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Graban a una criatura de leyenda: un corzo totalmente blanco que corteja a una hembra también blanca

La visión casi fantasmal de este precioso animal, favorecida por el brillo de su pelaje blanco iluminado y las condiciones de escasa luz natural, convierte esta grabación en algo de una belleza sin igual.

Corzo blanco

Estas impactantes imágenes han sido grabadas en Alemania. En ellas vemos en primer lugar un precioso corzo macho. Pero esto, a pesar de ser realmente extraordinario, no ha acabado. Delante del animal vemos una que sufre la misma peculiaridad genética y su pelo es del mismo color, o falta de color. Dos corzos blancos en la misma escena.

 

Alemania, tierra de corzos leucísticos

Cada invierno, en bosques de Hesse, Sajonia o Turingia, decenas de fotógrafos y guardas forestales rastrean el mismo fenómeno: corzos con el pelaje completamente blanco. No son un cuento ni un fantasma del bosque, sino el resultado de una mutación genética, el leucismo, que la ciencia empieza por fin a entender.

Hasta hace relativamente poco tiempo, existían apenas unos 25 ejemplares documentados en toda Alemania, según estimaciones forestales recogidas en el Burgwald de Hesse. Sin embargo, esa rareza estadística no impide que, año tras año, aparezcan nuevos avistamientos en puntos muy concretos del centro de Europa: Hesse, Sajonia, Turingia, la Selva Negra o la frontera entre Alemania, Francia y Suiza. ¿Por qué el mismo fenómeno se repite una y otra vez en las mismas comarcas? La respuesta combina genética, historia natural y, en parte, sigue siendo un enigma para los científicos.

Qué es el leucismo y por qué no es lo mismo que el albinismo

El leucismo es una anomalía genética que reduce o elimina la producción de melanina en el pelo, pero, a diferencia del albinismo, respeta la pigmentación de los ojos y, a menudo, de pequeñas zonas de la piel. El guarda forestal Lars Wagner, responsable de una pequeña población de corzos blancos en el Burgwald hessiano, lo resume de forma sencilla: existen dos vías genéticas que pueden dar lugar a un corzo blanco, el albinismo y el leucismo. Los albinos son completamente blancos y se reconocen por sus característicos ojos rojos, mientras que los animales leucísticos presentan un pelaje blanco que en ocasiones conserva pequeños parches de color marrón.

Esta distinción no es meramente estética. El biólogo chileno Agustín Iriarte, especialista en fauna silvestre, recuerda que separar con precisión leucismo de albinismo, e incluso de una simple coloración clara natural, solo es posible en muchos casos recurriendo a estudios genéticos y pruebas de ADN capaces de detectar las mutaciones concretas en los genes de pigmentación. Es decir: sin un análisis de laboratorio, ni siquiera un naturalista experimentado puede afirmar con total certeza qué anomalía tiene delante.

El fenómeno tampoco es exclusivo del corzo. En el cercano bosque de Reinhardswald, en Hesse, un equipo de la Universidad Justus Liebig de Giessen documentó que en torno al 5% de los ciervos rojos de la zona presentan una coloración blanca que no está asociada al albinismo clásico. Mediante secuenciación genómica completa, los investigadores lograron identificar la mutación exacta: una sustitución de un solo nucleótido en el gen de la tirosinasa que provoca el cambio de un aminoácido en la proteína resultante. El hallazgo permitió desarrollar un test genético capaz de detectar qué ejemplares de pelaje normal son portadores silenciosos del alelo blanco, una herramienta clave para la conservación de estas poblaciones singulares.

Lo que dice la genética sobre el corzo alemán

El estudio de referencia sobre variantes de color en el corzo europeo procede de un equipo conjunto de la Universidad Humboldt de Berlín y el Instituto Leibniz de Investigación de Zoológicos y Vida Silvestre, publicado en la revista científica Genes (MDPI) en 2020. Aunque su foco principal fue el melanismo, los corzos negros, no los blancos, el trabajo aporta un dato clave para entender la genética de la especie en el norte y centro de Alemania: la población de corzo europeo del noroeste del país presenta un número llamativamente alto de ejemplares melánicos, entre el 10% y el 25% según las zonas, un porcentaje que hasta ese momento carecía de explicación genética conocida.

Tras secuenciar los genes MC1R y ASIP en cientos de muestras, el equipo identificó una variante concreta del gen ASIP que segrega de forma consistente con el fenotipo negro, y concluyó que el rasgo se hereda de forma recesiva: solo los animales con dos copias mutadas del gen desarrollan el pelaje oscuro.

