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Una paloma torcaz se atiborra de bellotas

El ave las coge directamente del árbol y las engulle una tras otra. Cuando el verano va tocando a su fin y las bellotas comienzan a madurar, se convierten en un recurso muy importante en la dieta de estas aves.

Paloma torcaz comiendo bellotas

Con un hambre voraz, la paloma torcaz arranca las bellotas de las ramas de este árbol para tragárselas enteras con una facilidad pasmosa. Estas bellotas componen uno de los alimentos más importantes para la paloma torcaz durante el otoño y, sobre todo, el invierno. Los estudios científicos sobre la dieta de Columba palumbus muestran que esta especie tiene una enorme capacidad para adaptar su alimentación a los recursos disponibles, pero que las bellotas de encinas, alcornoques y otros Quercus pueden convertirse en el principal recurso alimenticio durante los meses fríos.

En un estudio realizado en el sur de España mediante el análisis de los contenidos del buche, las bellotas llegaron a representar aproximadamente el 67,6 % del volumen de la dieta en invierno, mientras que durante el verano fueron sustituidas principalmente por cereales.

 

La razón de esta preferencia tiene una explicación energética. Las bellotas son un alimento muy concentrado, con un contenido importante en grasas y otros nutrientes, por lo que permiten a las torcaces obtener una elevada cantidad de energía en poco tiempo. Esta característica resulta especialmente interesante durante el invierno, cuando las aves deben hacer frente a temperaturas más bajas y, en el caso de las poblaciones migradoras, a un importante gasto energético. Por eso, cuando existe una buena cosecha de bellota, los encinares y alcornocales pueden convertirse en auténticos imanes para las torcaces invernantes.

Los datos obtenidos en otros lugares de Europa refuerzan esta importancia. Un estudio realizado en el suroeste de Francia sobre centenares de torcaces encontró bellotas en el 42,3 % de los buches analizados y determinó que, atendiendo al peso de materia seca, constituían aproximadamente el 62 % del alimento ingerido, por delante incluso del maíz. Los investigadores concluyeron que la torcaz adapta rápidamente su régimen alimenticio a la disponibilidad de los diferentes recursos, una característica que explica su capacidad para alternar entre bellotas, cereales, semillas y vegetación verde.

Esta relación entre bellota y paloma torcaz también ayuda a explicar los movimientos de las aves dentro de sus áreas de invernada. La especie no utiliza todos los montes de Quercus por igual: la cantidad de alimento disponible en el suelo puede determinar qué zonas resultan más atractivas. En las dehesas españolas, distintos trabajos han señalado que las bellotas caídas constituyen uno de los principales recursos alimenticios de las torcaces entre noviembre y marzo. Por ello, la producción anual de bellota puede tener una influencia directa sobre la distribución de las aves y sobre la importancia que adquieren determinados encinares y alcornocales como áreas de alimentación.

La dieta, en cualquier caso, cambia con las estaciones. En verano predominan los cereales, mientras que los frutos carnosos tienen mayor protagonismo durante primavera y otoño. Con la llegada del otoño comienzan a incorporarse las bellotas y, durante el invierno, estas pueden pasar a dominar claramente la alimentación. Esta extraordinaria plasticidad alimenticia es una de las claves del éxito ecológico de la paloma torcaz: la especie aprovecha con rapidez aquellos recursos que ofrecen una combinación favorable de disponibilidad y valor energético.

La bellota, alimento esencial en el monte

La bellota es uno de los grandes motores de la vida en el monte durante el otoño, y no todas las bellotas proceden de la encina. Encinas (Quercus ilex), alcornoques (Quercus suber), quejigos (Quercus faginea y Q. canariensis), rebollos o melojos (Quercus pyrenaica), robles (Quercus robur y Q. petraea) y la coscoja (Quercus coccifera) ponen cada temporada a disposición de la fauna una enorme cantidad de alimento energético.

Para especies cinegéticas como la paloma torcaz, el jabalí o el ciervo, este recurso puede marcar la diferencia entre un monte con escasa oferta alimenticia y otro convertido en una auténtica despensa.

Cuando la cosecha es abundante, el suelo bajo las quercíneas se transforma durante semanas en un punto de alimentación privilegiado, capaz de atraer y concentrar animales desde grandes distancias. Por eso, la cantidad y distribución de la bellota no es un detalle menor del paisaje: es uno de los factores que pueden determinar dónde está la fauna y cómo utiliza el monte durante los meses más duros del año.

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