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El Cazador Conservador

José Luis Charro Caballero

El origen de las artes particulares

Civilización y cultura no son exactamente palabras sinónimas. Civilización era utilizado hasta el siglo XVIII como antónimo de barbarie y del vocablo cultura encontraríamos muchísimas definiciones. Aún así utilizadas en sociología son conceptos modernos equivalentes.

03 abr. 2020 - 1.947 lecturas - No hay comentarios

La cultura, referida al modo de vida de una sociedad, la constituyen las costumbres y los conocimientos artísticos, científicos, económicos y técnicos. La asunción colectiva de los mismos valores culturales define como civilizados, tanto a una sociedad como a los individuos pertenecientes a ella.

Muchas poblaciones antiguas nos pueden resultar extrañas desde nuestras convicciones actuales. Cada época ha tenido sus normas, que han determinado la manera de ser y de actuar de sus individuos; las cuales han podido ser distintas, incluso antagónicas, entre grupos coetáneos separados geográficamente. Y al preguntarnos qué han tenido en común todas ellas encontramos que fue la caza la que les dio la civilización, y la cultura vitalista de la civilización cazadora aportó múltiples manifestaciones, técnicas, culturales, artísticas y sociológicas.

El umbral del hombre primitivo está en la aparición de su inteligencia. El pensamiento es la herramienta humana más poderosa, ya que mediante la reflexión transforma su entorno para adecuarlo a su provecho, al contrario que los demás seres vivos vinculados a su medio natural. La necesidad de capturar animales le condujo a la fabricación y al uso de armas y de instrumentos, lo que estimuló aún más su cerebro al tratar de trasladar la idea a la materia. Sabedor del valor de sus útiles, transmitió a sus descendientes como fabricarlos y usarlos. Ahí empezaron las sociedades tribales que dieron origen a las distintas civilizaciones, a las distintas culturas

A partir de la cultura se manifiesta la actividad humana, una de cuyas expresiones es el arte como modo de interpretar lo real, o de plasmar lo imaginario. Utilizando recursos plásticos, lingüísticos y sonoros. El arte es una actividad que además de perseguir un fin estético es fundamentalmente comunicativa, y en cada época nos ha dado una visión del mundo.

La caza se muestra en todas las bellas artes, particularmente en la pintura y en la escultura desde el Paleolítico hasta nuestros días. En el Paleolítico superior surgen en las paredes de las cuevas, con las primeras esculturas femeninas de fertilidad, la representación pictórica de animales mamíferos objetivos de aquella cinegética.

Aquellos cazadores indefensos en aquel terrible medioambiente, en aquel hábitat tan hostil para la especie humana en los inicios de ésta, fueron capaces de inventar las armas que les permitieron no solo defenderse sino también atacar, y apresar a los animales que les agredían o huían. Tan orgullosos estaban nuestros antepasados cazadores, que como hemos dicho antes, nos han dejado testimonio artístico plástico.

Los valores modernos de la sociedad occidental tienen una base religiosa, precisada en la biblia, el Génesis en los siguientes versículos dice.

1.27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 1.28 los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Pero miles de años antes de esa constatación bíblica, muchísimo antes de que existiera la escritura, nuestro antepasado de las cavernas sabía que ese dominio antropológico, no exento de duros y trágicos sacrificios, se consigue solo por la superioridad intelectual, que le permite la capacidad de organizarse, y por la facultad de fabricar armas de caza. Útiles que, con el tiempo, han llegado a construirse con tal grado de sofisticación, y capacidad de destrucción, que en la caza deportiva no se utilizan, pues es explícita la «libérrima renuncia del hombre a la supremacía de su humanidad» para ejercer la caza (Ortega y Gasset). El hombre, a semejanza de su creador, quiere que las criaturas fructifiquen y se multipliquen, señorear sobre ellas para nunca exterminarlas.

Lo que no es nuevo, pues el principal temor del hombre primitivo que era «no tener caza» le llevó a elaborar conceptos que le trascendían, mágicos y posteriormente religiosos, y precisamente por ello inventó el arte. Y antes que el deseado éxito venatorio, siempre ha antepuesto su preocupación por la conservación y reproducción de las especies silvestres.

