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El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Prórroga de la torcaz

Más de 22 años lleva Adecap peleando por la prórroga de la torcaz, pero ni por esas. Bruselas no cede aunque no tenga ni idea que es esta caza testimonial en la época de retorno a sus lugares de nidificación y cría. Pero al parecer se está estudiando en estos momentos prorrogar su caza hasta el 20 de febrero controladamente.

11 feb. 2019 - 1.556 lecturas - No hay comentarios

Poca cosa pero al menos se podrá sacar la escopeta al monte y algunos incluso el perro para hacer compañía. Hacía falta para tener una cierta garantía de éxito como mínimo hasta mediados de marzo. Pero es lo que hay y saltarse la normativa Europea supone poco menos que cargarse de cadenas de por vida.

Mientras tanto las torcaces han colonizado con fuerza casi toda la Península y es fácil verlas incluso en los jardines de las grandes ciudades. Son tan numerosas en algunos lugares que han perdido su instinto migrador. Un fenómeno excepcional fruto de haberles cambiado el régimen alimenticio con la siembra masiva de girasol y encontrar en definitiva un hábitat adecuado a sus exigencias.

Argumentan los técnicos para no prorrogar su caza que más allá del 20 de febrero están en periodo pre-nupcial, es decir, en celo, y en consecuencia bajas de defensa para el viaje. Siempre se ha entendido que la migración por su dureza es una selección natural. De ahí que dudo mucho que un animal que va a hacer un viaje tan selectivo entre en celo. Lo hará cuando llegue al lugar de cría.

Además, si estamos hablando de un ave en una espectacular progresión, ¿por qué no se puede retrasar un poco más el cierre para regular mejor sus poblaciones? En Euskadi prácticamente no hay alternativas cinegéticas, salvo algunas becadas. Y si además las capturas de las palomas son insignificantes porque pasan normalmente fuera de tiro hablando con San Pedro.

¿Por qué no somos condescendientes con los que van a cuidar los montes, recoger el ganado perdido o levantar un cerramiento? De siempre ha tenido Euskadi una gran tradición palomera. Y es que está situada en el medio de un puente aéreo entre Europa y África que las torcaces utilizan para su migraciones.

En definitiva estamos hablando del chocolate del loro en cuanto a capturas se refiere. Además, un cazador en el monte siempre es sinónimo de seguridad, compañía y apoyo.