Enfermedades de los animales y caza

No pueden contemplarse las enfermedades de los animales en el campo con iguales perspectivas que en el laboratorio, en la granja, o en el corral.

José Miguel Montoya Oliver

05/11/2018 | 2269 lecturas

La perspectiva adecuada para el análisis de las enfermedades de los animales silvestres no puede ser acomodativa (usar unos conocimientos sanitarios preexistentes, solo por ser generales y por estar ya disponibles), sino que tiene que ser forzosamente ecosistémica; porque los animales del campo viven a la intemperie y sometidos tanto a los rigores y agresiones de los ecosistemas o de los agrobiosistemas. Estoy diciendo exactamente que esta no es una cuestión solamente veterinaria, sino netamente pluridisciplinar: ecosistémica.

Los procesos de decaimiento e incluso muerte de la fauna cinegética deben contemplarse y diagnosticarse desde la perspectiva de los cuatro grandes factores de perturbación, propios y rectores de la regeneración, sucesión, y evolución en cada medio natural:

Factores de predisposición. Los excesos de densidad total (lagomorfos) o desequilibrios poblacionales (conejo y liebre), las pirámides poblacionales atípicas (desequilibrios en la relación de sexos, excesos o déficit de edad, desequilibrios entre las clases de edad) o los estados individuales inadecuados (deficiencias ambientales y daños previos) suelen ser los principales factores que predisponen a los individuos a sufrir la acción de las enfermedades.

Factores detonadores. Azares meteorológicos (oscilación intra- o interanual o incluso cambio climático) u otros (mutaciones en la enfermedad, introducción de genéticas foráneas a través de las repoblaciones…) pueden hacer detonar la enfermedad.

Factores catalizadores. Factores a la espera, condiciones ambientales del espacio o fenológicas de tiempo, que multiplican los riesgos.

Factores ejecutores. Los sicarios que finalmente matan. Pueden ser bióticos o abióticos, típicos (previstos y de equilibrio) o atípicos (imprevistos y agresivos).

Las intervenciones de naturaleza curativa en el medio natural sobre los factores ejecutores, a diferencia del caso de la medicina o la veterinaria, suelen ser inviables: por razones legales, sociales (repercusiones sobre otros usos y recursos), técnicas (inviabilidad práctica de su aplicación), ecológicas (impacto ambiental de los tratamientos) o económicas (costes, financiación y rentabilidad). También suele ser imposible actuar sobre los espacios y momentos que catalizan la actuación de las enfermedades, factores catalizadores. Lo mismo en lo que concierne a los factores detonadores (apenas si cabe evitar errores de repoblación). Son las actuaciones sobre los factores de predisposición (y sobre todo el cazar bien) las actuaciones sanitarias más viables: cazar bien es lo que sanea la caza, y lo que reduce el sufrimiento animal. Dejar de cazar sería el mayor error, aunque suele ser la propuesta más fácil y común, cuando se prescinde de la ecosistémica y de los condicionantes propios del desarrollo sostenible y de la puesta en valor del universo rural.

Cuando aparece algún brote nuevo de alguna enfermedad, suele tenderse a magnificarlo y al alarmismo (fotos y ruido). Inmediatamente después se reclaman investigaciones, estudios y fondos (públicos, claro) para controlarla; pero… ¿cuánto se podría invertir realmente, sin incurrir en expolio doloso del erario? Pensemos a título ejemplo en la mixomatosis; por ejemplo, la de la liebre: ¿Cuánto valor generan la liebre o el conejo en España? y, a costes razonables y proporcionados, ¿cuánto se podría invertir consecuentemente en su investigación? ¿A cuánto podría salir cada ejemplar añadido tras la aplicación de los posibles tratamientos que en su caso se hallaran? ¿A más o a menos de lo que valen? La experiencia habida con el conejo de monte debería conducirnos a una reflexión seria. ¿Más de lo mismo? ¿Hacer como si hacemos? España no puede permitírselo, porque hay necesidades sociales mucho más urgentes.

En todos los recursos naturales renovables, y la caza lo es, el aprovechamiento es la herramienta principal de manejo (producir conservando y mejorando). Cazar bien es lo esencial, y eso no cuesta, sino que da. No estamos cazando bien, todos sabemos que los Planes de Caza son cuestionables por su escasa cuantificación. La llegada de una nueva enfermedad obligaría solo a cuantificar el impacto atípico de la misma a la hora de determinar la tasa de captura a aplicar. Apenas se precisa estimar este dato que es propio de cada coto: la mortalidad atípica producida en él. Corregir la forma de cazar, y esperar a que la Naturaleza haga su trabajo: debilitar poco a poco la enfermedad y fortalecer progresivamente la especie afectada ¿Quién ha llegado antes con el conejo la Ciencia o la Naturaleza?

