El alano español

La alianza entre el hombre y el perro, versión doméstica y adaptada del Canis lupus a las necesidades del Homo sapiens, es casi tan antigua como la historia misma de la humanidad.

Alaneros de Ley

17/04/2019 | 22949 lecturas

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Esta simbiosis, originada por la necesidad básica y común a todos los seres vivos de procurarse la obtención de alimento invirtiendo la menor cantidad de energía posible; y que llevó a los cazadores-recolectores en el albor de nuestra aventura como especie a ganarse la confianza primero, y a dirigir la reproducción selectiva después, del lobo gris holártico.

Con el correr de los siglos, y resumiendo en un flash lo que fueron milenios de selección zootécnica instintiva, los distintos grupos humanos que integraron al lobo entre sus filas de cazadores a cambio de un sustento seguro y fácil para el gran matador social, no hicieron sino adaptar la selección natural de las especies a sus propios objetivos; configurando de esta manera un tipo de animal que, si bien mantenía las utilísimas cualidades depredadoras por las que al hombre interesaba su compañía y manutención, se adaptaba a diferentes utilidades a medida que se descartaban unos ejemplares y se empleaban otros para la reproducción en base a la tarea asignada.

De esta forma, con el correr de la selección humana ejercida sobre el primitivo perro, encontramos que entre las diferentes castas caninas que se van desarrollando son mayoritarias aquellas que se destinan a la original función cinegética.

Así, va alcanzando, por qué no decirlo, la categoría de verdadero y refinado arte la especialización a la que el hombre somete al perro a lo largo de los siglos bajo el criterio ancestral de la caza, obteniendo grupos funcionales diferenciados y razas especializadas dentro de los mismos para cubrir incluso el más sutil oficio que requiera la labor del perro en la actividad venatoria.

La mordida

Como hemos apuntado, una vía de selección funcional seguramente prioritaria fue la de dotar al perro de mayor poder de mordida, su arma natural. Ya fuese para asegurar el sustento de la comunidad de manera directa o suplementaria, el hombre, a lo largo de los siglos de domesticación canina, tuvo siempre clara la necesidad de contar con una casta verdaderamente especializada en su fuerza y poderío.

Una vía de selección funcional seguramente prioritaria fue la de dotar al perro de mayor poder de mordida, su arma natural

Así nació, de esta manera resumida, la exitosa estirpe de los molosos, bautizada en honor a Molosia, la histórica región griega en la que legendariamente se originaron este tipo de canes.

Es en este punto donde aminora la marcha nuestro viaje en el tiempo, y vamos acercándonos, ahora sí, al tema que verdaderamente nos ocupa, y que no es otro que una de las estirpes que el grupo de los perros de presa dejó en la península por las vicisitudes históricas que trajeron los últimos estertores del poder romano; y que no es otro que el viejo perro de presa ibérico, la raza conocida desde antiguo en nuestro suelo como alano —presumiblemente por su introducción hispánica por parte del pueblo homónimo— y al que en su renacer a finales del siglo pasado se le añadió el gentilicio, por la amplia historiografía y fuentes que en nuestro país atestiguan su existencia, de alano español.

Fijación racial del alano

Con estos mimbres, llegamos hasta el período histórico en el que debieron originarse los ancestros de nuestra raza. La fijación racial del alano como población canina diferenciada debe situarse en torno a los Siglos IV y V de nuestra era. Momento convulso para la civilización grecolatina, en el cual las fronteras del mundo controlado hasta entonces por Roma se fragmentaban en un mosaico donde cada tesela correspondía al dominio territorial impuesto por las diferentes tribus de origen germánico u oriental, las cuales habían terminado penetrando en el Imperio Occidental por presión de la avalancha incontenible de los feroces hunos; como forzosos refugiados en un primer momento, como aliados circunstanciales después y, finalmente, como herederos naturales de la jurisdicción de los Césares debido tanto al ímpetu de la conquista de nuevas tierras en las que asentarse como a la total decadencia a todos los niveles de la sociedad romana.

