Los perros mostradores nacen con el instinto de parada asentado entre sus aptitudes. No hace falta enseñar a parar, generalmente, porque siempre se presenta algún caso complicado. Pero con escasas semanas de vida, los riesgos de entrenar respuestas tan relevantes como la muestra «a vista» son varios. Por ejemplo, el perro nunca deberá ser capaz de atrapar el ave o señuelo utilizado en el proceso. Si lo hace, puede asimilar que la muestra no es necesaria para conseguir el premio final, confundiendo también este aspecto.
1: Estimular la muestra
Por ello, hemos seleccionado una breve sesión de adiestramiento llevada a cabo por un profesional que sabe muy bien lo que hace. Le enseña la paloma al joven drahthaar y la cambia de lugar, obligándole a seguirla. Esto va generando la respuesta buscada, que el perro aminore su «persecución» y la convierta en un cauteloso acecho que culmina en la deseada parada.
2: Suelta de la paloma
Pero el deseo de atraparla aún es fuerte en el can, por lo que debe trabajarse con un paso más destinado a evitar el intento de conseguirlo. Para ello, en lugar de acudir a una codorniz, como se suele llevar a cabo en países como el nuestro, el adiestrador ha elegido un ave que volará alto y lejos cuando la libere. En el momento justo en que el cachorro intenta atrapar con su boca la presa, la suelta y esta comienza un vuelo que hace imposible esto. Entonces le permite esa breve persecución imposible. El alumno aprenderá que es incapaz de coger por sí mismo al ave. Cuando vuelve, ya cuenta con otro estímulo en forma de paloma en la mano del maestro para repetir el proceso. Dos veces resultan suficientes para una primera sesión de aprendizaje con un alumno tan joven, pero que ha respondido a la perfección.
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