¿Cuánto cazar?

Si la Ecología aplicada a la caza arranca del cálculo de tasas, ¿qué sentido tendría, si estas no se calculan debidamente? Curiosamente su cálculo es bastante sencillo.
José Miguel Montoya Oliver

José Miguel Montoya Oliver

15/04/2020 | 5062 lecturas

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Definimos las tasas estables, de cada especie en cada coto, como la parte de sus censos cuya captura permitiría la recuperación y conservación estable de cada censo.

Censo x Tasa estable = Crecimiento = Capturas estables

Los coeficientes implicados son:

1º/ Específico

Propio de cada especie, debe establecerse: 1º/ En la clase de calidad estacional más típica en sus hábitats naturales, 2º/ En las condiciones poblacionales de normalidad biológica de cada especie en esa calidad. Este es el único dato común a todos los cotos en los que aparece una especie.

2º/ Calidad

En un coto, atribuir cada especie a una clase de calidad, aporta como datos: 1º/ Una densidad poblacional biológicamente normal, en su cuantía total (biomasa) y en su pirámide poblacional (distribución); 2º/ Una tasa de crecimiento normal; 3º/ Un crecimiento normal. Usamos un marco de siete clases de calidad.

  • MÁXIMA. Es una calidad rara e inestable en una Naturaleza no intervenida intensamente por el Hombre: una situación demasiado buena que el ecosistema suele corregir a plazo más o menos breve.
  • MÍNIMA. Es una calidad frecuente e inestable, en la que no suelen poder efectuarse capturas significativas. En sus límites inferiores, si se sometiera a capturas, podrían aparecer colapsos biológicos.
  • INTERMEDIAS. Calidades frecuentes y estables. Se clasifican de I a V desde la más alta a la más baja. El producto de los mayores censos por la mayor tasa de crecimiento lleva a crecimientos poblacionales de hasta 5 veces entre la calidad I y V. Este dato da idea de la gravedad de prescindir de las clases de calidad. De aquí nace en buena parte la quiebra de los actuales proyectos y planes técnicos. Este fallo afecta especialmente a la perdiz y a la liebre.

3º/ Periodicidad

Para el manejo de las especies migratorias, suele decirse que deben establecerse los oportunos acuerdos internacionales, lo que viene a ser lo mismo que no decir nada; pues su manejo se pospone así sine díe. La cuestión de fondo, en el manejo de las migratorias y de las erráticas (liebre, jabalí…) es cazar en cada coto todo lo que se debe y solo lo que se debe. Si la duración del periodo hábil total para la caza de una especie es P, y el periodo útil para su caza en el coto es p (siendo siempre P ≥ p), su tasa de captura debe multiplicarse por este coeficiente de periodicidad (p/P). Durante el resto de su periodo de captura, mientras que esa especie no esté aquí, debería ser captada por otros, con igual derecho y deber de cazar. Este es un coeficiente de solidaridad entre cotos y gestores: a cada uno lo suyo y entre todos cumplir solidariamente con el principio de obligación. El no-uso de este coeficiente está afectando mucho a tórtola, codorniz y otras migratorias.

4º/ Foraneidad

No siempre están bien manejados todos los cotos donde se caza una especie. En algunos lugares, unos muy distantes (migratorias) y otros menos (erráticas, efectos de borde por fugas, sumidero, colindancia…), pueden estar practicándose capturas escasas, correctas o excesivas; en consecuencia, este coeficiente debe ser mayor, igual o menor que uno. Este un coeficiente de subsidiariedad que busca asumir las responsabilidades pendientes, a la escala más cercana posible y a la vista de la globalidad del problema. El no-uso de este coeficiente está afectando especialmente a las aves acuáticas que, al no cazarse en muchos humedales, quedan sometidas a procesos de mortalidad atípicos. Diremos, botulismo.

