Perdiz roja: mayo y junio, claves para la cría

Las puestas dobles se dan la mayoría de las temporadas para hasta un 60% de las hembras.
José Luis Garrido

José Luis Garrido

31/05/2019 | 13884 lecturas

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Hoy voy a recordar los cálculos de los tiempos medios para la puesta del primer huevo y para la puesta completa de la nidada media, que junto con los días de incubación, suponen poder conocer por diferentes métodos la fecha de inicio del celo, que es la fecha determinante para establecer la veda de la perdiz roja (Alectoris rufa) en la modalidad de perdiz con reclamo. Las fechas de celo y puesta del primer huevo son variables en cada temporada por las diferentes condiciones meteorológicas, difíciles de determinar, además de por la menor latitud (se inicia antes la puesta cuanto más al sur) y la altitud sobre el nivel del mar —se inicia antes la puesta cuanto más bajo esté el coto— y se consideraron en los estudios de FEDENCA tres grupos de cotos: los situados por debajo de <700 m; los situados por encima de >700 m y debajo de <1.700 m y los situados por encima >1.700 m.


Pareja en celo(J. Manzano 2018)

De no ser con radio-emisores colocados principalmente en las hembras, método complicado y costoso, el inicio del celo en una perdiz solo se puede comprobar cuando se mide un ala (a perdiz joven igualona, viva o muerta, capturada) y así se conoce cuando nació y haciendo un cálculo hacia atrás cuando se inició su incubación y cuando puso su progenitora el primer huevo y 40 días antes comenzó el celo, según la norma que dispone el Comité Ornis, que es la entidad que interpreta la Directiva Aves de la CE. Las fechas del nacimiento de los pollos en cada temporada tienen bastantes días de diferencia entre un año y otro, dependiendo de la meteorología, principalmente, la agricultura y otras variables como altitud y latitud. Sabemos por tradición que las fechas de nacimientos de los pollos habitualmente van a estar entre mediados de mayo a mediados de julio, pues en ese periodo nacen más del 95% de los pollos cada año. Junio es el mes de mayor número de nacimientos de perdices rojas en España, aunque dependiendo de cada año y sus condiciones meteorológicas las fechas de nacimientos son muy dispares, como leeréis más adelante, incluso dentro del mismo coto. Es conocido por los cazadores que los tres meses de primavera: abril, mayo y junio, junto con el mes de verano julio, tras los tiempos de puesta, incubación, eclosión de los pollos y crianza de las polladas, determinan la temporada de cría de la perdiz roja que finaliza cuando los pollos son igualones y comienza la temporada de caza que, obviamente, tiene el primer pilar de posibilidades en el éxito reproductor.

Fechas de puesta del primer huevo

Según el «Estudio Etológico» realizado en Andalucía durante tres años, patrocinado por FEDENCA-RFEC e impulsado por la FAC, sobre perdices en semilibertad, se llegó a la conclusión de que en temporadas con características bioclimáticas normales, el 50% de las parejas han puesto el primer huevo hacia el 15 de abril. En 2008, año de puesta tardía, la puesta media se produjo entre el 1 y 5 mayo, en 2009 de puesta media entre el 15 y 20 de abril y en 2010, de puesta temprana, entre el 25 y 30 de marzo. Se comprueba que entre el inicio de la puesta media más temprana y el de la más tardía de tres temporadas de estudio pueden pasar 35 días, como en este estudio que llevamos a cabo en Archidona. (Fuentes 2011) (1).

Según otro proyecto patrocinado por la Fundación FEDENCA (RFEC) «Mapa fenológico. Cronograma de natalidad de la perdiz roja en España», (Pérez 2013) (2) durante dos temporadas 2011-12 y 2012-13. En esos dos años, 2011 y 2012, las perdices en diferentes puntos de España nacieron mayormente en junio y pueden servir de referencia los datos de natalidad de esos dos años de control, para conocer también con bastante aproximación el inicio del celo en la perdiz roja en ellos. El estudio controló las alas de perdices nacidas en el año y cazadas durante la temporada cinegética en múltiples cotos, con el fin de analizar las plumas con el método de determinación de la edad descrito por Calderón en (1983). Este método permite datar con exactitud de uno a tres días la edad de los pollos de perdiz de hasta 130 días (el 15 de noviembre aproximadamente), tras realizar una medición de las plumas del ala en estado de muda activa.

Los datos de aquellas dos temporadas se reflejan en la gráfica adjunta y para mejor interpretación de los resultados se han agrupado los nacimientos por décadas naturales entre estos dos periodos de tiempo. La siguiente gráfica, destaca que la mayor parte de los nacimientos se concentran en la tercera década de junio en las dos temporadas y también que en el periodo de tiempo comprendido entre el 11 de junio y el 10 de julio se produjeron casi el 83% de las eclosiones en 2012, resultado muy similar al obtenido el año anterior 2011 (casi el 80% de las eclosiones en este mismo periodo).

