caza.

—La finca y la perdiz silvestre se resistieron un tiempo pero al final la fiebre por el pájaro nos ha llevado a la situación actual de venta a la carta con sueltas y capturas ajustadas a la demanda. ¿En qué fechas claudicaron las fincas de la zona ante la perdiz de granja y suelta?

—Basarán y Montalbanejos nunca claudicaron y mi padre, pudiendo haber ganado mucho dinero organizando tiradas de perdices de suelta, ya que en Montalbanejos hay preciosos soltaderos, prefirió defender «sus patirrojas» con enorme sacrificio económico y de prestigio ya que vio cómo Montalbanejos que era un cazadero emblemático por la calidad y cantidad de pájaros se quedaba a la cola frente a cotos que ni siquiera habían tenido perdices en el pasado.

Se dejaron de dar tiradas de perdices a principio de los 90 y desde entonces se cazan en mano aunque ha habido unos años que no se cazaron mirando a ver si esta medida hacía que subiera el censo de perdices, pero no fue nada efectivo dejarlas de cazar por lo menos tres años, con la pérdida económica que eso supuso.

—La montería trasciende de lo cinegético y se convierte en un acto social de primera magnitud en el que participan actores variopintos ─no todos son cazadores pero sí para la caza─, con un libreto y rito bucólico que se repetía, año tras año, en fincas tradicionales como si fueran las fiestas del pueblo, para goce de todos los participantes. ¿Estos valores culturales se mantienen en la mayoría de las fincas o se han perdido para siempre porque no se valora lo cultural o por las prisas para volver de los asistentes?

—La montería efectivamente trasciende a lo cinegético para convertirse en rito. Es la caza en equipo por antonomasia donde concurre la acción de muchos actores (guardas, maestros de sierra, guías de rehalas, perreros, perros, postores, cargueros, monteros, secretarios…) todos ellos coordinados y dirigidos por el Capitán de Montería para que la cacería sea un éxito.

Quizás hubo un tiempo en el que imperaron las prisas y primaba la cantidad a otros aspectos, que tu encuadras muy bien en valores culturales, pues en torno a la montería hay una ética y una cultura colectiva, un asumir por los monteros un código de conducta que imprime carácter. Hoy en día parece que hay una vuelta ese código, a ese aspecto cultural colectivo. Actualmente se vuelve a valorar el grupo con el que se va a cazar, la afición de los perreros y la calidad de los perros, las características del cazadero, la figura del Capitán de Montería y por supuesto la posibilidad de quedarnos a la recogida de las reses, disfrutar del resultado de la montería y escuchar de boca de los afortunados el lance que han vivido y en el que todos nos debemos sentir partícipes precisamente porque es una caza en equipo, a lo mejor hoy no has cobrado nada pero gracias a que tú estabas aireando, el compañero ha cobrado el guarro de su vida…eso también es muy satisfactorio para los que queremos y sentimos la montería

Venare non est occidere es un lema acuñado y promulgado por el Real Club de Monteros que recuerda el célebre análisis de Ortega y Gasset. ¿Entiendo que no matar todas las reses que entran en un «cercón» no tiene nada que ver con vuestro reconocido mensaje de valores?

—Por supuesto que no tiene nada que ver, pero hay que aclarar que cuando hablamos de «cercones» tenemos que tener también mucho cuidado porque ahora se denomina cercón cualquier finca cerrada, dándose la circunstancia de que se llama cercón a una finca cercada de miles de hectáreas. En este tema pasa como cuando te comentaba que no me gusta poner adjetivo a la palabra caza. Muchas personas, a veces con una falta absoluta de respeto, denigran la caza en fincas cerradas que lo son desde hace muchísimos años, no nos olvidemos. Sus propietarios las cercaron por el acoso tan brutal que había de furtivos y las prácticas ilícitas por parte de muchos a la hora de cebar o remeter para dar con éxito sus batidas.

Es cierto que la caza en abierto es la que preferimos la inmensa mayoría, porque no lo olvidemos una de las características del arte cinegético es la incertidumbre del resultado y el salvajismo de las piezas. Estas características se dan siempre en abierto pero también con frecuencia en esas fincas cerradas de grandes dimensiones. Por ello no debemos denostar esa caza que es perfectamente legal y ética que ayuda además a la riqueza y mantenimiento del mundo rural del que nos debemos sentir parte.

Otra cosa bien distinta es lo que yo llamo zahúrdas que son cercas muy pequeñas en las que se sueltan o crían animales para la cacería. Sólo a esto es a lo que incluyo en la categoría de cercón.

