Los jabalíes se extendieron rápidamente por la masa terrestre australiana después de su introducción en Nueva Gales del Sur (NSW) en 1788 por colonos europeos y en la actualidad se estima que se han extendido a más del 45% del continente. En 1990 había entre 13 y 23 millones de ejemplares en Australia. Hoy esa cifra se ha incrementado ostensiblemente. Considerados como uno de los animales plaga más invasores y dañinos de Australia, los propietarios de tierras han asumido la responsabilidad de controlar activamente su número. Y una de las maneras de llevarlo a cabo es con la ayuda de perros especialistas en su captura.
Tras el jabalí grabándolo todo
A la velocidad que es capaz de desplegar un jabalí siendo perseguido hay que sumar las dificultades que va poniendo el terreno en el camino de los perros. La persecución comienza en un camino, pero el instinto de supervivencia le dicta al suido que se interne entre las parras de un campo de uvas para intentar dejar atrás a sus perseguidores.
Esto suma espectacularidad a las imágenes captadas por la cámara colocada en el arnés especial que lleva el perro en su espalda. A pesar de los vertiginosos movimientos producidos por el galope del can, la imagen resulta tremendamente estable y nos permite seguir la frenética carrera que le va aproximando a cada zancada.
Los perros utilizados al otro lado del mundo para la persecución y agarre de jabalíes y sus híbridos resultantes del cruce con cerdos domésticos, comúnmente llamada pig hunting o pigging, reúnen las cualidades necesarias para destacar en estas dos tareas de un tipo de caza exigente y peligrosa. Se trata de perros resultantes de cruces específicos y seleccionados rigurosamente por su funcionalidad.
El bull arab es la raza icónica y el perro de jabalí por excelencia en Australia. Fue creado específicamente en los años 70 cruzando un 50% de bull terrier, elegido gracias a su potencia de mordida y tenacidad, con un 25% de greyhound o galgo inglés, para incrementar la velocidad en carrera, y un 25% de braco alemán, por su excelente olfato y rastreo en silencio. El resultado es un can «todoterreno» capaz de correr largas distancias a gran velocidad bajo el calor extremo, rastrear al jabalí a kilómetros de distancia y además, perseguirlo velozmente hasta agarrarlo y conseguir sujetarlo para que su propietario acuda y remate a la presa.

Bull Arab.
Perros de agarre o presa
También encontramos perros especialistas para, una vez que el jabalí ha sido acorralado tras la carrera, liberarlos para cumplir una única función: abalanzarse sobre el jabalí y sujetarlo firmemente por las orejas o el cuello para inmovilizarlo hasta que llega el cazador. Para esto se utilizan mezclas pesadas de tipo «bull» como el american pitbull terrier, el bull terrier, el bullmastiff, el bulldog americano o sus cruces.
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