Nuestra civilización empieza a formarse a partir del cazador-recolector, podemos afirmar que la caza ha sido la base del progreso humano. La fabricación de artefactos para cazar, por muy básicos que hoy los veamos, señala la fecha de la aparición del moderno homo sapiens, de nosotros mismos. Las armas, y el control del fuego, sitúan al ser humano en condiciones de empezar a ejercer el dominio efectivo sobre su hábitat.

La caza tiene muchas manifestaciones culturales, es transversal en todas las bellas artes y tronco en el inicio de ellas y dio paso a su arte, y también al origen de la magia. Al hombre prehistórico los animales además de proporcionarle elementos fundamentales para subsistir, comida y vestido, le han hecho progresar intelectualmente, ya que tenía que diseñar estrategias para capturarlos. La depuración y estandarización de éstas le permitió disponer de más tiempo, y en su progreso intelectual a partir de ahí utilizó el arte para la magia.

¿Por qué nuestro antepasado pintaba animales en las paredes de la gruta?

La respuesta es que no solo pintaba, cuando plasmaba en la pared de la cueva el motivo cinegético lo que hacía era cazar, pensaba que lo pintado se haría realidad, por eso su pintura es mágica.

La magia se define como el «Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales».

La magia es precursora de la religión, los primeros hombres necesitaban dominar su entorno, lo que dio lugar a ritos que con el tiempo serían sagrados. Para nuestro antepasado, el homo sapiens, el acto mágico era el de pintar, y el resultado que buscaba era conseguir la pieza grabada en los frontispicios de la caverna. Pintar para él era una acción más, de las que son necesarias para cazar según la estrategia que pensara seguir.

Es consustancial a la caza la escasez, eso lo sabía nuestro ascendiente paleolítico. Por ello pintaba las piezas que tanto deseaba. Fijémonos por otra parte la representación de predadores era escasa y en las pocas ocasiones que ser representaban, era como ritual para mantenerlos alejados, para darles muerte a través del ritual mágico.

La enorme cierva de Altamira está plasmada no como ejemplar a abatir sino como icono de fertilidad. La conservación, por la reproducción de las especies es inherente al oficio de cazador desde siempre.

La creencia en la magia se construye y practica dando por cierto dos principios que sentencian: «que lo igual ocasiona lo igual, y que los objetos que han estado juntos seguirán teniendo las mismas influencias aunque estén separados». Esta es la llamada «magia simpática» (La RAE define en su diccionario, en la acepción quinta, la palabra simpatía como la «relación entre dos cuerpos o sistemas por la que la acción de uno induce el mismo comportamiento en el otro»).

Pues bien en las pinturas de nuestras cuevas aparecen los cazadores con la pieza de caza que se anhela. Es la magia imitativa en que lo igual producirá lo igual, por lo tanto ocurrirá en la cacería lo que anticipa el mural de la pared, que será visitado durante siglos por los primeros cazadores para impregnarse de su magnetismo mágico; esta veneración está muy cerca, es la antesala, de la aparición de la religión.

Así de este modo, las imágenes asegurarán el éxito en la cacería. Hoy nuestros deportistas repiten, ritualmente, aquello que en anterior ocasión piensan que les haya dado buena suerte. Actualmente el trofeo de caza que consigue el cazador lo exhibe con orgullo, para recordar el lance, como decoración elegante, y posiblemente por el deseo, más o menos consciente, de conseguir a partir de él otros trofeos iguales o mejores. Trofeo que representa el éxito: Éxito del cazador por conseguir la mejor elección, y éxito del gestor por conseguir que la naturaleza le dé un fruto mágico e inigualable.

Y esto no solo lo hace el deportista de la caza, la colección de trofeos se hace en todos los deportes y en muchas más actividades. Con nuestros primeros padres cazadores tenemos muchas más cosas en común, de las que algunas veces pensamos. Mentalmente no estamos muy lejos de nuestros ancestros, a pesar de que en el tiempo nos separen de ellos tantos miles de años.

Seguimos con los postulados de la«Sympathetic magic».

El hombre paleolítico se desplaza, porque nuestro artista cazador para conseguir las piezas de caza deseadas necesita marcharse lejos de su caverna. Así nace el arte mueble, en contraste con el arte parietal. En todos los ajuares prehistóricos encontrados aparecen objetos con animales pintados; o tallados como, por ejemplo, el bisonte grabado en hueso (Oyarzun). El objetivo es siempre el mismo, provocar la buena fortuna en la caza. Estas figuras fácilmente transportables son los primeros amuletos; actualmente hay muchas personas que siguen atribuyendo a éstos la atracción de la buena suerte.

