Indicadores de alerta en la perdiz

El problema de fondo no es cuántas perdices hay que matar, sino cuántas perdices hay que dejar. El indicador de alerta nos avisa, de forma sencilla e indiscutible, de que la densidad de perdices que queda en el campo, puede resultar demasiado escasa para el año que viene. Un Plan de caza que no establezca los indicadores de alerta, no es un verdadero Plan de caza.

José Miguel Montoya Oliver | 03/02/2012

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El origen de la cuestión

No debemos olvidar que los censos de perdiz que verdaderamente habrá en el campo a lo largo de las sucesivas anualidades del Plan de caza, tan sólo por casualidad serán los previstos en él. Esta realidad, constatada por todos los cazadores, es reflejo de la condición ecológica de «estratega de la r» que tiene la perdiz. Las especies estrategas de la «r» presentan un característico erratismo según años, en lo que a sus censos y crecimientos se refiere.

Durante el Periodo de ordenación, los censos reales serán pues significativamente mayores o menores que los calculados, que por tanto no dejarán de ser unas meras referencias numéricas: previsiones efectuadas en base a un censo referencial actual y a unas condiciones de reproducción futuras constantemente típicas o medias.

No debemos olvidar que calculamos los censos futuros previsibles, tomando como referencia los censos iniciales y a la tasa periódica utilizable ¡Censos que son aproximativos, y tasas que son erráticas porque la perdiz es «r»! Sabemos pues que podemos tener errores iniciales, sabemos también que inevitablemente existirán variaciones imprevisibles; pero en todos los casos tenemos que garantizar la progresiva evolución de los censos actuales hacia los normales, en el Plazo de convergencia (PC) previsto. ¿Para qué otra cosa está el Plan de caza?

En realidad, nuestros cálculos están probando ¡tan sólo…! que con la Variación de ordenación (VO) prevista durante el Plazo de convergencia, sería posible alcanzar desde los censos actuales los normales, si se mantuvieran constantemente las condiciones de crecimiento medias o típicas. Por supuesto, los cálculos no están pretendiendo decir en ningún momento que esto vaya a ser exactamente así; pues sería ingenuo creer que estas condiciones de crecimiento medias vayan a mantenerse anualidad tras anualidad durante todo el próximo Plan de caza. Sin embargo, y a la vista de nuestras obvias incapacidades proféticas ¿Habría otra estrategia alternativa mejor que la trabajar sobre estos datos promedio? Los cálculos deben hacerse inevitablemente conociendo estas limitaciones, pero la verdad matemática no será después la realidad de campo ¿Qué medidas deberemos tomar, para evitar caer en el necio imperio del error ciego? Números podremos hacer los que queramos, porque el papel lo aguanta todo, pero… ¡la realidad es tozuda!

El concepto clave

Al contrario de lo que suele creerse, el problema real de cualquier ordenación cinegética es mucho más determinar lo que hay que dejar, que calcular lo que hay que llevarse. El problema no es tanto determinar cuántas perdices deben ser cazadas, sino cuántas deben quedar. La verdadera cuestión de fondo no es detener la caza cuando se alcanza el número de perdices programadas, que después de todo no es más que una mera referencia numérica; sino detenerla en el instante mismo en el que el censo residual sea el programado: separar con claridad el capital de su renta. Un año bueno podremos llevarnos más de lo previsto, un año malo tendremos que llevarnos menos; pero en ambos casos deberemos respetar y dejar la «madre» debida: el capital biológico que generará las rentas cazables. La cuestión de fondo es deslindar el capital productivo de su renta, no llamar renta a lo que pudiera ser un mero consumo de capital ¿Venimos haciendo otra cosa?

Control y seguimiento de los censos residuales

En el caso de la perdiz es complejo determinar cuándo el censo residual existente, es igual al capital vivo que debería quedar. Para detectar ese preciso instante hay que recurrir a los que denominaremos indicadores de alerta.

