En Rusia se permite la caza del oso pardo bajo un sistema de límites de extracción y cuotas, que se determina teniendo en cuenta los censos, distribución, dinámica poblacional y demás información del seguimiento estatal de los recursos cinegéticos. Los límites se establecen para cada sujeto de la Federación. Cada permiso establece las fechas concretas y el territorio en el que se puede ejercer su caza.
A escala federal, el vasto país se regulan dos periodos de caza permitida, uno de primavera y otro desde agosto a fin de diciembre. Se suele desarrollar en recechos, esperas o aguardos, batidas, caza en osera o con perros de caza. Pero lo que vemos a continuación no parece encuadrarse en ninguna de estas modalidades.
El vídeo comienza con el depredador persiguiendo al jabalí. Ambos animales cuentan con un tamaño destacable, pero la velocidad del oso pardo, que puede alcanzar los 55-60 kilómetros por hora en un sprint o carga corta, resulta muy superior a la del jabalí, que apenas supera los 40.
Además, ante la imposibilidad de mantener la carrera a intensidad máxima durante mucha distancia, los osos suelen acechar a sus presas o esperarlas en los lugares a los que saben que acudirán a alimentarse o beber para así intentar caer sobre ellos lo más sorpresivamente posible.
Esto condena al suido, que es atrapado ante la atónita mirada del cazador, que circulaba con su vehículo por un camino forestal.
Los dos animales pugnan, uno por rematar a su presa y el otro por intentar zafarse. Esto les lleva a ignorar todo lo que sucede a su alrededor, lo que le brinda al humano el tiempo necesario para sacar su rifle, cargarlo y disparar al úrsido una bala letal que deja al animal inerte en el sitio del impacto. El jabalí es el gran beneficiado, pues tiene la opción de huir, aunque el cazador no lo perdona y también dispara sobre él.
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