Así pues, muchos pueblos de estos orígenes se adentraron en territorio del Imperio Occidental, cada uno con sus propias costumbres, lengua y leyes, batallando en muchos casos tanto entre sí como junto o frente a la moribunda Roma. Sin embargo, dentro de este crisol nos atañe especialmente un pueblo de ancestral tradición nómada ganadera y guerrera, una estirpe de difusos orígenes germánicos o iranios —en cualquier caso, de procedencia bastante oriental respecto a Europa— los conocidos por las fuentes históricas y la tradición como alanos.

Puede darse una distinción clara entre las líneas del alano español empleadas para la ganadería o para la caza

Realizando un apasionante ejercicio de imaginación, podemos determinar que, si bien de todas las tribus bárbaras que invadieron el Imperio Occidental no fueron los alanos los únicos especializados en la cría de un tipo canino molosoide especialista en la caza y agarre de grandes animales, sí podemos aventurar —pues la nomenclatura, tipología y función zootécnica de este linaje canino a lo largo de toda Europa así nos lo demuestra— que fueron los alanos nación de notable renombre en el arte de la cría del perro de presa, muy posiblemente afamados entre los demás pueblos de su ámbito cultural y aún de los propios romanos.

Valgan como ejemplos, con nuestro protagonista el alano español al frente, el alaunt medieval francés y su presumible descendiente, el dogo de Burdeos, el gran danés o dogo alemán —denominado en italiano alano tedesco— , el extinto bullenbeisser germano, el boxer, el cane corso, el mastín napolitano, el antiguo bulldog inglés y un nutrido etcétera de razas de mayor o menor antigüedad que, sin duda, son buena muestra del arraigo que la estirpe canina de presa traída desde el Este por estos aguerridos pueblos alcanzó en suelo occidental en tiempos del Bajo Imperio.

Zootecnia

En referencia estricta a las sangres que pudieron aportar su carga genética al alano como raza diferenciada del resto de molosos, es bastante probable que, al dogo original, animal macizo y potente, de estatura media y cabeza cuboide especializada para la presa, se le añadieran sangres de perros ligeros como los distintos tipos de lebreles existentes, para combinar dicha potencia con ligereza de pies a la hora de dar alcance a las reses.

En caso de haberse acorralado un navajero, tres o cuatro alanos pueden salvar la vida y la salud de muchos compañeros de rehala, incluso de los propios rehaleros

A la hora de definir el carácter funcional del alano español, podemos marcar como rasgos fundamentales una gran temeridad a la hora de lanzarse al agarre frente a oponentes tan duros y peligrosos como el jabalí o el ganado bovino. Temeridad en la caza que se contrapone en perfecta armonía con un gran temple y nobleza para con sus congéneres y el hombre.

Los usos de la caza a lo largo de los siglos cambiaron de forma radical cuando se generalizó el uso de las armas de fuego en la actividad cinegética. Hasta entonces y desde la noche de los tiempos, la caza mayor se realizaba a perro y cuchillo o lanza, o bien armas de proyectil como arcos o ballestas, dependiendo de factores como la modalidad o el terreno.

Con el advenimiento de la pólvora, el papel preponderante de los perros de presa como garantes de la seguridad de los cazadores y del resto de la jauría en el remate de las piezas se vio relegado hasta su casi total desaparición del mundo venatorio, problemática presente aún en nuestros días con especial notoriedad, pues si bien ha habido un resurgir de las modalidades tradicionales y la belleza y épica del perro de agarre sigue viva en la montería española, no es menos cierto que el diente del perro y el cuchillo se contraponen a los intereses comerciales de los puestos, donde modernas armas de gran precisión compiten por abatir a las reses en busca de los codiciados trofeos.

Ello no resta la necesaria presencia del perro de presa en las rehalas, asegurando con sus prodigiosas mandíbulas aquellos lances en los que la bala yerra o no es certera, debiendo entonces nuestros protagonistas asegurar el remate al perrero sin riesgo de vérselas con las navajas del macareno o la cuerna del venado.

Así y con todo, todavía quedan cotos y cazadores amantes de los usos antiguos, en los que las cuadrillas de monteros amantes del alano podemos disfrutar plenamente de nuestros canes, practicando ganchos y batidas, jornadas de caza en mano o al salto, íntegramente a perro y daga.