No es esta la única reflexión posible en esta materia: ¿Las densidades poblacionales totales y su distribución interna son razonables? ¿Mutación o errores de repoblación? ¿Qué más da quien mate, el virus concreto, si la cura es inviable?

Diagnostiquemos pues el campo desde una perspectiva ecosistémica y contemplemos las enfermedades desde una perspectiva no alarmista, y si, aun así, hubiera razones para la alarma… ¿Podríamos hacer algo? Si la respuesta es no, más vale esperar pacíficamente a que el poder curativo de la Naturaleza actúe. Los agentes atípicos más dañinos suelen evolucionar con el tiempo hacia agentes típicos de equilibrio (recordemos lo que ha pasado con la mixomatosis del conejo). El erario no es un pozo sin fondo, como el campo no es un corral sin tapias.

José Miguel Montoya Oliver

 

Comentarios
4 comentarios
05 nov. 14:31
joselu3
Para mi personalmete lo de la Liebre es lo peor que a podido pasar a la caza en España, yo cazo en Castilla la Mancha y aparte de la perdiz era un gozo la caza y la carrera de l Liebre de los conejos no comento porque en muchos sitios es muy escaso. Pienso en los galgueros y su ilusión por los galgos para disfrutar con las carreras con las Liebres y esto pienso que a la larga se acaba o se puede acabar .Alguien culpable de todo esto deberia caer todo el peso de la Ley contra él.
05 nov. 23:14
Lobón  
Estimado Montoya, al hilo de lo que dices, sobre lo que habría mucho más que comentar, (como el caso del corzo y la miasis cavitaria importada que algunos achacan a imaginarias densodependencias) me gustaría saber tu opinión sobre la noticia de prensa aparecida en estas mismas páginas, que adjunto, tendente a aumentar la caza del jabalí, PARA QUE NO ENTRE LA PPA. Yo no entiendo nada ya.
""""Las Cortes abogan por reducir la población de jabalíes con más caza
Las Cortes de Castilla y León aprobaron este miércoles con los votos a favor de todos los grupos salvo el PSOE una proposición no de ley para exigir más controles cinegéticos que ayuden a reducir la población de jabalíes. Una medida que, junto con el refuerzo de la bioseguridad en las granjas, tiene por objetivo evitar la entrada en España de la peste porcina africana.""""
02/11/2018 | La Gaceta de Salamanca | I.A.G.

saludos
J. Lobón
06 nov. 10:36
josemiguelmontoyaoli
Amigo Joselu3:

No soy pesimista sobre el futuro de la liebre. No comparto el actual alarmismo. Ojalá acierte. ¿Recuerdas lo de la tularemia? Fue algo parecido, se fue y a veces volverá...

Veo que compartimos igual visión sobre la caza de la liebre. En los terrenos galgueables debería vetarse la escopeta, para usarla solo en las frecuentes explosiones poblacionales de la liebre en las llanadas galgueras. En los terrenos no galgueables, que en España son la mayoría, sí es cierto que solemos cazar la liebre con una presión excesiva.

Siempre recordaré, perdiceando por los llanos de la mancha, los cabreos de la Linda, cuando al levantar la liebre, me veía encañonarla, seguirla y dejarla ir. Se me ponía detrás en un cabreo supremo y parecía decirse ¡que trabaje tu padre! Luego, cuando cazábamos en los montes y cobrábamos alguna, se paseaba con ella en la boca por media sierra; se chuleaba con cara de decir: esta es mía y te la daré cuando me salga de ahí.

Un afectuoso saludo. Miguel






06 nov. 10:57
josemiguelmontoyaoli
Amigo Lobón:

¿Qué te puedo decir? Yo tampoco entiendo nada de lo que las administraciones, los políticos, los periodistas, ministrables, cabareteras y otros, opinan y ordenan sobre la caza. El cazador ha dejado de ser el "Hombre alerta" para ser el "Panoli perplejo". Multidisciplinarmente se ataca a la caza y las respuestas son a lo más sectoriales y un tanto bobaliconas.

La densidad poblacional biológicamente óptima es propia de cada especie en cada ecosistema, los problemas aparecen cuando razones de compatibilidad con alguno de los diferentes intereses humanos o ecológicos aconsejan una densidad diferente, mayor o menor que ella. Ante la actuación de agentes ejecutores atípicos, para una especie en un ecosistema, es razonable reducir la densidad por debajo de la biológicamente ideal; pero hay muchas otras cosas a hacer, pues los atípicos suelen "pasar" de la densidad. Como muy bien dices, habría mucho que comentar. Falta diálogo y reflexión, pero ya verás como alguien impone soluciones que no funcionarán, pero nadie le exigirá responsabilidades. La culpa es de los cazadores... Hacen falta más estudios... La culpa es de su partido señoría... Foto, medro y a otra cosa.

Un afectuoso saludo. Miguel

P.D. Con lo majos que somos los españoles de uno en uno... ¡Qué país de gilipollas estamos haciendo!

 

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