—Hasta la revolución francesa la caza clamorosa estaba reservada para cazadores de abolengo, pero la hambruna hizo saltar a la plebe al vedado y cazar lo que se pudo en nombre de la libertad. Después unos cazaron en vedado y otros en lo libre. Más tarde todos en cotos. Ahora la caza en unos y otros está mal vista. Entre vedados, dinero y sociedad hostil animalista. ¿Quién abre ahora las puertas de la caza al cazador novel?

—En este punto remitiría a la obra La Dignidad de la Caza del entonces Marqués de Laula, hoy Laserna, Presidente de Honor del real Club de Monteros, donde explica muchísimo mejor de lo que yo soy capaz de trasmitir esa evolución histórica de la caza desde sus orígenes en el paleolítico hasta nuestros días.

La caza ha estado presente en la evolución humana y ha sido consustancial a la existencia del hombre. Hoy corren malos tiempos para la caza azuzada la sociedad por ideologías populistas que empujan a poner al hombre al mismo nivel que al animal al que empiezan a dotar de ¿derechos? Hoy se nos tacha de asesinos, de irresponsables, de gozar con la muerte del animal. Nada más lejos de la realidad.

El cazador ama el medio, la naturaleza y está en conexión total con ella, contacto que el mundo de la ciudad ha perdido por completo. Los urbanitas desechan la idea de sufrimiento y de muerte, los niños de ahora no conciben que la carne que consumen en bandejas provenga de un animal sacrificado. Los niños de campo ven matar el capón en navidad, el cochino para la matanza, el cabrito para una fiesta familiar conciben la caza como algo natural y necesario. Hay una desconexión total entre mundo urbano y rural que no conduce a nada bueno.

—Las mujeres sois minoría, 1'5% a 2% en la nómina de la caza, pero con una tendencia femenina al alza en los exámenes del cazador, que ya en algunas comunidades está en el 10% de los aspirantes. ¿Cómo impulsarías tú el acercamiento hacia la caza por parte de los cazadores que se inician?

—No hago distinción entre hombres y mujeres porque creo total y absolutamente en la igualdad. Hay que acercar la caza a los más jóvenes, y llevar la caza a las escuelas donde hay niños y niñas. En esto tampoco puedo ser voz más autorizada que algunos y tú puedes hablar muy bien de la estupenda labor que llevasteis a través de FEDENCA para dar a conocer a la caza y el mundo rural en los colegios. En la caza, nunca me cansaré de decirlo, no hay discriminación lo que nos discrimina son muchas actitudes humanas. La pieza de caza no sabe si es hombre o mujer quien empuña el arma en el campo y en la sierra somos total y absolutamente iguales: la lluvia o el cierzo es el mismo para hombres que para mujeres. Es lógico que mande la condición física pero la misma no depende del sexo. Hay muchas mujeres con buenas piernas que llegan antes a las perdices que los varones de la cuadrilla.

—Te conocí hace años durante un curso que organizamos de Especialista en Control de Predadores y me pareció una bendición el interés de una mujer de prestigio, conocedora de que solamente se pueden controlar seis de ochenta y dos depredadores que tiene la fauna española. ¿Qué mueve a una persona que tiene fincas y relaciones para cazar sin pausa a ampliar modalidades más propias de la guardería?

—Por desgracia el campo se ha ido despoblando y ya no hay cuadrillas de ceperos, no hay alimañeros, no hay apenas pastores que eran los que hacían limpieza de los que siempre hemos llamado contracazas. Esto unido a mi interés por la gestión y a mi afición cazadora ha hecho que cada vez me apasione más el trampeo y el control de depredadores.

El cazador evoluciona con la edad abriendo nuevos horizontes. Lo pude comprobar con mi padre que cuando ya no podía hacer esperas o cazar el perdigón porque había perdido el oído empezó a practicar con más ahínco el trampeo. Es una caza propia de cazadores viejos y sabios, expertos en el medio y conocedores profundos del animal que van a capturar. Requiere unas dotes de observación que sólo el poso de la edad deja en la naturaleza humana y una paciencia infinita hija de los muchos años vividos. El trampeo es un reto de astucias, es una especie de esgrima entre caballeros…uno humano y otro animal. El animal gana la partida la mayoría de las veces, pero cuando la ganas tú te reporta un sentimiento de satisfacción y sabiduría difícilmente expresable con la palabra. A mí me gusta cada vez más y me veo viejita ya, con mi garrota y mis prismáticos observando desde una atalaya las querencias de los animales o recorriendo las trampas para ver si mi ingenio ha vencido al de la pieza.

A menudo los hijos se nos parecen, Así nos dan la primera satisfacción… cantaba Serrat. En tu casa habéis convivido tu marido y tus tres hijos: Esperanza, Vicente y Pepe. ¿Has seducido a todos para la causa y son fieles a San Huberto, o con alguno no has sido capaz?

