Las siguientes imágenes han sido grabadas en Alemania. Al principio vemos cómo un corzo macho se encara con todos los árboles jóvenes que encuentra. Los embiste, salta, corre... Todo parece indicar que el animal está practicando sus aptitudes para la pelea. Pero cuando nos fijamos detenidamente en sus cuernas, algo no cuadra. Contamos tres totalmente diferenciadas donde debería haber solo dos. Estamos, pues, ante un ejemplar extraordinario y muy pocas veces visto.
Corzos con tres cuernas: objeto de estudio científico:
Existen precedentes científicos documentados de exactamente este tipo de anomalía en el corzo. El trabajo Corzos con tres cuernas atípicas, realizado en Bulgaria y publicado el pasado año 2025, se convierte en el estudio más significativo que respalda antecedentes de ejemplares como el que acabamos de ver. Petrov y Petrova describen tres machos de corzo (Capreolus capreolus) que presentaban una tercera estructura cornual, una anomalía que los autores consideran poco frecuente y de la que existen pocos casos documentados en la literatura. Los tres ejemplares fueron localizados en Bulgaria, en territorios diferentes y sin relación entre ellos. El estudio combina fotografías, observaciones de campo y, en uno de los casos, el examen posterior del cráneo.
El caso más reciente corresponde a un macho de aproximadamente 4-5 años, bautizado como Ardin, fotografiado mediante una cámara de fototrampeo el 10 de abril de 2025 en la zona de Svetulka, en Ardino. El animal presentaba dos cuernas principales completamente desarrolladas y con una ramificación normal para su edad, pero entre ambas aparecía una tercera estructura que nacía en la zona frontal. Esta tercera cuerna era considerablemente más pequeña y no presentaba ramificaciones.
El segundo ejemplar fue localizado en Lozevo, en la región de Shumen, en 2022. Se trataba de un macho de unos 3-4 años, observado en buenas condiciones antes de ser abatido en una actuación de caza selectiva. El examen posterior permitió confirmar la presencia de la tercera cuerna. En este caso, la estructura adicional estaba situada por detrás de la cuerna derecha y tenía aproximadamente la mitad de la longitud y del diámetro de las dos cuernas principales.
El tercer caso procede de Izvor, también en la región de Shumen, donde en 2014 se encontró el cráneo de un macho de corzo. Las dos cuernas principales estaban completamente desarrolladas y presentaban la conformación típica de un macho adulto, con tres puntas cada una. A ellas se sumaba una tercera estructura cornual frontal, independiente de las otras dos.
Los investigadores no atribuyen la tercera cuerna a una causa concreta
Uno de los puntos que conviene destacar periodísticamente es que Petrov y Petrova no concluyen que exista una causa determinada para esta anomalía. Su trabajo es fundamentalmente descriptivo: documenta los casos y plantea la necesidad de investigar qué mecanismos pueden producir una estructura cornual adicional.
Los autores recuerdan que las alteraciones en el desarrollo de las cuernas pueden estar relacionadas con factores genéticos, ambientales o antropogénicos, y citan entre las posibles influencias la contaminación, los pesticidas, alteraciones del desarrollo y determinadas enfermedades. También señalan que factores como el estrés ambiental, la sequía, las enfermedades o las deficiencias nutricionales pueden modificar el desarrollo de las cuernas. Pero insisten en que todavía hacen falta investigaciones específicas para saber si alguno de estos factores explica realmente la aparición de una tercera cuerna.
Atacar a los árboles: corzos encelados o que practican sus técnicas de pelea
El «frotado» o fraying, el comportamiento por el cual los corzos atacan literalmente la corteza y los tallos con la cuerna, es la interacción cuerna-árbol mejor estudiada. Consiste en restregar la cuerna, primero para retirar la borra (piel vascularizada que recubre la cuerna nueva) y después, ya con la cuerna limpia, para golpear y raspar tallos jóvenes de forma repetida a lo largo de todo el celo. La literatura le atribuye una función doble, y probablemente simultánea: por un lado es un acto de aseo (limpieza de la borra reseca) y por otro un acto de marcaje territorial, depositando olor de la glándula preorbital y frontal sobre la herida abierta en el tronco. La importancia relativa de una función u otra varía según la especie, la fase del celo y el hábitat.
Pero esta acción se interpreta a menudo como una forma de agresión redirigida o desplazada. Es decir, un patrón descrito en muchas especies (incluidos otros cérvidos y carnívoros): cuando un macho está fisiológicamente activado por la testosterona y no tiene un rival físicamente disponible sobre el que descargar esa tensión, dirige la conducta agonística hacia el elemento más próximo, en este caso, un arbolito, que actúa como sustituto del combate real. Esto explicaría por qué el frotado se intensifica justo en los picos de tensión territorial (cuando un rival ha estado presente cerca, aunque no haya llegado a producirse contacto físico).
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