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Juan Antonio Sarasketa

El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Presidente de honor de la Oficina Nacional de la Caza.

Apunta bien

Todo apunta a que la temporada codornicera en general va a ser buena. Hacía falta. En las zonas con gran tradición codornicera, llámese norte de Burgos, montaña leonesa y Aragón, muy buena. En La Rioja de todo, zonas buenas y otras no tanto. Y en los lugares donde normalmente no se están dando no esperen milagros.

13 ago. 2018 - 3.010 lecturas - No hay comentarios

No deja de ser sorprendente cómo han cambiado las cosas en Aragón con el regadío, algo parecido a lo que está pasando en Marruecos. El agua hace milagros donde hace mucho calor. Las codornices han entrado muy tarde y es normal que ahora estén criando en unos campos de cereal, algunos sin cosechar y con una hierba fruto de no haber utilizado herbicidas por las lluvias en primavera.

Les viene fenomenal; perdices han criado bien —veremos las que quedan en la época de siembra—, las rabonas también como los conejos, y las torcaces excepcionalmente. Lo de este animal está siendo una bendición. Mientras tanto los cazadores vascos a verlas pasar a la espera de que a los señores de Bruselas les dé por modificar la fecha de cierre. En ello andan en estos momentos, a ver si les ilumina San Huberto para que los vascos, como otros, tengan unos pocos días más de entretenimiento, que falta les hace.

Importa ahora tener el perro entrenado, para llevarle con tacto, animándole, que no le falte agua, cortando el terreno cara el viento, sin prisas y, cuando las muestre, acercarse lo máximo para poder contar hasta tres antes de doblar el dedo índice. Previamente llevar la escopeta a la cara y no a la inversa. La mano izquierda no muy estirada para poder correrla fácilmente. No olvidemos que es la que mata. Una vez cazada la pieza por el perro, agradecérselo, él lo da todo a cambio de un simple caricia, como si de siervo y señor se tratara. Sin lugar a dudas el momento más entrañable de la jornada. El perro sentado con la codorniz en la boca dispuesto a dársela en la mano a su dueño. ¿Qué más se puede pedir? Fidelidad extrema. Conviene señalar que para el perro en ese momento la codorniz es su máximo trofeo.