Ejemplo: si la densidad residual programada al acabar una determinada temporada de caza (DR) fuera de 15 perdices por cada 100 hectáreas, y la cazabilidad final (CZF) de la perdiz en ese momento y en ese coto fuera CZF = 4 %, la esperanza matemática de caza en ese preciso instante sería:

EC = (CZF/100) x DR = (4/100) x 15 = 0,6 perdices por cazador y día

Si la captura real por jornada de cazador, cae en algún momento por debajo de esas 0,6 perdices, cabrá deducir que la densidad residual ya es en ese instante inferior a la programada. Con independencia de las razones que hayan podido llevar a esta situación, será preciso suspender inmediatamente la caza, incluso con independencia del programa de caza inicialmente establecido. Ese «mínimo de 0,6 perdices por jornada de cazador», será en este caso el indicador de alerta para la perdiz en ese coto.

Indicadores de alerta

Por tanto, los efectos de las muchas veces imprevisibles y erráticas evoluciones de los censos y de sus crecimientos futuros, se deben prever y corregir, automáticamente, mediante el establecimiento en Proyecto del que denominamos Indicador de Alerta: referente numérico establecido para fijar el instante adecuado para la suspensión de la caza, a partir de las capturas logradas por jornada de cazador: perchas finales.

Si las capturas realmente obtenidas en un determinado momento, caen por debajo del indicador de alerta, el gestor debe proceder a la suspensión inmediata de la caza, con independencia de las previsiones que inicialmente hayan sido establecidas por la ordenación. En otras palabras: si se caza menos que «eso» por jornada de cazador, habrá que suspender inmediatamente la caza; porque, si no, el censo residual comenzaría a ser escaso, respecto al programado. Estaríamos extrayendo como rentas parte del capital, cazando sobre la «madre». Estaríamos matando la gallina de los huevos de oro.

Fundamentos del cálculo inicial del indicador de alerta

Los censos residuales pretendidos son claves, cuando de establecer los indicadores de alerta se trata. Es decir: para establecer las referencias numéricas precisas para la suspensión inmediata de las cacerías, y esto incluso al margen de las previsiones iniciales de la ordenación. La ordenación podría haber previsto la aplicación un número de jornadas de cazador mayor, o de un número de perdices a cobrar mayor; pero el indicador de alerta, lector automático del censo instantáneo presente, podría avisar de un residuo demasiado escaso. Lo contrario también podría darse, haciendo aconsejable el prolongar las cacerías más allá de las previsiones establecidas por la ordenación. Normalmente en especies estrategas de la «r» como la perdiz, unas veces habrá que “cortar” antes las cacerías, y otras habrá que seguir cazando más allá de lo previsto; en ambos casos el indicador de alerta calculado para el coto, será la guía esencial. Un indicador de alerta que es imposible establecer, sin un cálculo completo de la estructura biológica concernida; una cuestión clave en la bioingeniería.

Los resultados medios de caza habidos, la percha lograda por cazador y día, en las condiciones de difidencia y poblacionales existentes a finales de la temporada de caza, nos guían sobre el censo residual presente en ese momento. Son de hecho indicadores de un censo residual que pretendemos lograr que sea igual al deseado.

El indicador de alerta para la perdiz se calcula multiplicando el censo residual pretendido por cada 100 hectáreas, por la cazabilidad en esos instantes finales. Refleja la esperanza matemática de caza establecida: la percha.

  • El censo residual pretendido, es a su vez función del censo referencial esperado al inicio de la siguiente temporada de caza; algo que depende de la calidad del coto para la perdiz, y del proceso de convergencia diseñado para alcanzar el estado ideal de normalidad pretendido. Lógicamente debe cifrarse en términos de densidad residual por cada 100 hectáreas (DR).

 

  • La cazabilidad en esos instantes finales (CZF) es de cálculo muy complejo, al ser función de: 1/ la especie (no es igual la perdiz siempre ni en todas partes), 2/ el terreno (más o menos difícil de cazar), 3/ la modalidad (ojeo, mano, reclamo), 4/ las condiciones técnicas de caza (cupos, horarios…), y 5/ el estado instantáneo de difidencia, que depende a su vez del número de jornadas de cazador previamente ejecutadas (no se mata igual una perdiz el primer día de la temporada que el último).

Indicador de alerta = EC = (CZF / 100) x DR

Por tanto, no es fácil fijar el indicador de alerta para la perdiz en cada coto; pero, porque su fijación es imprescindible en el diseño de un buen proyecto de ordenación cinegética, no hay otro remedio que calcularlo conforme a pautas técnicas normalizadas. Obviamente se imponen la normalización y la informatización del proceso.

