El mejor ejemplo es este primer vídeo. Tras un buen trabajo de búsqueda, los podencos han localizado a un conejo. El animal, en su hábitat, hace uso de lo intrincado de este entorno para intentar ponerse a salvo de los agudísimos sentidos de los canes. Pero los podencos canarios destacan, además de un olfato, una vista y un oído totalmente adaptados a la caza del lagomorfo, por una pasión irrefrenable.
Ni siquiera una cactus con sus afiladas espinas les frenan a la hora de intentar llegar hasta el conejo. De esta manera, vemos a la hembra llamada Guapa destrozar una Opuntia ficus-indica, comúnmente conocida como, palera, tuna o chumbera.
Con perros como estos no es de extrañar que su orgulloso propietario comparta los vídeos de sus capturas con Club de Caza.
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