Hoy hablamos con Eric Domínguez, un joven cazador de solo 26 años que caza en Aragón, en la comarca de Ribagorza. Lleva cazando prácticamente toda su aún corta vida. «Desde los 8 años, que comencé a acompañar a mi abuelo y a mi tío. Eso sí, siempre caza mayor». Está apasionado de los recechos de gamo y, sobre todo, de corzo; cuando llega el invierno, disfruta de batidas de jabalí, de esas jornadas que define como «en familia» con sus familiares, su mejor amiga y los compañeros de colla. Pero hoy vamos a hablar del rececho que vivió junto a su hermano, de solo 11 años.
No lo había visto antes
Lo primero que le preguntamos es si le sorprendió este extraordinario corzo con peluca en sus cuernas o lo tenía controlado anteriormente. La historia comienza con su hermano pequeño, que le quiso acompañar al monte. Era la primera vez que salía de acompañante. Así nos lo cuenta: «Teníamos opción de acudir a dos cotos, así que cuando llegamos al punto en el que debíamos elegir, le pregunté: «¿Izquierda o derecha?». Respondió «izquierda», y ahí comenzó todo. Aparcamos y subimos a un morro donde controlábamos bastante distancia. Allí él fue el primero en descubrir un corzo. Señaló hacia arriba y allí había una hembra. Esperamos un rato y enseguida salió otra hembra. Pero ni rastro de machos. Así que decidí comenzar a avanzar hacia unos campos. Allí le indiqué que no hiciera ruido, pues cerca había cazado un gran ejemplar dos años antes. Comenzamos a cruzar campos despacio. Había un campo que entraba hacia adentro, que no se veía hasta que avanzabas bastante.
Cuando lo hicimos, allí vimos al macho, a 50 metros como mucho, parado en mitad del campo, comiendo. Me llevé el rifle al hombro y apunté. Enseguida vi que no era un corzo normal. Vi la peluca a través del visor. Disparé sin trípode ni nada, y cayó. Al tiro, a 50 metros salió otro, que corrió 50 metros y paró a comer. Lo miré por el visor y era precioso, un ejemplar grande, de cuerna impresionante. Pero yo solo pensaba en el que acababa de abatir y decidí que quedara allí. Quizás otro compañero pueda intentar cazarlo».

Un recuerdo inolvidable
Preguntamos al cazador qué sintió cuando se acercó y pudo observar con detenimiento el trofeo del animal que acababa de abatir. La palabra más repetida es «emoción», pero al estar acompañado de su hermano, enseguida la conversación se centra en él: «Cuando llegamos al lado del corzo, intenté explicar a mi hermano la dimensión de lo que acabábamos de vivir. Le dije que aquello era algo que poca gente vivirá en toda su vida. Y todo esto le creó una gran curiosidad.
Me preguntó qué le sucedió al corzo para tener la cuerna así. Le miramos los testículos y no estaban. Así que le conté todo lo que sé de las lesiones o alteraciones hormonales, disfunción de testículos y la reducción de producción de testosterona, lo que impide que el ciclo de la cuerna se complete y queda con ese tejido vascular de manera permanente. La conocida peluca. A partir de ahí, siguió preguntando cuando comencé a desollarlo para prepararlo para el taxidermista. Y no se despegó de los prismáticos, mirando para descubrir nuevos ejemplares, distinguiendo machos de hembras».
¿Quieres ver un precioso corzo con peluca?
Cuando llamamos a Eric se dirige a llevar el trofeo a Martorelles, a su taxidermista de confianza, Pedro Segura. Nos cuenta que «trabaja muy bien, me hizo el corzo que cacé en 2019 y dio una puntuación de 197 puntos. Los deja que parecen que estén vivos. Ya estamos deseando ver el resultado».
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