Coeficiente de seguridad

Podría llegar a decirse que «felizmente» la Naturaleza no es estable, pues todas sus oscilaciones y perturbaciones naturales (a veces tan «dolorosas»), son la verdadera fuente de la regeneración y evolución de sus especies y de sus ecosistemas. La inestabilidad es siempre una constante. Sus cambios y ciclos condicionan las tasas a utilizar periódicamente. Es de destacar que los periodos de escasa productividad conducen a tasas reducidas de caza, y al revés. Si proyectamos sistemáticamente la aplicación de una tasa promedio para todo el periodo de ordenación, no podemos esperar confiadamente en que los años buenos compensen los malos. Los excedentes poblacionales en determinados años «buenos», no consiguen normalmente cubrir los déficits de los «malos», porque así lo impone la biología de las especies y la misma teoría de la normalidad: lo «supra-normal», decae en tasa de crecimiento tanto como lo «infra-normal». Una población deprimida tras un mal año, no consigue restaurarse después a la velocidad que desearíamos, al alejarse en exceso del estado de normalidad biológica; al igual que una población que se adensa en exceso, crece menos en anualidades sucesivas. La verdadera ventaja de una población algo excesiva es que si sobre ella se caza con un cierto exceso, simplemente acabará reconducida a su dimensión ideal; cualidad que no tienen las poblaciones deprimidas.

En la aplicación práctica de los indicadores de alerta, es obvio que, para cuando se detecta un censo residual inferior al programado, puede ser ya demasiado tarde. Esto, por sí solo, haría aconsejable la toma de medidas extraordinarias de seguridad; pero además, los posibles errores técnicos acumulados (de diseño del manejo, o de ejecución de las cacerías), y los efectos de las inevitables perturbaciones y otras aleas naturales, obligan a exigir un cierto exceso censal al acabar cualquier temporada de caza, en previsión de que la siguiente pueda ser más o menos «mala». Estamos obligados pues a dejar un censo residual algo mayor que el calculado inicialmente. Procede por ello introducir en el cálculo un coeficiente de seguridad (KS). Este KS es un coeficiente que guarda un indudable paralelismo con el coeficiente de seguridad que se ha hecho clásico en el cálculo las estructuras físicas (Ingeniería civil). Es por tanto el mismo coeficiente de seguridad, pero aplicado ahora al caso de las estructuras biológicas (Ingeniería biológica). Significa una reserva suplementaria de censo residual, destinada a abastecer los inevitables errores técnicos y las siempre inevitables aleas del medio natural.

Este coeficiente de seguridad (KS) debe ser lógicamente de mayor dimensión cuanto más estratega de la «r» sea la especie concernida. En la práctica las aleas de todo orden en cualquier especie son tanto mayores, cuanto mayor sea su coeficiente básico (KB); pues evolutivamente ellas son el origen de éste. Por estas razones, proponemos el uso de un coeficiente de seguridad (KS) normalizado igual a:

KS = 1 + KB / π

En el caso de la perdiz:

KS = 1 + 0,4 / 3,1416 = 1,13

Cálculo final del indicador de alerta

Finalmente el indicador de alerta para cada coto debe calcularse, para todas y cada una de las anualidades del Plan de caza, conforme a la fórmula:

Indicador de alerta = EC = (CZF / 100) x DR x (1 + TN / π) = (CZF / 100) x DR x 1,13

El indicador de alerta, porque depende de CZF y de DR, es específico de cada coto y de cada Periodo de ordenación, y es por tanto variable en el espacio y revisable en el tiempo. No cabe dejarlo fijo, ni tampoco tabularlo: debe ser pues objeto de cálculo en cada Plan de caza ¿Una ventaja? Puede normalizarse e informatizarse su cálculo ¿Qué es una norma? Una solución para un problema que se repite.

Discusión

Podría plantearse la propuesta de reducir la ordenación a la aplicación directa de los indicadores de alerta. De esta manera se cazaría siempre tan sólo hasta donde fuera necesario, y por tanto bien. Sin embargo esta propuesta simplificadora tendría dos debilidades básicas:

  • Para proponer los indicadores de alerta, hay que haber culminado prácticamente todos los cálculos de la ordenación. Apenas ahorraríamos nada en lo que a esfuerzo técnico se refiere.

