Crónicas de caza

Caza un corzo prácticamente único

Cuando el cazador se acercó al corzo que acababa de abatir tras haberlo visto en varias ocasiones, descubrió un precioso trofeo, extraño y casi único. Nos cuenta cómo consiguió cazarlo


 Caza un corzo único
Caza un corzo único

Luis Asensio es un joven cazador de Espluga de Francolí, en Tarragona. Solo 13 kilómetros separan su domicilio del entorno donde han conseguido abatir un precioso corzo, los montes de Conca de Barberá.

Un trofeo excepcional

El cazador habla de su corzo como un ejemplar «muy bonito». Pero se queda muy corto. Este ejemplar porta un trofeo con el que todos los corceros sueñan. El grosor de las cuernas y la particularidad de la enorme punta que parece un tercer cuerno en el centro del trofeo lo convierten en algo extraordinario.

Hemos hablado con el cazador. Y nos ha reconocido que ha entrado de lleno en el mundo de los recechos esta temporada. Y no le ha ido nada mal, puesto que ha conseguido tres corzos muy bonitos este año. Pero le pedimos que nos hable de este excepcional trofeo y de cómo fue la caza.

Así se cazó este corzo

Luis lleva a los recechos su rifle Blaser R94 en calibre 7 mm RM, con un visor Docter 3-12x56. Con este equipo, acudió con un buen compañero de caza a recechar. «Un compañero de caza que ha sido el que me ha enseñado lo que sé acerca del rececho del corzo. Me ha enseñado a considerar el aire, a mirar el monte y cómo colocarme según en qué lugar, cómo entrarles a los corzos…», reconoce Luis.

Primer intento

El cazador nos cuenta que llevaba unos días combinando esperas con recechos, y en una de ellas descubrió «un macho muy bonito que había visto antes y no le había podido disparar. Nos separaban 248 metros». Pero esto no amedrentó a Luis, que apoyó su rifle en su bípode, apuntó y accionó el gatillo de su Blaser.

«Disparé, pero no lo toqué. Acudí al lugar del disparo en busca de alguna prueba de haberle acertado, pero no encontré nada. Insistí en esa zona unos días más para ver si volvía a ofrecerme una oportunidad, pero no fue así».

Segunda oportunidad

Durante esos días, el compañero de Luis abatió un corzo bonito. Al volver con su trofeo, le avisó que había visto otro ejemplar que le había parecido un buen corzo. Así lo recuerda el cazador:

»Le hice caso y acudí al lugar exacto donde me indicó. Le llamé desde allí y me dijo que subiera un poco más para tener más opciones de ver al corzo si daba la cara. Le hice caso y esperé allí. Al moverme, salieron dos corzos pequeños. Sospeché que se trataba de la hembra, y supuse que el macho no tardaría en acudir».

Paciencia y entra el corzo

Pero pasaron las horas y no entraba el animal. Llegaron las 20:30 horas y Luis perdía la esperanza. «Avisé a mi compañero para cambiar de sitio. Pero me aseguró que los corzos comenzaban a entrar sobre las 21 horas. Qué razón tenía. Cinco minutos antes de esa hora escuché la carrera del corzo.

»Entró a un lado. Yo tenía el trípode a mi izquierda, y el corzo estaba solo a 50 metros. Si cogía el trípode, sabía que el corzo me descubriría, así que disparé a pulso. Fue un impacto certero. El corzo calló en el sitio. En ese escaso espacio de tiempo le había visto la cuerna derecha, pero cuando le vi de cerca fue cuando me llevé la sorpresa. Había conseguido un corzo muy singular».

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