Simón, -istas y -logos

Y era Simón en el pueblo el último enterrador…
José Miguel Montoya Oliver

José Miguel Montoya Oliver

06/05/2020 | 3779 lecturas

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No sé a ustedes, pero a mí lo que más miedo me da es cualquier cosa, persona o colectivo, cuyo nombre termine en -ista. Dicen los sabios que la terminación -ista es un sufijo de origen griego que significa ocupación, oficio, hábito o actitud. Bueno, vale, jueguen pues a hacer una lista, ahora que nos obra el tiempo. Luego miren lo que de siniestro, falso, traicionero, comprable o corrupto les ha salido; cada uno habrá hecho su propia lista, pero… ¿A que tengo, más o menos, un pelín de razón? La lista de cada cual será la de cada quién; temeremos de ellos cosas distintas, pero cada uno resultará ser temeroso (como dicen en La Alpujarra).

Juguemos ahora a otra cosa, juguemos con la terminación en -logo. Yo cada vez entiendo menos del mundo que me rodea; pero mientras que dicen los sabios que etimológicamente procede del griego y que significa «razón, ciencia, palabra», yo tengo muchas palabras terminadas así, libre es usted de buscar las suyas, y al menos para mí cada cosa que acaba en -logo es sinónimo de todo lo contrario, sinónimo de absoluta ignorancia. ¡Será que no hablo griego!…

Pero hablábamos de Simón, el ricitos al que todos llaman ya el enterrador, y que dice y dicen que es un «epidemiólogo». No sé dónde darán ese título; pero, al acabar en -logo, para mí es un certificado de ignorancia. Hablamos de un experto Simón que no sabe diferenciar entre el crecimiento de algo (infectados, muertos, curados…) por unidad de tiempo y de crecimiento de lo mismo por periodo de tiempo (crecimiento corriente y crecimiento medio); pero que dice cosas confusas, variables e ininteligibles, respecto a una mítica curva que, ¡ni que fuera un alambre!, trata de doblar, retorcer y romper. Debería tener en una mano la pala y en el hombro el azadón; pues si su hija fuera la verdad, vendría de enterrarla, bien honda y boca abajo.

Este y los expertos como este, -istas y -logos, han liado la que han liado, de la mano de otros -istas, como futbol-istas, tur-istas y femin-istas, y ahora encima van y la pían.

Pero vamos a ver… ¿Qué riesgo sufro o causo, qué daño, causo o sufro, si cojo mi coche en el garaje y me voy solito a pescar, cazar, o a pasear por el campo, y luego me vuelvo igual de solito, en mi mismo coche y a mi propio garaje?

¿Por qué todos estos -istas, todos estos -logos han dejado para el final el poder movernos y salir a respirar aire puro? ¿Son más seguros los carriles bici, los restaurantes, los supermercados…? ¿O simplemente ellos, los -istas y -logos, son más urbanitas y les da asco el campo, «ese lugar repugnante en donde los pollos andan crudos por el suelo»?

José Miguel Montoya Oliver
Dr. Ingeniero de Montes. Profesor Titular de la Universidad Politécnica de Madrid. Miembro del Comité Científico de la Red de Investigación en Sostenibilidad (Common Ground Research Networks. University of Illinois. Chicago)

 

 

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