Estas franjas son vitales para el éxito reproductivo de las especies. El colectivo cinegético en España realiza numerosos proyectos para favorecer la restauración y conservación de las lindes o márgenes de cultivo en las fincas agrarias y cotos. El proyecto Framework, promovido por la Unión Europea y testado en el olivar mediterráneo y zonas cerealistas, fomenta la «agricultura sensible a la biodiversidad». Cazadores y agricultores colaboran directamente en esta iniciativa.
El proyecto RUFA, desarrollado principalmente por la Fundación Artemisan, en colaboración con diferentes federaciones de caza autonómicas, sociedades locales de cazadores, agricultores y entidades de investigación, busca recuperar las poblaciones de perdiz roja silvestre en España y otras aves con las que comparte hábitat, aplicando medidas específicas sobre los bordes de los campos. El Grupo Operativo Agrohábitat, coordinado también por el colectivo cinegético y científico, enfoca sus esfuerzos en comunidades como Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha. Su fin es conciliar la rentabilidad de las fincas con el cuidado ambiental, promoviendo la creación y mantenimiento de zonas de vegetación en las confluencias de las lindes.

Cómo proteger la fauna sin enfrentar producción y conservación
Víctor Villalobos, Guarda Rural de Caza y Técnico de Seguridad y Medio Ambiente, escribe una carta abierta a los agricultores españoles, cazadores, propietarios y gestores del territorio.
«Hay personas que conocen el campo.
Y hay personas que viven el campo.
Nuestros agricultores pertenecen a ese segundo grupo.
Son los primeros en llegar y, muchas veces, los últimos en marcharse. Conocen las tierras, los caminos, las lindes, los arroyos y hasta los cambios del terreno que para muchos pasan completamente desapercibidos.
Son quienes mantienen cultivado nuestro territorio y quienes, generación tras generación, han aprendido a convivir con una naturaleza que no siempre pone las cosas fáciles.
Por eso, esta no pretende ser una carta para decirle al agricultor cómo debe trabajar.
Es una carta para pedirle que nos ayude a conservar aquello que todos queremos seguir viendo en nuestros campos.
Porque el agricultor no es el enemigo de la naturaleza.
Es parte de la solución».
Cuando la cosecha cambia el paisaje
«Quienes trabajamos en el medio rural sabemos lo que ocurre cuando llega la recolección de la siembra.
En cuestión de horas, una parcela que durante meses ha ofrecido alimento y cobertura puede quedar completamente despejada.
Para nosotros es simplemente el final de una campaña agrícola.
Para determinadas especies puede significar la pérdida repentina de refugio.
Perdices, codornices, conejos, pequeños mamíferos, reptiles e innumerables especies de insectos utilizan los márgenes y lindes agrícolas.
Y ahí surge una propuesta tan sencilla como importante:
Siempre que sea viable y compatible con la explotación y con la normativa aplicable, conservar aproximadamente un metro de vegetación en determinadas lindes y márgenes.
Un metro.
Parece insignificante.
Pero en el campo, muchas veces, lo pequeño tiene una enorme importancia.
Ese metro puede ser hierba, vegetación espontánea, un pequeño margen que para nosotros apenas tiene valor productivo, pero que para un animal puede significar tener dónde esconderse, descansar, alimentarse o desplazarse».

La época de cría: cuando la fauna necesita más protección
«Pero la conservación no empieza ni termina el día de la cosecha.
Existe otro momento especialmente delicado: la época de reproducción y cría de nuestras aves agrícolas.
Durante la primavera y buena parte del periodo reproductor, especies como la perdiz roja, la codorniz y otras aves que utilizan los cultivos y sus márgenes para nidificar están incubando sus huevos o criando a sus polluelos.
En esos momentos, cualquier alteración de su hábitat puede tener consecuencias importantes».
En el campo, el calendario importa
«No todas las especies crían al mismo tiempo y los periodos pueden variar según la zona, la climatología, el hábitat y las condiciones del año. Pero, de forma orientativa, en buena parte de Andalucía podemos considerar:
- Perdiz roja: principalmente entre marzo y julio, con especial sensibilidad durante abril, mayo y junio.
- Codorniz: principalmente entre mayo y agosto, aunque su periodo reproductor puede variar según las condiciones y la llegada de las aves.
- Otras aves agrícolas y esteparias: muchas concentran su reproducción aproximadamente entre marzo y julio, aunque cada especie tiene su propio calendario.
Por ello, entre marzo y agosto debemos extremar la atención en aquellas zonas agrícolas donde exista presencia de aves reproductoras, especialmente cuando se realizan trabajos que puedan afectar directamente a la vegetación, las lindes o posibles zonas de nidificación.