—Los tres son cazadores aunque Esperanza es más secretaria que «ejecutora de lances». Los chicos se hicieron novios de la mano de su abuelo por el que se disputaban por acompañar. Es lógico que prefirieran la compañía de su abuelo porque él les permitía ya licencias que a mí jamás me permitió cuando iba de morralera. Charlaban en el puesto, les comentaba anécdotas, y lo pasaban muchísimo mejor con él que conmigo.

Mis hijos han vivido no sólo la caza sino un ambiente rural donde se les ha educado dando importancia a la naturaleza, al devenir de los ciclos, a la observación de los animales, sus celos, el nacimiento y la muerte con absoluto respeto a todo ello.

—No te veo en tus fotos de caza con tus hijos cazadores ni a tu hija la secretaria de oído selecto. ¿Por qué no te acompañan?

—No me gusta poner fotos de otras personas en redes sociales y menos de mis hijos que han sufrido acoso por publicar alguna foto. Claro que tengo fotos de ellos. A lo mejor no tantas como me gustaría porque la verdad es que siempre he estado más pendiente de disfrutar los momentos que del objetivo de una cámara.

—Hasta hace un año tu práctica cazadora ha sido la de una vida regalada. La presidencia del RCM es una faceta más complicada, pues respondes de la buena gestión social de un club con cientos de monteros, de diferente comportamiento humano y difícil beneplácito. ¿No temes haberte complicado la vida o las satisfacciones compensan el ánimo?

—Llegué a la Presidencia del RCM en un momento complicado para la caza, no para el Club que estaba estupendamente encaminado, mis amigos y consocios creyeron ver en mí la oportunidad de dar un aire distinto al Real Club de Monteros y esa es la línea de actuación que hemos emprendido la Junta Directiva y los socios todos a una. Somos abiertos, dinámicos y participativos. Para que te hagas idea, los últimos 10 meses hemos estado presentes en más de 30 actos lo que hace una media de 3 actos por mes. Seguimos dando fuerza a los premios del RCM que tantísimo predicamento han adquirido en España y fuera de nuestras fronteras. Participamos activamente en la defensa de la Rehala y la Montería española, favorecemos iniciativas solidarias y culturales. El año pasado, hicimos el primer viaje institucional con destino al MEH, Yacimientos de Atapuerca y «Paleolítico Vivo». Este año hemos organizado unas Jornadas Gastronómicas de promoción de la carne de caza en el Club Financiero Génova, en colaboración con ASICCAZA y Cárnicas Dibe y próximamente viajaremos a tierras Leonesas a visitar el Museo de la Fauna Salvaje del Doctor Romero Nieto.

—La educación de las personas se estructura sobre tres pilares: el de la naturaleza o facultades naturales (ADN), el de los hombres que enfocan el comportamiento hacia lo deseable por la sociedad y el de las cosas que es lo que nos enseña la experiencia como algo positivo o negativo. Considerando la educación más adecuada para el cazador y que el ADN es el de la naturaleza. ¿Cuál de los otros dos pilares has potenciado más con tus hijos?

—La educación que les hemos dado a nuestros hijos es algo que ha surgido naturalmente sin ningún tipo de estrategia preestablecida. Creo que ha sido derivada de la que en su día recibimos de nuestros padres, potenciando en cada hijo su individualidad, sus dones y sus habilidades, basándonos en el sentido común y siempre ayudados por Dios al que nos encomendamos cuando decidimos formar una familia cristiana y al que damos gracias por la familia de la que venimos y ésta que nos ha dado oportunidad de crear.

Punto final

Carmen Basarán, es una persona muy querida y de reconocida competencia en el mundo cinegético. Hace poco más de un año ha sido elegida presidenta del RCM y ha dado nuevo ritmo a este club de monteros. Su mensaje alrededor de este arte de la caza es un modelo de sensatez y concordia, aunque sobre ciertos temas se posiciona con contundencia. Me comenta que no le gusta confrontar modalidades de caza porque es un error; cada cazador actúa legalmente como quiere o puede, pero siempre debe primar el respeto entre los partidarios de una u otra modalidad de caza y nadie debe repartir títulos de pureza cinegética.

Con su afabilidad personal, simpatía y sentido del humor Carmen me ha cazado a través de la amistad que era una variante del amplio arte de cazar que apuntaba Platón y que no viene en los libros de modalidades y métodos de caza.

Desde el inicio (34 años y 3 meses) llevo escribiendo ininterrumpidamente en FEDERCAZA. Es la primera entrevista. Perdonen la bisoñez.