 

  • No puede olvidarse la necesidad de programar toda caza sostenible, no sólo desde la perspectiva de las capturas, sino también desde los aspectos sociales y económicos (Sostenibilidad = sociología + ecología + economía). Sólo así podremos establecer correctamente los medios de manejo precisos (medios humanos y medios materiales), medir el disfrute esperable en número de jornadas de cazador, y conocer los fondos económicos a manejar (precios, presupuestos, viabilidad, rentabilidad…).
Sí debe quedar claro: sin indicador de alerta no hay Plan de caza, ni posibilidad alguna de aplicación racional del mismo. Ordenar la perdiz no es fácil, pero tampoco hay atajos ¡Qué le vamos a hacer! Tres palabras clave: investigar, normalizar, informatizar.

José Miguel Montoya Oliver

16 comentarios
05 feb. 2012 17:44
-2
M.A.P.
Que los cazadores de a pie, no entendemos de formulas matematicas y supuestas cacturas o supuestas densidades, que lo que queremos saver es porque las que quedan no grian como tienen que griar.
De tu explicacion entiendo,que si dejando 6 madres consigo un nº de individuos que no llega al nº ideal para cazar hay que dejar mas de 6,y lo que yo creo que lo que hay que solucionar,es porque con esas 6 madres no llegan a producir el nº ideal para cazar cuando siempre lo an dado.
PERO ESTO ES MAS COMPLICADO DE ENTENDE Y ENCIMA HAY QUE MOJARSE....
05 feb. 2012 18:55
+4
jmmontoyao@terra.es  
Amigo M.A.P.
Has entendido exactamente lo que digo: eso que reflejas en tu escrito.
Comprendo que te preocupa el porqué no crían ya como antes. Verás hay dos razones básicas: la calidad del hábitat ha bajado (herbicidas, insecticidas, semillas tratadas, ribazos, demasiados depredadores, nula guardería, cazandangas irresponsables...), y hemos esquilmado las madres (nosotros, los cazadores).
Si una pareja es casi la única en su zona, hasta el último predador lo sabe (como sabíamos nosotros que allí estaba el único bando) y a cada mañana lo busca (como nosotros lo hacíamos). Ninguna otra pareja les avisará del peligro (arriba o abajo sería la señal), Probablemente los dos padres son dos hermanos, supervivientes del único bando de la zona ¿Será normal que críen mal? Faltos de competencia de otras parejas de perdiz, fácil será que bajen la guardia en el cuidado de sus pollos...
Verás, esto es fácil de entender y yo sí me mojo por la caza, llevo más de 40 años haciéndolo. Pero somos más de un millón, y a todos tendrías que exigir cuentas, no sólo a mí que sólo trato de contribuir hasta donde puedo.
Recuerda esas 6 perdices de las que hablas, no eran sólo 6 cuando nuestros padres nos enseñaban a cazar. Eran muchas más y por eso criaban mejor.
José Miguel Montoya Oliver
06 feb. 2012 09:50
+4
Santiago Segovia
Santiago Segovia  
Querido José Miguel:
Una vez más creo que todos tenemos que agradecerte la labor que te has planteado en esta página. Los cazadores estamos de enhorabuena.
Muchas gracias.
Santiago Segovia Pérez
06 feb. 2012 11:19
palomeromalo
Así es José Miguel, al igual que en Septiembre hay que censar para establecer unos cupos, ahora toca censar para ver qué madre nos queda y así el próximo septiembre censar para ver cómo ha criado....en fin, es un bucle, por lo que para los gestores no ha acabado la temporada, acaba de empezar...

