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El Cazador Conservador

José Luis Charro Caballero

Verde que te quiero verde

La gestión cinegética exige también el cuidado de la alimentación de la fauna, lo que conlleva la preocupación por la flora que le sirve de alimento.

09 abr. 2021 - 1.267 lecturas - No hay comentarios

El clima mediterráneo recibe el nombre del mar que define un área de singularidad ecológica donde es típica esta meteorología, que también está presente en otras zonas del planeta, aunque con variaciones en cuanto a la distribución de las temperaturas.

Tiene unas características muy concretas, se trata de un clima de inviernos algo lluviosos y veranos secos y calurosos, con otoños y primaveras variables, tanto en temperaturas como en precipitaciones.

Un acontecimiento muy característico en estos territorios es la sequía veraniega, ya que la época más calurosa coincide con la de menores precipitaciones. El estío, por tanto, es el periodo anual de mínima disponibilidad alimentaria para herbívoros en el ecosistema mediterráneo.

Sin embargo, en la primavera es el momento en que nuestros pastos están verdes y su poder nutritivo es de alta calidad, además hay brotes de monte, frutos y semillas. Este periodo de abundancia es corto, lo que ha hecho que la pascicultura se haya profesionalizado para mejorar el rendimiento en la alimentación del ganado durante todo el año, y satisfacer sus necesidades. Por ejemplo, son prácticas habituales el almacenamiento y conservación de forraje, pastoreo rotacional y regadíos, todo ello objeto de investigación y progreso día a día.

La gestión cinegética muchas veces recurre a estas ayudas para la fauna, como la suplementación con forraje ensilado y cereal en puntos de alimentación o los regadíos de trébol, para pasar el bache alimenticio de agosto hasta el verdeo otoñal, que viene con las primeras lluvias de septiembre. Con esto hemos de tener claro que conseguimos mejorar las condiciones de bienestar animal, una buena alimentación en una época desfavorable que además disminuye los grandes desplazamientos que la fauna realizaría en busca de comida y el peligro que para la misma conlleva.

No recurrir a ello supone en primer lugar necesariamente disminuir las densidades de animales y estos quedan a su suerte. En este punto es necesario hacer una reflexión ética sobre la intervención técnica que da lugar a una mejora de las condiciones ecológicas del medio, y hasta donde se considera natural o artificial la gestión y fomento de la fauna silvestre.

El alimento proporcionado ha de ser del recolectado en el mismo hábitat de forma ecológica y natural para evitar la propagación de especies o enfermedades. Por ejemplo, el cereal puede estar mezclado con «malas hierbas» en el momento de la cosecha y ambas semillas trasladarse juntas y la difusión de una dar origen a la dispersión de la otra, alterando el equilibrio ecológico del medio. La llamada hierba de la pampa, Cortaderia selloana, es un ejemplo de lo que puede ocurrir. Con la importación de cereales procedentes de Argentina vinieron entre los granos de trigo algunas semillas de la hierba de la Pampa. Su expansión comenzó a mediados del siglo XX favorecida por la semejanza de las condiciones climáticas entre la Pampa y el clima mediterráneo y hoy es una especie floral alóctona ya establecida de imposible erradicación.

 


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Reflexiones sobre La Caza. Beneficio medioambiental que reporta. Su ejercicio, su cultura y su arte. También código CAZA.

Ya se acabó el alboroto.

 

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