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Juan Antonio Sarasketa

El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Presidente de honor de la Oficina Nacional de la Caza.

El ave del frío

Son muchos los años que las avefrías no nos visitan en número importante. Ha habido que esperar a que el frío apriete de lo lindo en Centroeuropa para que se animen a cumbrear los Pirineos. Aunque cerrada la temporada mejor si se quedan en sus lugares de nidificación y cría de momento.

05 feb. 2020 - 2.069 lecturas - No hay comentarios

La caza de esta ave precursora del frío siempre ha sido practicada por aquellos cazadores que, a falta de otras alternativas, han aprovechado el momento para hacerse sin gran dificultad con perchas considerables. Escuela de practicantes y fáciles de observar, gustan de situarse en grandes bandos en las praderas dado su carácter gregario. Lentas en el vuelo y frágiles al plomo, la mayor dificultad de captura hay que buscarla en el acercamiento, pues se ubican en el centro de los pastizales y ante la presencia de cualquier extraño arrancan vuelo en grupo.

No es fácil pues entrarles a tiro. Es igual que el cazador se eche al suelo, se esconda entre las ramas o se oculte en una zanja. De ahí que esos tiros que se oyen entre dos luces se confundan con los que ilegalmente se disparan esporádicamente a las becadas cuando abandonan su refugio.

A pesar de la relativa facilidad de su caza, muchas veces que parece que el cazador va a conseguir su propósito de acercarse, se oyen dos notas estridentes que es la señal del guión y arranca el bando en menos tiempo que se necesita para describirlo. Pero cuando fruto de los disparos cae un pájaro herido, ocurre una cosa ciertamente extraña, todo el bando vuelve de repente al lado del herido como intentando no abandonarlo en aquel trance.

Desde el punto de vista ornitológico la avefría es la elegancia representada en un pájaro. Una vez en el aire no cesan de moverse, se agitan de mil modos diferentes, juguetean en el aire deslizándose a su albedrío. Eligen a cada instante posiciones diversas, hacia arriba, tendidas en el suelo, con las alas verticales o volando en espiral con una movilidad tal que no puede seguírselas con la vista.

Es un ave terriblemente aseada, jamás se decide a pasar la noche con suciedad. Gusta pues de limpiarse mañana y tarde el pico y las patas en las charcas próximas a los humedales. Por eso y por mucho más esta bella y delicada ave de color verde cobrizo con un blanco purísimo en la cola, cuyo nombre y presencia identificamos con el frío y las fechas navideñas, tiene mucho de entrañable y misterioso.

Sin embargo no deja de ser un recurso natural preferentemente para aquellos que no tienen otras posibilidades o bien las piernas necesarias para abordar retos más complejos. Pero como no arreglemos esto del cambio climático creo que es fácil que nos visite fuera de fecha y sin regularidad alguna.