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Miguel Ángel Romero

Desde mi Tronera

Miguel Ángel Romero

Colaborador habitual de publicaciones cinegéticas

La mala y consentida gestión del ciervo en España

Voy a tratar de resumir, en la medida de lo posible, lo mucho que no se dice, lo que se calla y lo que se miente sobre los ciervos en la Península Ibérica española, cuyos componentes, los ciervos, están considerados como los más valiosos de la caza mayor.

11 nov. 2019 - 7.339 lecturas - No hay comentarios

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que el ciervo rojo vivía en prácticamente toda la Península Ibérica gozando de unos privilegios regios muy especiales por ser un animal destinado a ser cazado por las altas jerarquías tanto de España como del resto del mundo, y en eso no hemos cambiado.

Pero, a principios del siglo pasado, llegó una época en la que la necesidad empujó a los aldeanos, menestrales y demás personal alejado de la nobleza a una persecución sin cuartel que propició que a principios del pasado siglo sólo sobreviviera el ciervo en: Sierra Morena, Montes de Toledo, Sierra de San Pedro y las Valluercas. Las convulsiones de los años 30 dieron un bajón tremendo a una cabaña que empezó a regenerarse de la mano del hombre inmediatamente después de la guerra civil española. Terminada la guerra, la dictadura no dudó en crear figuras para recuperar una cabaña que prácticamente llenó toda España de diversas figuras legales para cobijar a los ciervos. Me refiero a figuras tales como: montes comunales, fincas particulares, cotos regionales y demás entes semioficiales u oficiales que hicieron las delicias de las nuevas burguesías, héroes y hasta posibles criminales que han pasado a la historia como tales.

En definitiva, el ciervo aumentó y sigue aumentando como consecuencia de las repoblaciones cinegéticas (a veces inadecuadas). Además de una cierta expansión natural que les propició la casi erradicación de los lobos y el miedo de la gente a contravenir lo dictado por los componentes de una época social carente de toda lógica y figura legal pertinente.

Monterías y caza VIP española

Los ciervos habitan medios muy variados, desde los montes y matorrales de montañas frescas (Pirineos y Cordillera Cantábrica), a los pinares de repoblación (Montes Universales, Sierra de la Culebra, las dehesas (El Pardo y Monfragüe) o las sierras mediterráneas y sus rañas de cereal en los Montes de Castilla-La Mancha, Extremadura y Andalucía.

En lo que a censos se refiere, ni se sabe los que hay, ni existe un censo o por lo menos una estima de las diferentes razas, motivos por los que bien se puede afirmar que: «Todos son rojos», «Hay muchos» etc. etc. Tema este último en el que se trabaja de lleno para que las cuernas de los machos sean cada vez mejores, entendiendo por mejores: las más grandes, largas, gordas y sin defectos de ningún tipo, etc. etc.

El mal de ver quien meaba más alto, llegó a España y pronto figuró en la triste memoria de la Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza, junta que figura en el Gobierno de España – Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación. Donde los cráneos privilegiados se conforman con registrar las mediciones de una serie de componentes que conforman la validez del trofeo para darle una medalla, cuando tirando de becarios y utilizando de una vez el big data se podía obtener una información que redundaría en beneficio de todos y por lo menos dar un uso debido a esos macroordenadores que tienen las autonomías. Darles uso para no tener que tirarlos a la basura antes de utilizarlos. Bueno, en la lista verán desde el Rey Emérito hasta al último ilustre presidiario.

Los muchos ciervos, en aras de obtener beneficios económicos procedentes de las monterías, propician que los latifundios o fincas importantes tengan cantidades de ciervos que, en ocasiones, excedan la capacidad del medio. Tanto es así, que algunas fincas tienen hasta más de 100 ejemplares por kilómetro cuadrado. Abundancia excesiva que deja los encinares recomidos y, lo que es peor, les dejan sin posible regeneración natural. Como ejemplos publicitados tenemos: Saja (Cantabria), la Garcipollera (Huesca) y la Serranía de Albarracín (Teruel).

Lugares que habitan los ciervos

El ciervo deja señales inconfundibles para saber lo que hay en un determinado lugar. Si observan los árboles, en muchos verán rozones propiciados al frotar y desprenderse del correal de las cuernas. En el caso de las coníferas jóvenes, el ciervo deja su marca al comer los cogollos y quedar más bajo el árbol. Pero la forma más segura, es estudiar los bañiles donde se desparasitan y se bañan.

 

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