Saludos y muchas gracias por compartir tus investigaciones.
06 feb. 2012 11:33
jmmontoyao@terra.es  
Amigo palomeromalo (dudo yo que seas tan malo, pero bueno...). Es exactamente así, tal y como dices. Lo que quiero tener la ocasión de plantearos otro día, es la posibilidad, barata y muy segura, de establecer los censos, siempre que se pueda (que se puede casi siempre), a partir de las mismas acciones de caza. Después de todo un cazador cazando es un censador de caza muestreando la densidad poblacional presente, mediante un buen protocolo de muestreo (las normas de caza aplicadas). Censos directos sí, y censos indirectos por análisis de resultados de captura también. Nada hay más barato ni menos discutible. Tenemos que desarrollar ¡y abaratar! las dos vías. Espero que tengamos ocasión de debatir amigable y constructivamente sobre la materia. Un saludo Miguel Montoya
06 feb. 2012 15:59
-6
pedro-t
Todo lo dicho esta muy bien,pero alguno se a parado a verlo desde otra forma.
El problema que yo veo en mi coto es que los años que a llovido bien hay perdices hasta debajo de las piedras(es una forma de hablar)los años que no llueve lo necesario estan las justas,por mas que dejemos de cazar o que no se caze mientras no llueva en su tiempo y con la cantidad que tiene que llover todo eso es una tonteria.
hce unos 6 a 8 años en el bajo aragon que es de donde soy en las revistas de caza salio que era de las zonas que mas perdiz habia criado,yo uno de esos años lo mas nromal era ver bandos de 18 a 24 o 26 perdices y por casi todo el coto ya que los años fueron lo bastante lluviosos como para que criaran en esas cantidades,despues hay madre mia que problemas hemos tenido para ver bandos de mas de 10 u 11 perdices.
Si llueve y hay cosecha si dejas siempre habra pero si no estamos como nosotros,en 3 años de caza este a sido la campaña que mas hemos cazdo la perdiz con dos meses(solo domingos y festivo como con toda la menor y mator)los dos anteriores un mes y sobra pero de ver casi nada.
asi que si no llueve las matematicas es mejor dejarlas para otros menesteres ade,as que si el año es seco la proporcion entre macho y hembras estaa favor de los machos y si es lluvioso al reves,esto segun lei una vez decia que era asi no lo se,pero esos años que hubo mucha caza la mayor parte de lo abatido eran hembras en los demas años suelen ser casi todo machos.
Que esta muy bien planteado el articulo pero so los años son malos no hay nada que hacer mejor que dejar cazar unos pocos dias para que se desfogen un poco y cerrar a ver que pasa con la primavera si es lluviosa.
07 feb. 2012 09:08
jmmontoyao@terra.es  
Sr. "Pedro-t":