Es de importancia señalar el uso ganadero de la raza, pues en el devenir de la misma tal empleo ha sido fundamental en la salvaguarda de sus poblaciones, siendo un verdadero salvavidas cuando la entrada en la montería de las armas de fuego relegó el papel de los perros de agarre a uno meramente testimonial. Las características que hicieron del perro alano predilecto de los ganaderos, mayorales y vaqueros de España para trabajar con el bovino fueron, como es deducible, tanto el potente instinto de presa para al que ha sido seleccionado durante siglos como la abundancia y abolengo de esta casta canina en nuestra patria, ligada a la mayor aún tradición con la que contamos en cuanto a la cría del bovino en extensivo, especialmente las reses de lidia bravas o semibravas. Tal es así que puede darse una distinción clara entre las líneas del alano español empleadas para la ganadería o para la caza y, de la misma manera, definir junto con los subtipos morfológicos a las dos funciones zootécnicas que han sido tradicionalmente la razón de existir de la raza en el solar ibérico:


Alano ganadero

-Alano ganadero

Respecto del tipo cinegético, con pechos más anchos, de menor talla, con el centro de gravedad más pegado a tierra. Osamenta de mayor densidad, pero respetando los caracteres raciales (antepecho, cuartillas finas y angulaciones); así como una grupa más descendiente y riñón más alto para hacer palanca. Hocicos más chatos y más compactos en general; siendo importante la corrección de las bocas, pues los ejemplares prognatos pueden provocar desgarros en el ganado al perder la presa. El agarre se produce en la oreja, en la carrillada o en el hocico de la res; aunque siendo indeseable este último por la sensibilidad de dicha zona de mucosas, que puede provocar considerables lesiones al ganado, dificultándole la alimentación.


Alano montero

-Alano montero

Las líneas venatorias presentan por lo general una mayor influencia de lebrel o una selección más enfocada en el equilibrio potencia-ligereza, al ser necesario en el monte y ante las veloces presas salvajes contar con buenas aptitudes para el trote de fondo y la carrera explosiva. Nos encontramos, por tanto, con un perro más despegado del suelo, de osamenta más ligera, aunque siempre manteniendo la robustez muscular y la potencia propia de la raza.

La tendencia a la braquicefalia es menor, encontrándonos con animales de cuello fuerte y antepecho poderoso, ganando con ello potencia en los arranques sin perder tracción en el agarre, pues estos canes entran al lance ciegos, sin vacilar, buscar ventaja ni aliviarse. Una vez fijada la presa, tiende a ponerse en paralelo al jabalí para evitar los letales derrotes que este lanza, siendo los puntos de agarre, como ya se ha apuntado, las orejas, la jeta y las carrilladas.

Como se mencionó, no es frecuente la presencia de numerosos perros de agarre en las grandes monterías por la prioridad de los puestos, más, para finalizar, sí es preciso apuntar que cuando las cosas se complican es precisa la intervención en la jauría de tres o cuatro alanos que, en caso de haberse acorralado un navajero, pueden salvar la vida y la salud de muchos compañeros de rehala, incluso de los propios rehaleros a la hora de rubricar el lance, siendo en estos épicos finales donde el alano español desempeña su función al máximo nivel.

En conclusión, y a modo de reflexión final a esta exposición del alano español, no nos queda sino hacer un llamamiento a no olvidar.

A que todos aquellos amantes de la raza en su versión más pura y auténtica, que es aquella dedicada, seleccionada y criada para las funciones zootécnicas que hemos descrito, recuerden y honren la labor de quiénes la esculpieron durante los cientos de años que hemos relatado a modo de resumen, pero que, si bien pueden plasmarse en unas breves líneas, estas condensan el esfuerzo de muchas generaciones de sufridos cazadores y ganaderos que nos legaron esta excepcional raza canina.

Es por eso que los alaneros íntegros debemos perpetuarla tal y como la recibimos, buscando siempre la excepcionalidad de nuestros animales en el trabajo, sea ante el jabalí o el ganado; no dejando que las modas o las adulteraciones interesadas de la gloriosa historia o de la esencia última de nuestra querida casta alánica nos lleven por sendas equivocadas. Larga vida al alano español.

Artículo cortesía de Alaneros de Ley

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