Perdices anilladas

Anillar o no anillar, esa es la cuestión. La perdiz ha pasado de Reina de la caza menor, a ser el caos cinegético que nos aflige a tantos como añoramos tiempos pasados de generosidad y bravura perdicera. Hablar ahora de perdices de granja, de repoblaciones y de sueltas es el pan nuestro de cada día, porque este idioma encaja perfectamente en un momento en que las perdices de campo, la brava perdiz roja, se nos viene abajo.
José Luis Garrido

José Luis Garrido

27/12/2002 | 12357 lecturas

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En la mayoría de las regiones del norte de España la perdiz siempre fue escasa, pero brava, y aunque queden pocas nos resistimos a echar perdiz de granja. De Madrid hacia abajo el campo siempre fue generoso en perdices y, allí, los negocios cinegéticos no se han resignado a la escasez y han aliviado la penuria perdicera a partir de perdiz doméstica. Como en todo, hay honrosas excepciones de gestores que tienen claro lo que quieren y se resisten al artificio. Caso ejemplar el de esa agrupación AMPER que se crea alrededor de la defensa de nuestra natural y brava perdiz roja en la provincia de Cádiz.

La perdiz de criadero llena el morral, pero se entrega mansueta y no satisface al cazador recio, que busca el reto en la dificultad del lance. Pero, además de mansa, la perdiz de granja cuando es manejada por inexpertos y criadores poco profesionales, es un gran peligro para la amenazada perdiz montaraz que fue siempre orgullo de la caza en España. La claudicación de la perdiz de granja, a que aludíamos, sin ninguna resistencia ni rebeldía, infravalora la caza y disminuye el estímulo del deportista, pero no es donde está el peligro; una perdiz de granja pura y sana, aunque no se adorne de ese atributo singular del valor silvestre de la bravura, es una perdiz admisible que puede ir adquiriendo difidencia si somos capaces de mantenerla viva en el campo el tiempo suficiente como para que, o espabila, o la naturaleza le aplicará inexorablemente la filosofía darwiniana. El grave peligro se presenta porque en el campo se está echando de todo, perdiz criada con ciertas garantías y también, mucha morralla, mucha perdiz hibridada, enferma y portando parásitos extraños. Y los cazadores, que conocemos y hablamos de la situación constantemente, no hacemos nada, o hacemos muy poco, por evitar este bastardeo continuo a la naturaleza. Entre todos estamos acabando con uno de los valores naturales más genuinos de la fauna española.

¿Cómo distinguir al profesional del chapucero contaminador? Creo que ya nos conocemos casi todos. Sería muy bueno poder identificar la denominación de origen, el marchamo que distinga a una perdiz de otra a través de su anilla. La anilla posibilita que el cazador convencido de su bondad pueda solicitar una marca determinada, como se distingue una corbata, o el lechazo churro. Si la perdiz sobrevive una o varias temporadas, la anilla permitiría al gestor del coto poderlo certificar. La anilla evita que nos den gato con aspecto de liebre, además, posibilita los controles legales que requiere el manejo de la fauna y también, la aplicación de cualquier subvención a la actividad, o el pago de impuestos de su transacción comercial. La anilla obligatoria impide en gran medida el negocio a tanto mercachifle que compra una incubadora y suelta lo que de allí salga, para contaminar su coto y los limítrofes.

La anilla tiene algún inconveniente. Hay algunas perdices que en primavera buscan un territorio de calidad y se desplazan incluso hasta 16 Km. según certifican algunos estudios. En cualquier caso, estamos hablando de porcentajes insignificantes y encontrar una anilla entre muchas perdices bravas no quitaría prestigio al coto receptor y menos, sabiendo que esa perdiz ya ha pasado los controles de calidad, además de un invierno en campo y se conoce su procedencia. También puede resultar negativo el coste del anillamiento; pero creo que cualquier administración estaría dispuesta a subvencionar la posibilidad de controlar lo que se suelta al campo. Yo no veo otros problemas. En todo caso, pienso que las bondades de anillar superan holgadamente a los inconvenientes.

Los que no desean controlar sus perdices será porque tienen algo que ocultar. Todo apunta que a nuestros mejores espacios perdiceros se sueltan alrededor de cinco millones de perdices. Los datos de capturas anuales, de tres a cuatro millones de perdices, que manejamos en las estadísticas que entregan cada año las Comunidades Autónomas, nos hacen estimar que hay cerca de dos millones de perdices que no se declaran. Las perdices bravas no hay por qué ocultarlas, ya que es un prestigio que el coto disponga de ellas. Como tienen mala prensa, como norma general, ninguno de los dos implicados en la suelta de perdices quiere darlo a conocer. Ni el organizador, que no quiere descubrir que a lo que se dispara es a un animal lerdo, ni el productor, por razones impositivas obvias.

