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Alberto Miñambres

Con el Viento de Cara

Alberto Miñambres

«Mis dos grandes pasiones son los galgos y las esperas al jabalí, soy cazador por condición y galguero por pasión»

Reforestaciones con especies de rápido crecimiento e incendios, disfruten lo sembrado

En Plena ola de calor en este verano de 2022 estamos viendo arder España por los cuatro costados, si hace escasamente un mes vimos como ardía mi querida Sierra de la Culebra, que tantas veces he andado, hoy arde Zamora de nuevo, las Urdes, el Jerte, O Barco, Ávila, Mijas, Cataluña…

21 jul. 2022 - 3.494 lecturas - No hay comentarios

Pero la pregunta es ¿quién es el responsable de todo esto?, ¿son los políticos?, ¿el cambio climático? ¿El cambio de usos en el monte?, ¿la despoblación?, ¿o un cumulo de todos ellos? Desde mi humilde opinión voy a intentar desgranar por qué ha acontecido esta tormenta perfecta.

Si vemos las imágenes de los incendios en televisión, en el noventa por ciento de los casos lo que vemos son incendios sobre masas forestales de especies de rápido crecimiento, pinos y eucalipto en su gran mayoría, con un mayor coeficiente calórico una vez comienzan las llamas, estos incendios son casi imposibles de controlar hasta que el fuego calcina la práctica totalidad de la masa forestal.

Estamos empezando a ver lo que se llama incendios de sexta generación o inextinguibles, donde los medios técnicos y humanos ya no son capaces de controlarlos, un incendio de sexta generación es aún más agresiva. La masa de combustible es tan grande que el fuego modifica las condiciones meteorológicas, crea remolinos, tormentas, cambia de rumbo, acelera… Son fuegos que superan la capacidad de extinción de las brigadas forestales, cuyo límite son llamas de tres metros y velocidad de propagación de 2 km/h. En Zamora (incendio de Losacio) hace un par de días, las llamaradas alcanzaron 20 m y velocidades aterradoras de más de 15 km/h. El fuego rapidísimo de copas, propiciado por la cantidad de y pinos y monte bajo, es técnicamente inapagable e impredecible. Ataca por sorpresa, provocando conatos aquí y allá, como una manada de lobos salvajes.

No se trata de buscar culpables inmediatos a los continuos fuegos que estamos padeciendo con el político de turno que gobierna en estos momentos, el mayor  culpable es el tristemente famoso Plan Nacional de Repoblaciones de 1940, así como los organismos del Estado que lo desarrollaron y pusieron en práctica —Patrimonio Forestal y Distritos Forestales primero, y después el Icona— no lograron conservar la superficie de nuestros bosques, mantener su estructura ni defender nuestro suelo de la erosión, ¿cuáles fueron realmente los objetivos e intereses que lo promovieron? Parece evidente que la casi exclusiva preferencia en la repoblación por las especies de crecimiento rápido —pinos y eucaliptos— que proporcionan en poco tiempo la materia prima necesaria para las industrias de la madera, y particularmente para la de la fabricación de pasta de papel, fueron los objetivos prioritarios y exclusivos.

Durante los 44 primeros años en los que este Plan estuvo en vigor se repoblaron 75.000 ha/anuales de media. Entre 1940-1966 se habían repoblado más de 1.500.000 ha, la cuarta parte de los 6.000.000 previstos en 100 años.

Con estos datos lo que podemos decir, es que España y gran parte de Portugal son una gran tea lista para ser encendida, lo que estamos viviendo se ha venido gestando a lo largo de décadas de políticas forestales erróneas, que además han restado valor a los terrenos que se han reforestado con estas especies, en lugar de haberlo hecho con especies autóctonas, encina, alcornoque, robles…

Este desmán ha sido regado con ingentes cantidades de dinero público de los distintos planes de forestación de tierras agrícolas en varias comunidades autónomas.

El dato más curioso, es que la subvención para plantación, limpieza y poda de estas especies, que suele rondar los doscientos euros por hectárea/año, es cien veces superior al rendimiento que tras 20 o 22 años, produce cada hectárea en metros cúbicos de madera de corte, un disparate todas luces.

Ha llegado la hora de reforestar con especies autóctonas, encinas, robles, alcornoques, castaños, nogales etc… aunque nuestras generaciones no vean los nuevos bosques en plenitud, le dejaremos a las generaciones futuras una España arbolada, rica medioambientalmente y de suelo fértil.

Ha llegado la hora de invertir en prevención más que en extinción, las mejores cuadrillas para limpiar montes tienen cuatro patas, el ganado, fomentar la ganadería extensiva es el futuro de muchos pueblos y sus entornos, invirtamos dinero ahí y veremos como con el paso de los años los incendios se van volviendo más fáciles de manejar.

No se debe seguir subvencionando la plantación de pinos y eucaliptos, sino su tala y posterior sustitución por especies autóctonas, algo que no se va a hacer porque detrás de estos mega incendios existe el gran negocio de la extinción de los mismos.

Desde estas líneas quiero dar mi más sincero pésame a las familias de los dos paisanos zamoranos fallecidos en estos días terribles, a Ángel “el héroe de Tábara” que casi se deja la vida por defender su tierra y su pueblo, verdaderas víctimas y héroes de esta tragedia medioambiental que nos ha tocado vivir en este infernal verano 2022.

Como dijo Winston Churchill en referencia a los pilotos de RAF en la segunda guerra mundial en su famosa cita: "Nunca se ha debido tanto por tantos a tan pocos." Valga esta frase para todos los brigadistas, bomberos y gentes del campo que luchan sin cuartel contra el fuego a lo largo y ancho de nuestra geografía, después de haber estado personalmente en el incendio de Zamora, en Melgar de Tera, mi pueblo, creo que la verdadera España valiente, trabajadora y respetuosa con el medio natural, es la “España del mono azul” y no los ecologetas de iphone y despacho, a los que por cierto no he visto por allí ayudando a apagar las llamas.

 

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