Varas flexibles y muy largas, de cuatro metros de longitud, unidas por una red, se convierten en la herramienta clave para conseguir capturar con vida a las pequeñas aves migratorias descubiertas y señaladas por el perro de caza. La combinación de perro de muestra y red para capturar codornices es, probablemente, uno de los métodos cinegéticos más antiguos documentados por el ser humano. Lejos de haber desaparecido, esta práctica ancestral vive hoy una segunda vida como herramienta científica de seguimiento poblacional, mientras que en varios países del norte de África y Oriente Medio persiste, de forma mucho más controvertida, como técnica de captura masiva.
El perro muestra y guía hasta la posición en la que se encuentran las codornices. Entonces el encargado de intentar atraparlas se acerca todo lo posible y escudriña el suelo intentando localizarlas y preparando la red. En cuanto alzan el vuelo, intenta enredar en ella a la codorniz. Algo que consigue de manera muy efectiva, como vemos en estos vídeos.
Las primeras referencias a la caza de codornices con red se remontan al Antiguo Egipto: el Libro de los Muertos egipcio ya menciona esta práctica hace más de 3.000 años, y un fresco conservado en el Museo Egipcio de Berlín representa escenas de captura con red en las vegas del Nilo. Siglos después, Plinio el Viejo describiría las célebres «lluvias de codornices» que caían agotadas sobre las embarcaciones romanas al cruzar el Mediterráneo, sorprendidas por un cambio brusco de viento.
El salto decisivo llega en la Edad Media, cuando los cazadores europeos empiezan a seleccionar perros capaces de «marcar» la posición exacta de las aves sin espantarlas, permitiendo lanzar una red sobre el animal inmóvil. Esta selección estuvo estrechamente ligada a la cetrería aristocrática de los siglos XII y XIII, y dio origen a los primeros linajes de perros de muestra de Europa. Cronistas como el Conde de Foix ya describían en el siglo XIV al «chien d'oysel», el «perro de ave» de origen español, deteniéndose en seco ante la presa hasta que el cazador soltaba el halcón o extendía la red.
En España, esta técnica quedó fijada por escrito en el siglo XVII en el Arte de Ballestería y Montería de Martínez de Espinar, que detalla cómo se capturaban codornices con reclamo y red, y también con perro de muestra y una red «tiraza» que se lanzaba sobre el ave localizada. Con la posterior popularización de las armas de fuego ligeras, que muchos historiadores sitúan también en España, el perro dejó de ser el cómplice de la red para convertirse en el aliado de la escopeta, y esta modalidad de caza fue perdiendo terreno frente al tiro al vuelo.
De método de caza a herramienta de ciencia ciudadana
Hoy, en España y en buena parte de Europa, la captura de aves con perro de muestra y red es una modalidad prohibida como técnica de caza desde hace décadas. Sin embargo, lejos de desaparecer, ha resurgido reconvertida en instrumento científico. El Proyecto Coturnix, impulsado por Mutuasport junto a las federaciones autonómicas de caza, aplica el llamado Método Específico para el Seguimiento de la Codorniz Común (SEC): un perro de muestra localiza a las codornices en el terreno y, siguiendo su indicación, los técnicos extienden una red sobre ellas para capturarlas vivas, anillarlas y liberarlas, generando así datos reales sobre sus movimientos y su estado poblacional. Solo en una de sus últimas temporadas, el proyecto anilló 257 ejemplares entre la Meseta Norte y el Valle del Ebro y recuperó información de otras 64 aves ya marcadas, con la colaboración de más de 5.000 cazadores convertidos en científicos ciudadanos.
Masacres de codornices en países de África y Oriente Medio
Fuera de Europa, la pareja perro-red sigue empleándose, aunque con propósitos y regulaciones muy diferentes. En Uzbekistán se ha popularizado en redes sociales un método de censo que reproduce casi al calco el sistema SEC español: perro de muestra que localiza y red que captura para su posterior marcaje. En cambio, en varios países del norte de África y Oriente Medio la técnica se combina con reclamos enjaulados y redes de gran altura instaladas en cultivos, un sistema mucho menos selectivo que apenas deja opciones de escape a las aves migratorias y que genera creciente preocupación entre organizaciones conservacionistas y cazadores europeos, en un contexto en el que la Unión Europea evalúa restricciones adicionales sobre la caza de la codorniz común.
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