5º/ Atipicidad

Evalúa las posibles bajas poblacionales ajenas a la caza: impactos atípicos de otros valores, usos y recursos, furtivismo, depredación, enfermedades y plagas (distintas en su esencia o en su intensidad de las de debilidad o equilibrio), degradación genética (selección negativa, repoblaciones inadecuadas…), accidentes, contaminaciones y envenenamientos, daños abióticos extraordinarios… Como ejemplos típicos las enfermedades del conejo o los envenenamientos de la perdiz y otras especies. Este coeficiente puede ser mayor, igual o menor que uno. Puede ser mayor que uno, cuando se controlan intensamente los agentes de perturbación propios del ecosistema, algo solo aconsejable dentro de determinados límites. Es igual a uno en las condiciones naturales más típicas o frecuentes. Es menor que uno en presencia de alguna o algunas de dichas condiciones atípicas negativas. Mientras estas existan, habrá que rebajar las tasas de captura. Su no-uso está afectando a numerosas especies.

6º/ Densidad

En cada coto, el crecimiento de una especie puede verse afectado por desviaciones significativas de su densidad real respecto a la normal. Con densidades situadas entre los 2/3 y los 4/3 de la normal, el crecimiento resulta similar al normal. A partir de esos límites el crecimiento decae a ambos lados; llegando a hacerse prácticamente cero, tanto en la escasez de existencias (abuso de caza) como en las proximidades del límite de capacidad de carga del ecosistema (abuso de la no-caza). Las especies animales suelen presentar mecanismos eficaces de concentración en los mejores lugares de las poblaciones más escasas, o de dispersión espacial de las demasiado densas; aunque subsisten en ellas buena parte de dichos efectos.

  • Cuando las densidades son escasas, el crecimiento total resulta menor que el normal. Dejar menos madre que la debida, conduce a perder capturas…
  • Cuando las densidades son excesivas (por falta de presión cinegética), los crecimientos se reducen respecto al estado de normalidad, presentando la población menor vigor y salubridad y mayor riesgo de actuación de los agentes de perturbación. Muchos animales acabarán muriendo, padeciendo las terribles muertes propias del medio natural (¡Va por los animalistas!). La no-caza es, siempre y a la vez, una crueldad para los animales y un claro atentado contra el desarrollo sostenible.

Zootécnico

Cuando las alteradas por el Hombre son las pirámides poblacionales naturales de una especie (distribución según sexos, edades, calidades individuales, dimensiones y estados), como se hace típicamente con las especies de caza mayor, el crecimiento resultante puede ser mayor o menor que el normal. Usualmente se busca un crecimiento mayor; pero el valor de las distintas piezas cobradas suele modificar este objetivo. Las piezas y sus valoraciones según sexos, edades, calidades etc., son interdependientes entre sí (sobre todo a través de las parideras de las hembras y del modelo de caza seguido) y terminan estableciendo en cada caso el coeficiente zootécnico a aplicar.

Tasas de caza estables

El producto de estos coeficientes establece las tasas estables de caza de cada especie en cada coto.

Tasa de caza estable = Específico x Calidad x Periodicidad x Foraneidad x Atipicidad x Densidad x Zootécnico

Tasa periódica

Cazar esa fracción del censo actual (CA), cazar su crecimiento, conduciría a mantener poblaciones estables, iguales a sí mismas a lo largo del tiempo; pero, ni los censos actuales suelen ser los normales, ni los censos biológicamente normales son siempre los ideales (CI) a efectos de compatibilidad con el resto de los demás valores, usos y recursos presentes en el coto: agricultura, ganadería, montes… Por tanto, la tasa estable de caza rara vez es la que debe aplicarse.

La tasa de caza a aplicar en cada coto durante cada periodo de ordenación es:

Tasa local periódica = Tasa de caza estable – Variación de ordenación

Siendo la variación de ordenación:

VO = (CI / CA)1/5 – 1

José Miguel Montoya Oliver
Dr. Ingeniero de Montes. Profesor Titular de la Universidad Politécnica de Madrid. Miembro del Comité Científico de la Red de Investigación en Sostenibilidad (Common Ground Research Networks. University of Illinois. Chicago)

 

 

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