Pena no haber hablado contigo antes de dedicar 45 años de mi vida a cazar, y casi otros tantos a estudiar la caza, a investigar en ella, a escribir sobre ella, y a hacer todo lo posible por ella. Ya digo, me hubiera ahorrado tanto esfuerzo, simplemente habiendo hablado contigo a tiempo. Por mi parte un error trágico ¿Sabes el gran problema de la caza? El verdadero enemigo duerme en tu casa. No es sólo que te enfrentes con la Administración, con los colectivos profesionales, con los ecologistas, con la Universidad... Es que tu peor enemigo está armado y lleva escopeta: son "los tuyos". Hace tiempo que decidí, y lo he cumplido, dejar de escribir en las revistas de caza (por lo mismo). Bueno, que como tienes razón, prefiero no seguir perdiendo el tiempo con esto de la caza. José Miguel Montoya Oliver (Con nombre, apellido y correo electrónico, por cierto, a diferencia de quienes tiran la piedra y esconden la mano)
07 feb. 2012 12:31
+3
Santiago Segovia
Santiago Segovia  
Estimado Pedro-t:
Creo que no ha entendido mucho de lo expuesto por el Dr. Montoya. Nadie le discute a usted lo que pasa o deja de pasar con las primaveras lluviosas o secas, simplemente el artículo nos aclara como hemos de actuar para poder definir de una forma racional las capturas que podemos realizar en nuestro coto. Y en esto hay que recalcar que se habla de definir con datos objetivos, no con apreciaciones personales y difusas, y por tanto llegar a una estimación objetiva también, no basada en apreciaciones sin contrastar y erráticas, los niveles aceptables de extracción.
El Dr. Montoya no es un cualquiera en esto. No es un paracaidista que escribe según le viene en gana cuando tiene un rato libre. Es Doctor Ingeniero de Montes, es catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid, ha escrito infinidad de libros y artículos relativos a la gestión de las especies cinegéticas, y creo que en este momento es uno de los mejores técnicos en la materia que tenemos en este país, por lo que entiendo que es un lujo para esta página el recibir sus contribuciones, que deberían ser valoradas en su justa medida.
Santiago Segovia Pérez
07 feb. 2012 13:38
-2
pedro-t
A ver se me a mal entendido que esta muy bien todo lo que se expone de que hay que dejar de cazar en cuanto hay una poblacion dada que se supone es la minima exijida para que al año siguiente haya como minimo la misma.
Yo simplemente expongo lo que vivo todos los años en mi pueblo no trato de decir que lo expuesto tenga o deje de tener razon,pero no me discutiran que si una cosa son las cosas teoricas y otra es la practica y mas en el mundo agricola o rural que 2+2 la mayoria de las veces por no decir casi todas no son 4,habra veces que que si y la mayor sera menos,yo en ningun caso e tratado de decir que el señor Montoya no la tenga,solo e dicho que hay mas cosas que influyen para que haya mas caza que el dejar de cazar y como expuse nosotros lo hicimos y casi no se a notado salvo que hay algun bando mas pero pocos.
Yo en ningun momento e querido llevarle la contraria al señor Montoya ni a nadie solo e espuesto mi forma de ver las cosas en la caza como mienbro del mundo rural,ya que se ven de otra forma,si se me han malinterpretado pido disculpas,pero hay muchas mas cosas que las matematicas para saberlo.
La logica es una de ellas si hay poca perdiz y se caza toda la temporada no se puede pretender que luego haya muchas,otra cosa es lo que la mayor parte de la gente que conozco la quiera cazar hasta que ya no quede y luego lloremos de que no hay pero para eso no tiene que venir nadie y hacerme unas cuentas para saberlo por muy estudioso que sea o catedratico que yo eso no se lo discutire nunca a nadie.
07 feb. 2012 18:04
jmmontoyao@terra.es  
Lo dicho. Gracias Santiago
08 feb. 2012 14:39
Curriti
Curriti «El 20 de enero se acolleran los primeros»
Pienso que el habitat de la perdiz es igual siempre, incluso mejorado. Ahora se le echa de comer a las perdices en el campo y se le ponen muchos mas bebederos artificiales que antiguamente. Para mi el peor depredador de perdices es el "ejercito de cazadores" que se desmandan cada temporada tirando tiros a todo lo que se menea. Los hay que las matan o las echan fuera de España, de lo que las persiguen, porque no todo el mundo es cazador como hay que serlo, sino cazador para tirar tiros. Desde siempre he visto la caceria para echar el rato cazando y pasarlo bien entre los compañeros. En cambio, hoy dia no lo hacen así, sino que aprovechan la jornada de caza hasta el ultimo minuto explotando cartuchos, van cargados de muniucion como si fueran a la guerra y vuelven sin ningun cartucho. Hay pocos cazadores como los habia antes.
09 feb. 2012 12:13
+3
ms  
Resulta curioso que casi todos los cazadores argumentan su "amor" por las especies de maravilla.....contrastando luego mucho su interés por las armas y acción de cazar frente a la conservación de su recurso base. Basta con revisar en esta misma página los foros. La "Gestión cinegética" interesa poco-nada.

Creo que nunca he leído dos artículos mejores sobre la perdiz que los que este señor ha escrito. Y le ruego que se prodigue más.
No suelo leer mucho revistas del sector, acostumbrado a encontrar tanta tontería casi como palabras escritas, y si ya con el primer artículo me impactó, con este segundo me ha convencido....y no voy a dejar pasar la oportunidad de opinar algo.
Es de las pocas veces que se explican CLÁRAMENTE los problemas que sufre esta especie, alejándose de los “mantras” hasta ahora repetidos hasta la saciedad, y no por ello ciertos, que alejaban de la escopeta y los cazadores cualquier culpa sobre el asunto. Otra cosa es que los “cazadores” quieran entenderlos, que igual ese es el problema. Porque en cuanto a contenidos personalmente los encuentro PERFECTOS , realistas y que me confirman todo lo que, sin haberlo leído, ya tenía en mente simplemente por años observación. Puede que su nivel no sea “apto” para todos los públicos, pero en esencia es (son) un artículo ajustado completamente a la realidad que hay en muchas zonas.