Las perdices son liberadas de dos maneras: para sueltas y para repoblaciones y estas últimas, bien para reforzar a polladas silvestres, bien como perdices adultas en cercas de aclimatación. Esto es totalmente legal y en muchos territorios imprescindible. Pero la perdiz debería ser patrimonio de la humanidad y su custodia es una responsabilidad de los poderes públicos y también de los cazadores. Y ninguno la estamos protegiendo.

?Qué hacer para cumplir ese objetivo? Además de otras actuaciones; creo que hemos dado ya el primer paso y la Federación a través de FEDENCA está colaborando en un estudio con el CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) que determinará el grado de hibridación de las perdices. Después de que se conozca esto, se establecerá el control de calidad y aquellas granjas que lo deseen y superen las correspondientes auditorías dispondrán de la certificación como suministradora recomendable de perdices. Anillar será, no sólo una exigencia del consumidor, sino, un derecho que reivindicará el criador responsable. Pues si es así, deberíamos empezar cuanto antes.

José Luis Garrido
Presidente honorífico Federación de Caza Castilla y León
Director honorífico de la Escuela Española de Caza
Ex Director general de la fundación FEDENCA-RFEC

José Luis Garrido Modalidades y Métodos de Caza (2ª Ed. Junio-2015) Edita: Federación de Caza de Castilla y León. Teléfono 983 333 488 (autonomica@fedecazacyl.es)

 

 

Comentarios

Comentarios cerrados

1 comentarios
22 feb. 2006 20:36
m.p.
Hola a todos y un especial saludo al autor del articulo, bueno mi comentario va dirijido al anillamiento de perdices u otras especies cinegeticas criadas en cautividad y soltadas en el medio natural, y lo hago desde el punto de vista del criador ya que me dedico a ello y me siento muy orgulloso de hacerlo, aparte de esta actividad tambien gestiono una empresa que vende caza y represento a traves de una asociacion a un colectivo de 100 criadores.

El tema del anillamiento es como bien dice este articulo muy controvertido, y todos los temas que se tratan aqui son bastante coherentes. La unica salvedad que tengo que hacer con respecto a porque el criador es reticente a anillar no solo es por el tema economioco y, salvo contados casos de criadores no profesionales, tampoco va la cosa por ocultar las perdices. Al menos la opinion generalizada dentro del colectivo de criadores de perdiz y otras especies al que represento es mas bien estetica y explico esto mas detalladamente:

Tengan ustedes en cuenta que cualquier criador que se precie selecciona sus reproductores cuidando hasta el ultimo detalle, color, tamaño, forma de la cabeza, etc; despues en la recria se esmera en que la perdiz este sana, desrrolle colores vivos en su pico y patas con una alimentacion a base de productos frescos y sanos; aparte de cuidar todos aquellos aspectos que favorecen la buena adaptacion al medio de sus animales y por supuesto un buen comportamiento cinegetico en la medida de lo posible. Todo esto dicho asi en un parrafo parece sencillo pero no, creanme, esto es una jartá de trabajar y de invertir. Y para que se esmera el criador en esto, pues muy sencillo para que sus perdices en el momento de la suelta o repoblacion tengan las minimas diferencias con las silvestres. Entiendo yo que aquel cirador que consigue soltar perdices u otros y que la diferencia no se note, es sin duda un gran criador ya que ha cuidado el estado y aspecto de sus animales hasta el ultimo detalle.

Visto asi podriamos decir que aquel criador que consigue "engañar" al cazador es un buen criador. Pero lejos de engañar en el sentido de ocultar la identidad de las perdices, el criador, al menos la mayoria de los que yo conozco que son bastantes, no se opone a reconocer que la perdiz es de granja y por tanto a que se pueda identificar como tal, si no mas bien a que a sus perdices se les coloque una vulgar anilla y que de un simple vistazo a larga distancia se pueda diferenciar. Esto haria que la opinion del cazador estuviera condicionada, por muy bien que el hubiera hecho su trabajo y por muy buen comportamiento que tengan su perdices en cada uno de los lances.


Ya que la finalidad del anillamiento es identificar a las aves para aspectos de gestion y control sanitario y genetico, no seria mejor, y asi estariamos todos contentos (cazadores y gestores engañados y criadores), sustituir la palabra anillamiento por IDENTIFICACION , o mas bien sustituir las anillas por algun sistemas que tras una sencilla inspeccion visual del ave permita saber si esta es de granja o no y de que granja es, tales como grapas en el ala u otras que las hay de formas multiples y vairadas.

Desde la asociacion que represento ya hemos hecho llegar a la consejeria competente de nuestra comunidad autonoma nuestra preocupacion por este tema, y estamos trabajando en la creacion de un sistema de identificacion que permita saber el lugar de procedencia una vez capturado el animal.

 

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