El primer día de caza

Me gustaría, además de contar lo que parece que nos espera en codornices, poder hacer algunas recomendaciones a los pocos cazadores noveles, cada vez menos, que este año se incorporan en la media veda a este oficio y arte de la caza.
José Luis Garrido

José Luis Garrido

11/08/2003 | 8748 lecturas

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Los veteranos ya estamos acostumbrados a los vaivenes de una etapa que responde a estímulos ajenos al cazador. La abundancia en la media veda es consecuencia, principalmente, de la climatología y condiciones ambientales y las posibilidades de caza en cada coto son función de aquella generosidad de crianza y de las maneras de hacer las labores agrícolas de recogida de la cosecha los agricultores del lugar.

Sólo acertamos cuando decimos que la media veda se presenta incierta, como cada temporada. Llevamos muchos años pidiendo datos y señales para hacer de arúspices, y predecir cómo viene la media veda y contarlo en estos medios. En principio esta campaña parece que mejor que estos últimos años, pero sin euforia. Como cada temporada, acertamos a grandes rasgos, pero sin poder matizar, porque estamos ante especies inciertas por su habitual movilidad. Este año tenemos algún mecanismo a mayores, el anillamiento, para acercarnos algo más a lo que nos espera en codorniz. Pero, como cada año, hasta que no finalice la primera mañana de caza por las rastrojeras del coto, no se sabe cuánto puede dar de sí la media veda, porque con la codorniz, no vale contar ni las que hayas visto el día anterior, a no ser que fueran pollos de menos de 8 semanas, que aún no pueden hacer movimientos migratorios.

El olor de los rastrojos al amanecer es único, oír el campo en el lubricán es escuchar una armonía especial, ver al rubicundo apuntando su redondez en el horizonte, es, para verlo, no para contarlo; en fin: el primer día de la media veda no es un día de caza, es una fiesta para los sentidos.

Tú, nuevo cazador, que seguramente habrás acompañado a alguien cercano en temporadas anteriores, te habrás percatado de que ese amanecer del primer día tiene un sabor inconfundible. El olor de los rastrojos al amanecer es único, oír el campo en el lubricán es escuchar una armonía especial, ver al rubicundo apuntando su redondez en el horizonte, es, para verlo, no para contarlo; en fin: el primer día de la media veda no es un día de caza, es una fiesta para los sentidos. La primera postura, el revuelo de la pollada que salta junta, el cobro irregular del perro, la ilusión por la primera pieza de caza, son vivencias que sólo experimentamos los cazadores. Disfrútalas. Porque la caza te dará también algún disgusto y muchos sacrificios. Pero sobre todo, incipiente cazador, respeta a la codorniz, porque lo merece como ninguna especie.

En la cultura cherokee —ese sabio pueblo indio, al que tantas faenas han hecho los estadounidenses—, el respeto a la naturaleza forma parte de su religión y de la filosofía de su vida. Dicen que cada animal que no es cazado con respeto, induce al mal cazador una enfermedad diferente. Los cherokees enseñan a sus iniciados que la caza requiere: preparar los pertrechos con respeto, perseguir al animal con respeto, darle muerte con respeto y comerle con respeto, porque cada animal es un ser irrepetible.

Además, iniciado cazador, el respeto consiste en aplicar con la codorniz el principio de precaución y no cazar más de las que se vayan a consumir. No dispares sobre una codorniz de vuelo irregular porque es un pollo y tampoco si vuela rasero y con caída inmediata, pues se trata de una hembra con pollos. Retira al perro ante una pollada y no permitas que te estropee las codornices durante el cobro. Lleva las codornices colgadas para que se aireen y cuélgalas a la sombra en las paradas. Interrumpe la caza durante las horas de calor excesivo. Si hay poca codorniz recomendar que se limiten jornadas, horarios y capturas. Hazte con un perro de buena nariz, que sea trabajador y no se tumbe inmediatamente a la sombra, que busque con afición y ahínco y que haga una postura estética.

Estamos anillando desde la laguna de la Janda, en Cádiz, hasta las estribaciones de los montes Malditos, allá en Huesca. Es más, estamos anillando incluso en áfrica, por la Federación Ceutí. Os decía que tenemos algún dato más y un futuro más técnico, pues cuando llevemos diez años anillando en toda España y en áfrica, podremos explotar algunos datos que requieren compararse con los de otras temporadas.

La codorniz a partir de marzo entró bien por Gibraltar y se encontró con la media España meridional toda verde y con un cereal exuberante muy apetecible para desarrollar esa función biológica que la codorniz hace como ninguna otra: crear especie. En esta Castilla cerealista, hemos tenido que esperar hasta finales de junio para anillar a tope y escucharlas cómo en los buenos años. Eran las nacidas en áfrica, en febrero y marzo, y en Andalucía después, que llegan a Castilla y León en con un celo singular, porque las hembras que se han encontrado en el camino andan resolviendo sus primeras polladas y no están para los escarceos amorosos solicitados por esos jóvenes fogosos.

A juzgar por las levantadas durante la siega, estamos ante un buen año de codorniz. Esta, que es una noticia buena y esperanzadora, no quiere decir que lo sea para ningún coto concreto, incluso de los que las han visto generosamente durante la siega. únicamente se pueden asegurar para la media veda los pollos vistos durante la siega, que al día del inicio aún no tengan la edad de emigrar. La codorniz es totalmente incierta.

José Luis Garrido
Presidente honorífico Federación de Caza Castilla y León
Director honorífico de la Escuela Española de Caza
Ex Director general de la fundación FEDENCA-RFEC

José Luis Garrido Modalidades y Métodos de Caza (2ª Ed. Junio-2015) Edita: Federación de Caza de Castilla y León. Teléfono 983 333 488 (autonomica@fedecazacyl.es)

 

 

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