No significa que durante esos meses deba paralizarse la actividad agrícola.
Significa algo mucho más sencillo:
Observar antes de actuar.
Si durante los trabajos agrícolas se detecta un nido, una puesta o una pollada, lo razonable es señalizar la zona y evitar actuar directamente sobre ella o buscar una alternativa que reduzca el impacto.
Porque en determinadas épocas del año, unos pocos metros de vegetación pueden convertirse en una auténtica guardería natural».
La importancia de los majanos
«Para muchos puede parecer simplemente un montón de piedras retiradas de una parcela.
Para quienes conocemos el terreno sabemos que puede ser muchísimo más.
Un majano bien situado puede convertirse en un refugio natural de enorme importancia para la fauna.
Conejos, reptiles, pequeños mamíferos, insectos y numerosas especies pueden encontrar entre sus piedras protección frente a las inclemencias meteorológicas y, especialmente, frente a determinados depredadores.
Y lo más importante: ocupa muy poco espacio en relación con el beneficio que puede aportar al ecosistema agrícola.
Por eso, cuando se retiren piedras de una parcela, sería interesante, siempre que sea posible y compatible con la actividad agrícola, concentrarlas de forma ordenada en determinados puntos para mantener o crear pequeños majanos.
No necesitamos grandes construcciones.
No necesitamos quitar hectáreas de terreno productivo.
A veces basta con conservar un pequeño rincón.
Unas piedras.
Una pequeña acumulación de material.
Un espacio aparentemente insignificante.
Pero para un conejo que necesita refugiarse, para un reptil que busca protección o para un pequeño animal que intenta escapar de un depredador, puede convertirse en una auténtica fortaleza natural.
El majano es una muestra perfecta de que producción y conservación pueden convivir.
Además, forma parte del paisaje tradicional de nuestros campos y de una manera de gestionar la piedra que durante generaciones nuestros agricultores han utilizado.
Por eso, antes de eliminar todos esos pequeños refugios naturales, pensemos qué función pueden estar desempeñando.
No todo lo que parece un obstáculo es un problema. A veces es precisamente parte de la solución».

Las lindes son el refugio de la fauna silvestre
«Desde la perspectiva de un Guarda Rural de Caza, los linderos no son simplemente una línea que separa dos propiedades.
Son parte del hábitat.
Pueden ofrecer cobertura, alimento y zonas de desplazamiento.
Una perdiz adulta puede escapar con relativa facilidad ante una amenaza.
Una cría no.
Una codorniz adulta puede desplazarse buscando otro lugar.
Una cría recién salida del nido puede depender de la vegetación que tiene alrededor.
Y cuando desaparece toda la cobertura vegetal, esas pequeñas criaturas quedan mucho más expuestas.
Donde nosotros vemos un metro de hierba, ellas pueden encontrar un escondite.
Y donde nosotros vemos un pequeño majano, ellas pueden encontrar una fortaleza».
No existen soluciones mágicas
«Como profesional dedicado al medio rural, tampoco creo en los discursos fáciles.
El descenso o la recuperación de determinadas poblaciones de fauna no depende exclusivamente de las prácticas agrícolas.
Intervienen muchos factores: disponibilidad de alimento y agua, climatología, transformación del hábitat, enfermedades, predación, presión humana y otros elementos.
Pero precisamente porque existen muchos factores, debemos actuar sobre aquellos que sí podemos mejorar.
Conservar una linde o un majano no solucionará por sí solo todos los problemas de la fauna.
Pero puede aportar cobertura.
Puede aportar alimento.
Puede aportar continuidad al hábitat.
Y puede proporcionar una oportunidad más de supervivencia.
En conservación, muchas veces, la suma de pequeños gestos termina produciendo grandes resultados».
Agricultor y cazador: aliados, no enemigos
«Durante demasiado tiempo hemos permitido que algunos discursos enfrenten a quienes viven y trabajan en el mundo rural.
Agricultores contra cazadores.
Producción contra conservación.
Actividad económica contra naturaleza.
Es un error.
El agricultor necesita un campo vivo.
El cazador necesita fauna y hábitats adecuados.
El Guarda Rural necesita un territorio que conservar y vigilar.
El propietario necesita que sus tierras sean productivas.
Y la sociedad necesita alimentos y un medio natural saludable.
Tenemos mucho más en común de lo que algunos pretenden hacernos creer.
Además, existe una realidad que muchas veces no se cuenta.