Conocida la fecha de nacimiento de la perdiz roja, (con un margen máximo de error de tres días), se puede calcular el día del «inicio del celo». Partiendo de la fecha calculada de nacimiento por el método Calderón, se restan los 23-24 días de incubación + los 24-25 días de puesta + los 40 días a que obliga la Directiva Aves= 88 días. Resumiendo: conocida la fecha de nacimiento de la perdiz, se llega al día de inicio el celo de los progenitores. Es la manera más sencilla para perdices silvestres, a no ser que se iniciara un procedimiento más complicado de seguimiento con radio-emisores para control del inicio de la puesta de las hembras haciendo seguimiento de varios nidos con huevos, como se ha hecho en algunos estudios. (Pérez J.A. 2013) (2).

Puestas dobles

La relación entre las condiciones meteorológicas y la crianza de los pollos ha sido documentada con datos precisos por diversos estudios sobre este asunto, entre ellos los dos citados realizados por FEDENCA. El calendario de nacimientos tiene fluctuaciones anuales bastante amplias. Teniendo en cuenta que la puesta varía de 8 a 18 huevos (Nadal 1997) (3), con intervalos medios de 15 días por huevo (Pérez 2008) (4), estas puestas suponen de 12 a 27 días. Y si consideramos una puesta doble donde la perdiz pone entre los dos nidos hasta 24 huevos, hay que calcular 36 días desde la puesta del primero, pues hasta que no está toda la puesta plena no empiezan los dos progenitores a incubar. Estas posturas dobles en años propicios pueden obtenerse hasta por el 60% de las hembras (Viñuela J. 2008) (5). Las puestas medias de las perdices en una temporada normal se estiman con una duración entre 24 a 25 días (4).


Pollada doble 21 pollos + 1 A. Carrión de los Condes (JM Giralda)

«En la comarca de Campo de Calatrava, al oeste de Ciudad Real, a poco más de 100 Km de Las Ensanchas, Casas et al. (2009) asociaron el menor tamaño de las puestas y la ausencia de dobles puestas con un final del invierno y una primavera muy secos. Los años con más precipitaciones en primavera presentaban porcentajes mayores de dobles puestas, que según los autores se explicarían por una mayor capacidad de puesta de las hembras (Rueda et al. 2003). De los cuatro años no consecutivos de estudio (2003, 2005, 2007), el único en el que no se registró ninguna incubación a cargo de los machos fue 2005. Además, el promedio del tamaño de puesta de ese año fue inferior al de otros años. Estos resultados están en consonancia con los observados en Las Ensanchas en esas fechas. El promedio del porcentaje de puestas dobles estimado en la finca durante 1999-2006 es del 48%. El registro de 2005 (19%) es uno de los más bajos de todo el periodo de estudio, junto con el de 1999 (13%). Potts (2012) asoció esos valores mínimos a los efectos del granizo en junio de 1999 y a la extrema sequía de 2005». (Pons MC 2015) (6).

Productividad y meteorología

«Los resultados obtenidos en Las Ensanchas evidencian que también existe una asociación entre la cronología de las eclosiones de la perdiz roja y la meteorología anual, concretamente con las temperaturas y precipitaciones durante la primavera, que conjuntamente llegan a explicar hasta un 68% de la variabilidad interanual. Las primaveras frescas y lluviosas enfrían el campo, a la vez que retrasan la puesta, estropean muchos nidos (los huevos se mojan durante el periodo de incubación) y disminuyen la supervivencia de los polluelos, que tienen mayor dificultad para encontrar los insectos y larvas necesarios para su nutrición (Hernández-Briz 1991). Las primaveras húmedas también se asocian con tamaños de puesta mayores (Rueda et al. 2003, en Casas et al. 2009), lo que podría traducirse en un ligero retraso de las fechas de eclosión, ya que la incubación no comienza hasta la finalización de la puesta. En contraposición, los años con altas temperaturas y escasas precipitaciones favorecen un adelanto de la reproducción (Gortázar 2009). Todo ello está en consonancia con la cronología de nacimientos observada en Las Ensanchas, pues los años con mayor proporción de eclosiones adelantadas (previas al 16 de junio) son precisamente aquellos en los que se registraron temperaturas de marzo elevadas y precipitaciones de abril escasas» (6).

Conocemos los cazadores y certifican los científicos, que la meteorología condiciona la productividad y crianza de la perdiz roja. Algunas primaveras, cuando llueve sin estridencias en abril y mayo, y acompaña una temperatura agradable, las gentes del campo saben que el cereal medra y la pareja de perdices, hembra y macho, los buenos años dejan la fiebre sobre 8 a 22 huevos, en puesta doble, con posibilidades de éxito. En bajas latitudes –y en todas algunos años– durante el mes de mayo, muchas perdices ya vienen seguidas de su diminuta prole, satisfaciendo así al ojo del naturalista cazador. También algunos cazadores, sin ninguna pretensión científica, tenemos datos que nos permiten estimar que la pluviometría de primavera pudiera estar relacionada directamente con el éxito reproductor perdicero que, al final, se mide por el número de perdices pre-caza y las consiguientes capturas de cada temporada en los cotos donde controlamos las perdices (Garrido 2013) (7).

