Una de las conclusiones más interesantes tras concluir el análisis de los datos recabados consiste en que la selección de los perros lleva mucho más tiempo y se basa en muchos más criterios de los que podría parecer a los que no conocen el mundo canino cinegético. Los investigadores han analizado la organización, reproducción, selección, entrenamiento, alimentación y sanidad de las rehalas de la provincia de Córdoba. El resultado es uno de los trabajos científicos más completos realizados hasta ahora sobre el manejo del perro de rehala en España.
El estudio, publicado en 2026 en la revista científica Animals, se titula Characterization and Typology of Hunting Dog Packs (Rehalas) and Breeder Management Practices in a Mediterranean Mountain System.

Más de 50 perros de media en una rehala
Las cifras permiten hacerse una idea de la dimensión de los grupos de perros de caza mayor. Las rehalas estudiadas ascendían a una media de 51,87 perros. Sin embargo, se constata que no todos esos animales desempeñan exactamente la misma función. La mayoría está orientada al rastreo y persecución de las piezas, mientras que otros perros presentan características especialmente relacionadas con la capacidad de sujetar animales heridos, los perros de agarre.
Los machos son claramente mayoritarios y el podenco andaluz de talla grande aparece como el tipo de perro predominante en el área estudiada. Pero la conclusión más importante es que la rehala funciona como un equipo de especialistas, en el que las características de cada perro pueden complementar las de los demás.

Dos temporadas para valorar a los mejores cazadores y reproductores
Aquí aparece uno de los datos que más pueden llamar la atención a cualquier aficionado a los perros de caza. Los rehaleros no deciden inmediatamente qué animales deben convertirse en reproductores. Según las respuestas recogidas por los investigadores, se necesitan aproximadamente dos temporadas de caza para valorar definitivamente a un perro antes de decidir si debe entrar en reproducción. El criterio tampoco es exclusivamente morfológico. El 93,33 % de los rehaleros entrevistados aseguró tener en cuenta el temperamento a la hora de seleccionar reproductores.
La resistencia, inteligencia, fuerza, capacidad olfativa, obediencia y aptitud para la sujeción también aparecen entre los factores valorados.

La caza se convierte en el gran examen genético
Esta forma de selección tiene una consecuencia especialmente interesante. Durante generaciones, los rehaleros han ido escogiendo como reproductores aquellos animales que consideran mejores después de observarlos en condiciones reales de trabajo. Es decir, existe una selección funcional tradicional. El problema, según los investigadores, es que este sistema depende en buena medida de la experiencia individual y del denominado método de prueba y error. Los autores consideran que las nuevas herramientas científicas podrían ayudar a complementar ese conocimiento.
La propuesta pasa por combinar información genética y genealógica con morfología, comportamiento y rendimiento funcional. No se trataría de sustituir al rehalero por un laboratorio, sino de proporcionar herramientas que permitan tomar decisiones de selección todavía más precisas.
Otros datos de relevancia son los siguientes:
- El 73 % de los rehaleros ha incorporado genética externa El estudio también descubre hasta qué punto las rehalas conservan sus propias líneas.
- El 73,33 % de los participantes había introducido genética externa en algún momento.
Sin embargo, los investigadores detectan cierta resistencia a compartir animales reproductores entre rehalas. La explicación está relacionada, al menos en parte, con el valor que los propios rehaleros conceden a las líneas que han seleccionado durante años. Esta estrategia permite conservar determinadas características, pero también plantea un desafío: cómo mantener las aptitudes tradicionales evitando al mismo tiempo una excesiva cerrazón genética.

No todos los perros salen a todas las monterías
Otra de las conclusiones desmonta una idea bastante extendida por los desconocedores que no se han asomado al mundo de la rehala. El grupo de perros no es necesariamente un bloque invariable. El 86,67 % de los rehaleros estudiados forma equipos de perros, atendiendo a variables como la edad, las características de los animales, la modalidad de caza o las necesidades concretas de la jornada. Además, el 60 % declara colaborar con otras rehalas. Esto significa que la composición del equipo puede cambiar y que la selección de los perros que participan en una jornada concreta responde a una estrategia de manejo.
Tres formas diferentes de gestionar una rehala
El análisis estadístico realizado por los investigadores permitió establecer tres perfiles de gestión:
1. La rehala tradicional
Representa aproximadamente el 30 % de los casos. Es el modelo más ligado a los conocimientos transmitidos entre generaciones y a los sistemas tradicionales de selección y manejo. La experiencia acumulada del rehalero tiene aquí un peso especialmente importante.
2. La rehala pragmática
Es el grupo más pequeño, alrededor del 16,7 %. Combina el conocimiento tradicional con una mayor predisposición a adaptar las prácticas de manejo y a colaborar con otros rehaleros.
3. La rehala no organizada
Con aproximadamente el 53,3 %, es el perfil mayoritario. Los autores lo describen como el grupo más heterogéneo y con mayor capacidad de adaptación a las circunstancias actuales.
También aparecen en este grupo rehaleros más jóvenes y explotaciones de mayor tamaño.
La tradición de los rehaleros también es conocimiento
El estudio deja además una conclusión que va más allá de la genética o la veterinaria. Los investigadores consideran que la rehala constituye un sistema de conocimiento tradicional que integra perros, territorio, fauna, caza y experiencia humana. El rehalero conoce el comportamiento de sus animales después de observarlos durante años y puede reconocer diferencias individuales que difícilmente quedan reflejadas en un simple pedigrí.
Un estudio que pone al perro de caza bajo el microscopio
La investigación de Sierra Morena tiene además un valor especial porque estudia al perro dentro de una actividad cinegética concreta. No analiza perros de trabajo genéricos ni animales destinados a detección policial, rescate o asistencia. Estudia directamente qué hacen los perros de rehala, cómo se seleccionan, cómo se reproducen y cómo se organizan para participar en la montería. Y ahí está probablemente su principal aportación. Durante generaciones, los rehaleros han sabido que no todos los perros sirven para lo mismo. Ahora la ciencia empieza a intentar determinar qué características explican realmente esas diferencias y cómo pueden transmitirse y seleccionarse.
Referencia científica
Poderoso Martínez, C.; González-Martínez, A.; Luque Cuesta, M.; Rodero Serrano, E. Characterization and Typology of Hunting Dog Packs (Rehalas) and Breeder Management Practices in a Mediterranean Mountain System. Animals, 2026, 16(4), 572. DOI: 10.3390/ani16040572.
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1 comentario
El valor del estudio está en poner cifras a un conocimiento que durante años se ha transmitido dentro de las rehalas. Aun así, una muestra centrada en Sierra Morena no debería convertirse sin más en retrato de todas las rehalas españolas. Repetir el análisis en otras zonas permitiría distinguir qué rasgos son comunes y cuáles dependen del terreno, las modalidades y la tradición local.
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