En numerosos cotos de caza, los propios cazadores y las sociedades de cazadores hacen un esfuerzo económico para mantener el hábitat durante todo el año.
En ocasiones, las juntas directivas de estas sociedades compran o arriendan terrenos agrícolas y mantienen la siembra expresamente para la gestión del coto de caza.
Es decir, terrenos que podrían quedar sin cultivo o completamente despejados después de la cosecha se mantienen sembrados para que sigan proporcionando alimento y cobertura a la fauna.
Y eso cuesta dinero.
Muchas veces es dinero que sale directamente de las cuotas de los propios cazadores.
No se trata únicamente de pensar en la temporada de caza.
Se trata de mantener el campo vivo durante los doce meses del año.
Una siembra mantenida puede proporcionar alimento a perdices, codornices, conejos y otras especies. Puede ofrecer cobertura cuando el resto del terreno está más despejado y puede contribuir a mantener un mosaico agrícola más favorable para la fauna.
Eso también es gestión del hábitat.
Eso también es conservación.
Y creo que es justo reconocerlo.
Porque cuando una sociedad de cazadores compra o arrienda un terreno y decide mantener su siembra para favorecer la fauna, está destinando recursos económicos a conservar el territorio.
El agricultor pone su trabajo y su conocimiento.
El cazador aporta financiación, gestión y compromiso con el terreno cinegético.
El Guarda Rural vigila, previene y conoce lo que ocurre sobre el terreno.
Y todos pueden trabajar en la misma dirección.
El agricultor que conserva una linde o mantiene un majano está contribuyendo a conservar el mismo patrimonio natural que el cazador intenta proteger cuando gestiona una población cinegética.
Y el cazador que respeta y comprende el trabajo del agricultor está defendiendo también la continuidad del mundo rural.
No podemos pedir respeto por la naturaleza mientras despreciamos a quienes trabajan todos los días sobre ella».
Una responsabilidad compartida
«Como Guarda Rural de Caza y Técnico de Seguridad y Medio Ambiente, considero que la conservación debe ser una responsabilidad compartida.
El agricultor aporta su conocimiento de la tierra.
El cazador aporta su conocimiento de las especies y del territorio.
El Guarda Rural aporta vigilancia, prevención y conocimiento directo del terreno.
Los técnicos aportan planificación y criterios de gestión.
Los propietarios aportan la posibilidad de conservar determinados elementos del paisaje.
Y las administraciones deben aportar apoyo, recursos, asesoramiento y medidas que hagan posible compatibilizar la producción agrícola con la conservación.
No podemos cargar toda la responsabilidad sobre quien trabaja la tierra.
Tenemos que ayudarle a conservar.
Y también tenemos que escucharle.
Porque muchas veces quien está todos los días en una parcela conoce perfectamente dónde cría una perdiz, por dónde se mueve el conejo, dónde se refugian los animales o qué zona mantiene humedad cuando el resto del terreno está completamente seco.
Ese conocimiento también es conservación».
De un metro de vegetación o de un majano dependen muchas vidas
«Por eso esta carta termina con una petición muy sencilla.
Cuando llegue la cosecha.
Cuando la maquinaria entre en la parcela.
Cuando el campo empiece a quedar despejado.
Miremos también hacia las lindes y hacia esos pequeños refugios que todavía conserva nuestro campo.
Si podemos conservar ese pequeño margen de vegetación, hagámoslo.
Si podemos mantener un majano, conservémoslo.
Si estamos en época de reproducción y encontramos un nido o una puesta, extrememos las precauciones.
Si detectamos una zona de cría, señalémosla.
Si podemos evitar una actuación nocturna que pueda afectar a la fauna, valorémoslo.
Y si una sociedad de cazadores tiene la posibilidad de mantener una parcela sembrada para que la fauna disponga de alimento y refugio durante todo el año, sigamos apostando por ese tipo de gestión.
No son grandes sacrificios.
Son pequeñas decisiones.
Pero pueden marcar una diferencia enorme.
Porque quizá ese metro de vegetación sea el refugio de una perdiz.
Quizá sea el escondite de una codorniz.
Quizá ese majano sea la protección de un conejo.
Quizá entre sus piedras encuentre refugio un reptil.
Quizá una pequeña acumulación de vegetación sea el lugar donde una pollada consiga sobrevivir.
Y quizá esa siembra que alguien decidió mantener durante todo el año sea precisamente el lugar donde muchos animales encuentren alimento cuando más lo necesitan.
Y quizá, gracias a esos pequeños gestos, dentro de unos años sigamos escuchando el canto de la codorniz al amanecer o viendo levantar el vuelo a una perdiz entre los cultivos».
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