Me llama la atención la comparativa con lo del “capital y renta” para hacer entender la disminución paulatina de la especie….En alguna ocasión lo he comentado en este mismo foro comentando sobre este tema (con Luisito) usando un símil parecido, sino el mismo. Yendo un poquito más allá, se me ocurre compararlo con las “inversiones”. Hace poco un amigo pretendía convencerme para ello. Es un tema que no me gusta, y de mucho riesgo; me explico: Si partes de 100 y con suerte ganas un 5%, te quedas con 105. Si “reinviertes” para aumentar ganancias , y pierdes un 5% (lo más normal del mundo, unas veces ganas y otras pierdes), NO RECUPERAS TUS 100, sino que “un poquito” menos…….entrando en una espiral, con tendencia a que te quedes a 0 (la banca siempre gana).

Con la perdiz, llegado el punto en el que están al borde de la extinción, sucede lo mismo; Por debajo de su “nivel mínimo” (estado en el que se encuentran muchas zonas), las altas producidas (con suerte se multiplican por 3 las existentes) no cubren las bajas anuales, perdiéndose año tras año “madre”, eso sin contar años pésimos en los que si se mantienen ya es una suerte. Es eso que oímos de “ya no crían igual que antes”, “no se cazan y no se recuperan”, “les hemos puesto bebederos y comederos y no hay más”. Cuando esto sucede es porque la presión, constante, de depredadores, métodos de cultivo, climatología…..y seguramente ENDOGAMIA (me gustaría leer algo sobre este tema de este señor puesto que estoy convencido de que también les está afectando en muchas zonas) hacen IMPOSIBLE que la especie se recupere sin ayudas externas. Ojo, y las berettas&benellis de correcaminos perseverantes. Aquí asumo mi parte de culpa.

Por encima de su nivel óptimo, ya hay que presionarlas y hacerles la vida imposible como para llevarlas al otro extremo. Eso que oimos de que “la escopeta no acaba con la caza”. Llegar a los niveles que se ha llegado en algunas zonas es fruto del efecto de la espiral que antes contaba durante bastantes temporadas, no de un año para otro.

Y es una pena ya que este “estratega de la r” como decía en el artículo (animales que crían muchos individuos para paliar las pérdidas) en cuanto supera su nivel de equilibrio con el entorno (nacen más de las que mueren) crece exponencialmente con buenos años (2, 4,16……)
No es lo mismo multiplicar 5 por 3, y luego restar X, que 50 por 6 y luego restar las que queramos…..porque hayan 5, o hayan 50, las bajas que no son por culpa de la escopeta van a ser muy parecidas si se hacen las cosas medio bien. Las de la escopeta “en teoría” las controlamos al 100%.

Nosotros, en uno de mis cotos, hemos tenido la suerte de superar ese equilibrio, y llevamos tres temporadas increíbles de perdiz….. nietas de granjeras, adaptadas, que este año a poco bueno que venga van a ser el doble o triple que el pasado…….(los bandos, abundantes y grandes, se han quedado a medias la mayoría)……. Yendo a muerte a por ellas, con tantas, el daño de la escopeta no supone problema. Ahora bien, 3 años seguidos de sequía, la misma presión sin hacer nada, y nos quedamos como hace años. Sin ninguna. ¿Acaso nadie recuerda ahora temporadas como la del 2005 donde más que criar, bajaron de número?...¿a nadie se le ha ocurrido pensar que de aquellos polvos, "seguramente",....?

Saludos, y reitero mi agradecimiento a este Sr. por sus dos magníficos artículos


09 feb. 2012 22:18
+3
JVF
JVF
Estimado Sr Montoya,

Todo un placer leer sus artículos, lo cierto es que son muy enriquecedores.
La pena es que después de pasarme desde los 18 a los 33 en la directiva de una sociedad de caza una de las cosas que uno aprende es que no pocas veces hay amores que matan y el peor enemigo lo tenemos en casa los cazadores, como usted bien dice en uno de los comentarios de los post....
Las medidas a veces son sencillas pero cuando uno se sienta al frente una sociedad e caza con 2200 hectáreas y 220 socios....... pués el peor enemigo lo tiene en casa y si hace lo que tiene que hacer se busca un problema serio.
Empece con 18 años y unas ganas tremendas de aprender la pena que me queda es no poder acceder antes a mucho del conocimiento al que hoy tenemos acceso..... cuantas cosas habría hecho de forma diferente.. cuantas.
Lo peor de todo esto no es equivocarse, lo peor es autogestionarser para vivir en el error.

