A mediados de agosto, un grupo de ladrones la emprendió a tiros para robar tres escopetas de caza del interior de dos vehículos aparcados en una venta frecuentada por cazadores. Según informa a Club de Caza el Instituto Armado, tres encapuchados irrumpieron en una venta de El Saucejo, localidad de la provincia de Sevilla, portando un arma de fuego. Dispararon al aire para intimidar a las personas que se encontraban en ese momento en el local. Mientras realizaban esa maniobra de distracción, otros dos individuos rompían con palos los cristales de dos coches que había aparcados en el exterior de la venta. De su interior, se llevaron tres escopetas de caza.

Tener un arma de caza es una responsabilidad
«En los pueblos y zonas rurales estamos acostumbrados a convivir con la caza. Hay familias en las que varias generaciones han sido cazadores y localidades donde, como se suele decir, “aquí casi todo el mundo es cazador”.
Precisamente por eso, quizá hemos llegado a normalizar demasiado algo que nunca debería dejar de preocuparnos: tener un arma de fuego en casa es una responsabilidad enorme.
Y lo digo desde una doble perspectiva: como Guarda Rural de Caza y como Director de Seguridad.
Una escopeta o un rifle no es un objeto más que guardamos en un armario y del que nos acordamos cuando llega la temporada. Son armas de fuego y, por tanto, debemos extremar las medidas de seguridad durante todo el año».
La seguridad no termina cuando acaba la jornada
«Cuando hablamos de armas de caza, muchas veces pensamos únicamente en la seguridad durante el disparo. Comprobamos el arma antes de salir, respetamos las normas de seguridad en el puesto y tenemos cuidado con los compañeros.
Pero hay otra seguridad de la que hablamos mucho menos: la custodia del arma cuando no estamos cazando.
El cazador tiene que preguntarse algo muy sencillo:
«Si mañana entran en mi casa a robar, ¿qué posibilidades hay de que se lleven mis armas?»
Si la respuesta es que podrían encontrarlas fácilmente, tenemos un problema.
La normativa establece unas obligaciones de custodia que debemos conocer y cumplir. Pero, personalmente, creo que no deberíamos quedarnos únicamente en el mínimo que marca la ley. Aunque las exigencias de custodia no sean las mismas que para determinadas armas largas rayadas destinadas a la caza mayor, un buen armero supone una barrera de seguridad adicional. Y cuando hablamos de armas de fuego, toda barrera adicional cuenta».
Custodia de las armas de caza durante los desplazamientos
«Otro asunto que me preocupa especialmente son los desplazamientos durante la jornada de caza. Llegamos al pueblo, aparcamos, nos vamos a desayunar y pensamos:
«En diez minutos estoy de vuelta».
Pero ese tiempo puede ser suficiente para que alguien fuerce un vehículo y se lleve un arma. No debemos olvidar que un arma sustraída puede terminar en manos de alguien que jamás debería tener acceso a ella. Y ahí la responsabilidad deja de ser únicamente nuestra».
Debes custodiar tus armas de caza en todo momento durante tus desplazamientos
Las monterías también necesitan seguridad
«Aquí es donde considero que tenemos un campo enorme para mejorar. En una montería podemos reunir decenas de vehículos, numerosos cazadores, armas, munición y una gran cantidad de personas entrando y saliendo de la finca.
¿Tiene sentido dejar los aparcamientos sin ningún tipo de vigilancia?
Desde mi experiencia como profesional de la seguridad, considero que no.
La contratación de Guardas Rurales de Caza para la vigilancia de los aparcamientos y accesos de una montería es una excelente medida preventiva.
No solamente para evitar o dificultar el robo de armas de los vehículos.
El Guarda Rural de Caza puede realizar una importante labor de vigilancia preventiva en el entorno de la actividad cinegética, dentro de sus competencias legales: vigilancia de accesos, detección de entradas no autorizadas, protección de la propiedad, prevención de infracciones y colaboración con la organización y con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cuando corresponda».
La seguridad empieza antes de que suene el primer disparo
«Controlar los accesos, vigilar los aparcamientos y detectar movimientos extraños puede evitar muchos problemas. En seguridad sabemos perfectamente que la presencia visible de personal cualificado tiene un efecto disuasorio. No es lo mismo llegar a una finca y encontrarse un aparcamiento completamente abandonado que encontrarse con un Guarda Rural de Caza realizando vigilancia. No es lo mismo tener un acceso abierto y sin control que saber que alguien está pendiente de quién entra y quién sale.
La prevención consiste precisamente en eso:
Detectar el riesgo antes de que se convierta en un problema.
Y ahí el Guarda Rural de Caza tiene mucho que aportar.
No se trata de poner un vigilante detrás de cada cazador
Tampoco debemos exagerar.
Se trata de aplicar sentido común y analizar los riesgos.
Una montería organizada debe contar con un mínimo de planificación de seguridad:
- Aparcamientos correctamente organizados.
- Zonas de acceso identificadas.
- Vías de entrada y salida despejadas.
- Información clara a los participantes.
- Medidas para evitar accesos no autorizados.
- Vigilancia preventiva.
- Coordinación con la organización.
- Y, cuando proceda, comunicación y coordinación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
Esto no significa convertir una montería en un dispositivo policial.
Significa hacer las cosas bien».
La seguridad no es solamente evitar accidentes
«Cuando hablamos de seguridad cinegética solemos pensar en no disparar fuera de las zonas autorizadas, identificar correctamente el objetivo, respetar los ángulos de tiro o mantener el arma en condiciones seguras.
Todo eso es fundamental.
Pero la seguridad también significa evitar que un arma sea robada.
Significa custodiarla correctamente.
Significa no dejarla en un vehículo durante horas.
Significa disponer de medios adecuados de almacenamiento.
Y significa que, cuando llegamos a una montería, debemos preocuparnos también por la seguridad de nuestros vehículos y nuestras armas».
El cazador responsable también es responsable de su arma
«Ser cazador no consiste solamente en salir al campo con una escopeta o un rifle. Ser cazador significa conocer las normas, respetar el medio natural, respetar a otros cazadores, actuar con prudencia y asumir las consecuencias de tener un arma de fuego. Y aquí hago una llamada especialmente a las nuevas generaciones.
No debemos transmitirles únicamente cómo disparar.
Tenemos que enseñarles cómo custodiar un arma, cómo transportarla y cómo prevenir que pueda caer en manos de otra persona.
Porque un buen cazador no es el que mejor dispara.
Es el que conoce perfectamente cuándo puede hacerlo, cuándo no debe hacerlo y, sobre todo, qué responsabilidad lleva consigo cuando tiene un arma en las manos.
La prevención siempre llega antes que el problema
Como profesional de la seguridad lo tengo claro: esperar a que ocurra un robo para preguntarnos qué podríamos haber hecho antes no es prevención».
La prevención consiste en adelantarse
«Un armero en casa.
Una custodia adecuada.
Un transporte correcto.
No dejar armas en los vehículos.
Aparcamientos vigilados.
Accesos controlados.
Guardas Rurales de Caza presentes en las monterías.
Y una organización que tenga claro que la seguridad forma parte de la actividad cinegética.
No hace falta esperar a que ocurra una desgracia para tomar medidas.
Porque cuando hablamos de armas, prevenir no es exagerar. Es ser responsable.
Y como Guarda Rural de Caza y Director de Seguridad, creo que debemos empezar a hablar mucho más de ello.
La caza necesita seguridad.
El cazador necesita seguridad.
Y nuestras armas necesitan una custodia responsable.
Porque al final, la mejor seguridad es aquella que evita que tengamos que lamentar lo que pudo prevenirse».
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