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Un chalet con vistas de ensueño para los apasionados de la caza de la paloma torcaz

Un cazador gaditano tiene la fortuna de contemplar cada mañana la salida de miles de palomas torcaces de los dormideros situados en la zona de La Barrosa, en Chiclana de la Frontera.

Bandada de palomas torcaces sobrevolando una zona urbana con árboles, tejados y tendidos eléctricos

El palomero es propietario de una vivienda en La Rana Verde y Las Lagunas, área de expansión de chalets y caminos rurales que conecta el casco urbano con la playa de La Barrosa.

 

Las palomas torcaces colonizan los parques, arboledas y zonas urbanas de los municipios de la Bahía de Cádiz

Las aves tienen como dormideros las zonas urbanas y periurbanas de Chiclana de la Frontera, Conil de la Frontera, San Fernando, Cádiz, Puerto Real y El Puerto de Santa María. Según los cazadores locales, la población de torcaces aumenta cada año, ya que las palomas evitan el control poblacional de los cazadores descansando en las ciudades y alimentándose en los cultivos en los que no son cazadas.

El cazador que ha grabado estas imágenes asegura que la mayoría de las torcaces que aparecen en la grabación son palomas nuevas. Los cazadores abaten menos de un 20 % de estas aves cada temporada.

El crecimiento de la población de palomas torcaces urbanas se ha convertido en un serio problema para la ciudadanía

En algunas ciudades como Chiclana de la Frontera, su existencia provoca graves perjuicios a los agricultores de la zona, sobre todo en los campos de girasol y cereales.

Supone un riesgo para la salud pública debido a la transmisión de enfermedades a través de sus excrementos y plumas; provoca daños en el patrimonio —enclaves históricos como la Iglesia Mayor de Chiclana sufren constantemente el impacto de estas poblaciones de aves—; y genera problemas de limpieza para el sector hostelero y contaminación ambiental.

Halcones peregrinos para controlar la población de palomas torcaces y bravías en Chiclana de la Frontera

El Ayuntamiento chiclanero ha puesto en marcha el Proyecto Halcón para reducir la población de palomas urbanas de forma ecológica y sostenible mediante la cadena trófica.

A través de la colaboración con la bióloga Rebeca Millán y el Club Cetrería por la Propagación de la Vida Salvaje, la iniciativa consiste en la cría, introducción y suelta vigilada de polluelos de halcón peregrino brookei. Se han instalado nidos de halcón en localizaciones estratégicas de la ciudad, incluyendo áreas hoteleras de la costa como el Royal Hideaway Sancti Petri, donde se alojan polluelos de menos de un mes de vida. De esta manera, las aves se crían e independizan reconociendo la zona como su hogar natal.

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