Atte.
Jaime Veiga Fontán
Nota.
Si le vale de algo cada día que se iba a cazar en ese coto de media se extraian 50 conejos, la orden de vedas marca 30 jornadas y se reducian a 22 + o - para ajustarlo al plan de aprovechamiento...
Lo dicho es sencillo y le diré más se permitía en las 8 jornadas que se dejaban sin cazar con arma de fuego el hacerlo con perros....
Pero con todo...... supongo que lo que digo hay que tomarlo en el contexto de la realidad gallega.... que eso también cuenta...
Lo malo es que una medida tan sencilla es muy impopular y eso siempre te trae rabo....
10 feb. 2012 09:07
ms  
Dudo mucho que si hubieras sabido lo que ahora sabes se hubiese obrado de otra manera; Tu, y más con 18 años, hubieses hecho lo que te hubiesen dejado hacer.....y seguramente hubieses acabado quemado en muy poco tiempo.
"Complejo de casandra" creo que le llaman a eso.

Es frustante ver como son los propios cazadores muchas veces los primeros en negarse en rotundo a recortar días de caza, o tomar medidas en favor de los animales, absolutamente convencidos de su posición. Hace menos de una semana me decía un abuelo "que allí nunca se había sembrado para la caza, ni se habían puesto bebederos"......que era perder dinero y tiempo.

Posiblemente, por lo menos en mi comunidad, el problema mayor para la correcta gestión de la caza sean los propios cazadores por su cabezonería y por ir siempre un poco "a la suya"; las posibilidades con la administración (esa tan "mala" que no deja hacer nada) son casi infinitas; si uno quiere, caza los 12 meses del año de una manera u otra legalmente ayudando a la mejora del coto.

Hasta que no pasen esas generaciones y se cambie de forma de pensar poco se puede hacer en muchos casos.

10 feb. 2012 10:46
+3
jmmontoyao@terra.es  
Amigos JVF y MS:
Me han encantado las ideas que introducís con vuestros comentarios (Además de que debo agradeceros el cariño que me mostrais. Cosa de viejos: me gusta que me quieran).
En el asunto capital, sobre el que hablaremos más adelante hay tres consideraciones. La primera que en economía de los recursos naturales renovables ¡y la caza lo es!) el capital y sus rentas son biológicos. No como en la economía contable tradicional, ni tan siquiera como en la buena economía agraria. Los capitales vienen predeterminados por la ecología y acotados dentro de una horquilla muy pequeña, por razones básicamente biológicas. Por las mismas razones las ampliaciones de capital son aquí muy pequeñas, no sucede lo que en los bancos o las grandes corporaciones que pueden ir ajustando sus capitales a sus necesidades productivas.
Sucede igual con las rentas, que no dependen de marco internacional alguno, ni varían a lo largo de los años, sino que (co oscilaciones entre años) tienden a un valor promedio (Ay, nuestra deuda!).
En lo que concierne a la sociología, tengo escrito en otros lugares que cuando el buen manejo, el manejo sostenible de un recurso natural renovable fracasa, rara vez (y al revés de lo que se suele pensar) quiebra por razones ecológicas o por razones técnicas, tampoco por causas legislativas ni administrativas. La mayoría de las veces quiebra por razones sociológicas y por razones económicas, que a su vez suelen ir muy unidas. No cambian los hombres, cambian las generaciones. Lo que ahora hagamos lo veremos reflejado en el campo dentro de 25 años.
Bueno, al amparo de vuestro interés, me comprometo en desarrollar estas cuestiones un poco más adelante. Por favor: seguid construyendo, entre todos sí podremos. José Miguel Montoya Oliver
11 feb. 2012 00:13
+3
JVF
JVF
Estimado Sr Montoya,
Coincido plenamente con que usted comenta de hecho si de algo soy consciente es que una sociedad de caza puede hacer poco cuando las condiciones sociales y económicas han cambiado.
De hecho es algo de lo que hablaba en este artículo... ( ruego sepa disculparme y quiero que conste que lo digo lo pongo guardan el debido respeto y con toda la humildad de mundo)
Una apuesta de futuro: La caza social como elemento dinamizador del medio rural

Totalmente de acuerdo.
Eso es lo que me dice la experiencia y más sabiendo los presupuestos que se manejan en los tecores (terrenos ordenados cinégeticamente) o sociedades de caza como prefieran...

Un saludo y perdón por la indiscreción

 

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