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Juan Antonio Sarasketa

El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Presidente de honor de la Oficina Nacional de la Caza.

Escopetas de antaño

Existe la creencia de que una escopeta, por ser antigua, tiene que ser buena y no es así. Aunque sea de calidad y elaborada artesanalmente hace años, muchas no cumplen las exigencias de seguridad que requieren las presiones de algunos cartuchos con cargas especiales como los Magnun.

06 ene. 2020 - 1.950 lecturas - No hay comentarios

Un arma antigua puede ser una joya artesanal de un valor considerable, pero normalmente sus medidas y prestaciones no se adaptan a las exigencias de los nuevos tiradores. Es igual que sea paralela, superpuesta o repetidora. Y cuanto más retrocedamos en el tiempo lógicamente muchísimo mayores son las diferencias.

Por su originalidad les voy a contar el proceso de disparo y carga que conlleva la escopeta de chispa. Obviamente, este antiguo sistema es algo así como un coche de gasógeno antiguo comparado con un fórmula uno.

El cazador debía de llevar la escopeta de un solo cañón con meticulosidad, porque con un brusco movimiento se le podía caer la pólvora del cebo que estaba en la cazoleta. El perro rompe la muestra a la orden del cazador y arranca la perdiz a pocos metros. El cazador encara rápido y aprieta el gatillo… cae la llave de chispa prorroteando el pedernal biselado sobre el rastrillo, y un rápido fogonazo con humo indica que el cebo ha prendido, pero como el fuego no se trasmite a la carga rápidamente, el cazador, dominando su natural nerviosismo, hace que su mano izquierda siga el vuelo de la perdiz hasta que retumbe el disparo y una humareda negra le envuelva… seguidamente procede a la meticulosa y compleja operación de carga.

Con la culata apoyada en el suelo y el cañón llegando al pecho comienza por echar la pólvora en él, a continuación la ataca con papel, después deposita los perdigones para volver a atacarlos con la baqueta. Para terminar se ceba con pólvora la cazoleta, sobre la que cuidadosamente se baja el rastrillo después de montar la llave.

Han pasado cinco minutos y el perro, impaciente, le está mirando en busca de un gesto que le indique que hay que volver a caminar.