Según Antonio J. Lucio está demostrado que en zonas de clima mediterráneo las lluvias primaverales y estivales tienen un efecto beneficioso en la producción de perdices, porque favorecen la permanencia de vegetación herbácea, de agua y la existencia de artrópodos y otros insectos vitales para los pollos. En climas atlánticos ocurre lo contrario: las lluvias veraniegas provocan fracasos reproductores masivos. En España, especialmente en Castilla y León, donde tenemos territorios con distintos dominios climáticos, el efecto beneficioso y positivo para la cría de perdiz roja de las primaveras húmedas y veranos frescos, representan un inconveniente para otras galliformes como la perdiz pardilla o el urogallo.

Este científico utiliza como indicadores de las variaciones climatológicas las precipitaciones y la temperatura mensuales, valorando también datos frecuenciales en cuanto a días y cantidad de precipitación, días de nieve y temperaturas. Como indicador del éxito reproductor toma el número de pollos del bando familiar en los meses de julio y agosto, el cociente de edades en setiembre y en el análisis de capturas, octubre a diciembre. El periodo crítico para el éxito reproductor de la mayoría de las galliformes sucede en los 20 primeros días de vida, coincidente con la tasa máxima de crecimiento. Según Lucio, el número de pollos por bando en verano, (relacionado con respecto a la meteorología) depende de la temperatura media del mes de mayo, de manera que temperaturas más altas en ese mes suponen menor producción que temperaturas suaves. Las temperaturas más altas en mayo (y en marzo posiblemente, como ocurre en varios años), provocan adelanto en el crecimiento de la vegetación y, por tanto, del desarrollo de insectos que son vitales para el crecimiento de los pollos, que nacen más tarde cuando el recurso proteínico está agotándose. Las lluvias de finales de junio y de julio tienen efecto negativo sobre los pollos de perdiz porque suponen un descenso de temperatura y, por tanto, mayor gasto de energía para el mantenimiento térmico, más dedicación a la alimentación y por tanto, más exposición a la predación. Explora otras variables y supuestos el científico, aunque yo haya extraído solamente lo apuntado. (Lucio 1990) (8).

Y marzo ha sido muy seco y cálido, abril ha sido cálido y lluvioso. En mayo ha vuelto a llover algo y ha habido bajas temperaturas hasta el inicio de la segunda década (día 11) cuando un viento africano ha traído temperaturas de hasta 36º C en algunos puntos del sur y temperaturas en toda España superiores a los 20º C. Estos datos no son buena noticia; depende del resto de mayo.

José Luis Garrido
Presidente honorífico Federación de Caza Castilla y León
Director honorífico de la Escuela Española de Caza
Ex Director general de la fundación FEDENCA-RFEC

José Luis Garrido Modalidades y Métodos de Caza (2ª Ed. Junio-2015) Edita: Federación de Caza de Castilla y León. Teléfono 983 333 488 (autonomica@fedecazacyl.es)

Referencias bibliográficas

(1) Fuentes F.C. Estudio etológico y niveles hormonales en el inicio de la puesta en la perdiz roja (Alectoris rufa). FEDENCA-RFEC (2011.

(2) Perez Garrido J.A. Mapa fenológico. Cronograma de natalidad de la perdiz roja en España FEDENCA-RFEC. (2013)

(3) Nadal, J. La Perdiz Roja: ecología y gestión. Delegación Burgalesa de Caza. (1997).

(4) Pérez JA. (2008) «Determinación de los principales parámetros ecoetológicos de la Perdiz Roja y su aplicación a la evaluación de animales destinados a repoblación». 364 pp. (Tesis doctoral) ULE-Publicaciones.

(5) Viñuela, J. (2008) «Gestión Cinegética Ecosistemas Mediterráneos» Situación de la perdiz roja: Densidades, tendencias demográficas y peligros para conservación». 28p.

(6) Ponz MC (2015). «Seguimiento de una población de perdiz roja silvestre de La Mancha durante 1998-2011:Aspectos biométricos, demográficos y fenológicos». (Tesis doctoral) ETSEA-UDL

(7) Garrido J.L. «El declive de la perdiz roja» FEDERCAZA Nº 327-328-329: Marzo, Abril y Mayo. (2013)

(8) Lucio, A. J. Influencia de las condiciones climáticas en la productividad de la puesta en la perdiz roja (Alectoris rufa) Ardeola, 37, pp 207–218. (1990)

 

 

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