Con esos talismanes el hombre primitivo se adornará. Y pasado el tiempo ese ornamento indicará su status social dentro del grupo. Hasta nuestros días en que la práctica de la cultura del adorno ya sea cosmético o de manifestación de autoridad, sigue vigente.

Las pinturas, y objetos del paleolítico, dan fe de que los cazadores primitivos se adaptaban al medio ambiente en que vivían, e influían positivamente en él transformándolo y administrándolo para cazar y conservar la caza. Hoy esta labor le corresponde al gestor; una buena gestión medio ambiental de los territorios permite al cazador el placer inefable de vivir el encanto de la caza. Mientras persigue al animal seleccionado, disfrutará viendo las hembras que con la magia de la reproducción le permitirán, a él y a generaciones futuras, revivir el lance atávico de la captura del animal salvaje. Sentirá la misma emoción que sentía el hombre de las cavernas, cuando pintaba la hermosa cierva para que la especie no cayera en declive.

Detengámonos ahora el proceso de plasmar sobre la roca unas figuras que todos los humanos identificamos. La parte técnica de elegir un colorante que perdure, o en el caso de los petroglifos dejar un grabado en la peña desgastando su capa superficial requieren un alto grado de progreso, que nos demuestran que el hombre antediluviano no era tan primitivo.

La civilización cazadora se extendió por el mundo, ya que salvo en la Antártida encontramos arte rupestre en todos los continentes. Y este arte, que no es abstracto, es sin embargo un prodigio de arte figurativo que está en la frontera de la abstracción; pues el animal es grabado, o pintado, reflejando únicamente aquello que le define y le diferencia como especie. Con unos trazos se plasman los cazadores, los ciervos y las ciervas en imágenes totalmente reconocibles, sin buscar la verosimilitud pues ese esquematismo omite adrede los detalles irrelevantes para lo que se quiere representar. Rozar la abstracción y que a la vez sea de fácil compresión la representación de lo elegido como modelo, coloca al hombre, como actitud mental, en la senda de un progreso imparable, que empieza ahí, en la caza sostenida. En términos de arte decía Picasso que «Después de Altamira todo es decadencia». A esta cueva se la llama «La capilla Sixtina del arte rupestre», porque el subconsciente colectivo acepta que tiene en común con la del Vaticano su carácter sagrado, para aquellas generaciones que iban a ella a rogar la suerte venatoria.

Es difícil establecer fechas para el origen de este arte cazador, que se pierde en la noche de los tiempos, pero las primeras pinturas al reflejar con todo detalle el modo de cazar nos manifiestan una ausencia, la del perro; todavía no existía porque en el proceso evolutivo aun no estaba separado del lobo, por ello no aparece representado como compañero de cacería. El perro buscó al hombre hace unos treinta mil años, pero mucho antes ya existía el arte, para el que serviría como motivo artístico, siendo representadas las distintas razas, que surgieron por el cuidado del hombre.

Muchos milenios más tarde, el hombre con la ayuda inestimable del perro consigue llegar a ser productor de alimentos, para así no depender de la aleatoriedad de las capturas, sin dejar de ser cazador pasa a ser pastor y labrador, como lo recoge también el Génesis en los versículos:

4.1 Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín.

4.2 Después dio a luz a Abel. Y Caín labraba la tierra y Abel guardaba el ganado.

Comparar estos versículos con los 1.27 y 1.28 nos obliga a pensar que los muy civilizados Adán y Eva, con hijos pastores y labradores, fueron creados a partir de nuestros cazadores rupestres.

La práctica de la caza desde que el hombre fue productor de animales se bifurca según la doble finalidad, de utilidad y de entretenimiento; primando con el trascurso de los siglos lo segundo, en que llega a ser deporte de reyes, como se da fe de ello en toda la Historia del Arte. La representación de escenas de venatoria, o de animales objeto de ésta, es un invariante a través del tiempo, que nos explica mediante su testimonio plástico, escrito o sonoro lo que ha sido cada sociedad en cada período histórico.

Salvo la caza, no ha habido ninguna actividad humana, desde la Prehistoria, que haya estado presente en todas las artes que, se originaron precisamente a partir de ella.

 


El presente texto pertenece a la obra de José Luis Charro Caballero: Reflexiones sobre La Caza. Beneficio medioambiental que reporta. Su ejercicio, su cultura y su arte.

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