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Juan Antonio Sarasketa

El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Presidente de honor de la Oficina Nacional de la Caza.

Esperanza

Quien más quien menos es consciente de que aquellas perchas de codornices de antaño no volveremos a verlas. Los campos están deshumanizados y los animales, unos más que otros, lo sufren.

20 ago. 2018 - 2.580 lecturas - No hay comentarios

A pesar de todo este año había esperanza bien fundada de que podía ser un año codornicero porque se daban en principio todos los condicionantes: campos exuberantes de vegetación, cereal abundante —incluso con hierba— y carencia de herbicidas primaverales consecuencia de las persistentes lluvias.

Así las cosas las codornices entraron muy tarde al encontrar en el sur peninsular un hábitat bueno, fresco. A pesar de todo los cazadores esperanzados porque entendían que tarde o temprano tendrían su oportunidad al crecer los pollos de las puestas en el norte.

¡Pero ay amigo! En materia de caza la dicha nunca es perfecta. Llegó el eclipse de hace dos semanas y con él se fueron muchas codornices que no estaban criando. Hambre para hoy y pan para mañana. De momento y con razón los cazadores tristes con unas perchas ridículas, salvo contadas excepciones, sobre todo en zonas puntuales de Burgos.

¿Y ahora qué?, se preguntarán. Pues a esperar unos 10 días a que los muchos pollos que se han visto alcancen la madurez y sean tirables. Sin contar los adultos que se han refugiado en las piezas en las que se está cosechando ahora. Más vale tarde que nunca.

Así que todavía se pueden conseguir resultados aceptables en algunos lugares. Es bien seguro que esta viajera por excelencia seguirá deparándonos movimientos migratorios muy difíciles de analizar y nuevos de prever. Y es que la luna es una gran aliada de los animales.