Ese patrón hereditario recesivo es la pieza que mejor explica por qué las variantes de color, tanto el negro como, muy probablemente, el blanco, tienden a concentrarse en núcleos geográficos muy delimitados en lugar de repartirse de forma homogénea por todo el país. Cuando un alelo recesivo necesita heredarse de ambos progenitores para manifestarse, su frecuencia depende directamente de cuánto se cruzan entre sí los animales de una misma zona: en poblaciones con escasa entrada de ejemplares externos, el alelo puede «fijarse» y hacerse relativamente común, mientras que en zonas con más movimiento genético tiende a diluirse con rapidez.

Núcleos históricos: de la Baja Sajonia a los Vosgos

Los registros de naturalistas y cronistas llevan documentando estas anomalías de color mucho más tiempo del que sugiere el interés mediático reciente. Uno de los testimonios escritos más antiguos sobre corzos de color atípico en la región centroeuropea procede de la Edad Media: el obispo Milo de Minden dispuso, hacia el año 980, que se entregara anualmente a su cocina una cuota fija de corzos de piel negra, lo que sitúa el interés humano por las variantes cromáticas del corzo en un horizonte de más de un milenio.

Hoy, los núcleos mejor documentados de coloración atípica se localizan en zonas muy concretas:

- Lüneburger Heide y el noroeste de Alemania (Baja Sajonia): descrita por los especialistas como el epicentro histórico de las variantes de color del corzo, tanto negras como blancas. Los corzos negros aparecen casi en exclusiva en el noroeste alemán, con su núcleo principal en este brezal, y los propios expertos reconocen que aún no existe una explicación definitiva de por qué el fenómeno se concentra precisamente allí.

- Burgwald, en Hesse: hogar de al menos dos ejemplares leucísticos que se han convertido en una atracción discreta para naturalistas, protegidos por los guardas forestales locales.

- Erzgebirge (Sajonia) y Turingia: con avistamientos puntuales de corzos albinos —de ojos rojos característicos— documentados por asociaciones de caza regionales a lo largo de las últimas dos décadas.

- Frontera entre Alsacia, Alemania y Suiza (Vosgos y Selva Negra): zona donde se han grabado varios ejemplares completamente blancos en los últimos años, favorecida por la densidad forestal y la baja presión humana.

La teoría del aislamiento genético

La explicación que reúne más consenso entre guardas forestales y biólogos de campo no es una causa ambiental, sino demográfica: el aislamiento reproductivo. El corzo es un animal territorial y de dispersión limitada —sobre todo las hembras—, lo que favorece que pequeñas poblaciones locales se reproduzcan durante generaciones dentro de un radio reducido. En ese contexto, un alelo recesivo introducido por azar en una población fundadora tiene muchas más probabilidades de extenderse por endogamia local que en una población con alta conectividad y flujo genético constante desde el exterior.

Este mecanismo ayuda también a explicar un caso curioso fuera de Alemania: la existencia de un pequeño foco de corzos melánicos en la Reserva Regional de Caza de Las Batuecas, en el sur de Salamanca. Según ha documentado la prensa cinegética española, esa población ibérica procedería de ejemplares introducidos a mediados del siglo XX desde la Baja Sajonia, el núcleo alemán donde el melanismo es más frecuente, lo que explicaría por qué el rasgo logró fijarse en ese enclave concreto y no en otras poblaciones repobladas de la península. Es, en esencia, el mismo proceso de «efecto fundador» que los genetistas manejan para explicar los núcleos alemanes: un grupo reducido de animales, geográficamente aislado, en el que un alelo minoritario termina siendo proporcionalmente más frecuente que en la población general de origen.

A esta hipótesis se suma un factor de selección natural en sentido contrario: la elevada exposición a la depredación. Como recuerda un reportaje sobre los corzos blancos del Burgwald, la coloración inusual hace que estos animales sean mucho más visibles para sus depredadores naturales, lo que puede poner en peligro no solo al individuo sino a todo el grupo familiar. Por eso, en las pocas zonas donde estas poblaciones logran sobrevivir suele existir algún tipo de protección informal, vetos de caza locales, tradiciones o intervención directa de los guardas forestales, que permite que el linaje no se extinga antes de reproducirse.

Entre la superstición y la protección informal

La rareza del corzo blanco lo ha rodeado históricamente de un halo casi mítico en la cultura forestal centroeuropea. En el sur de Alemania sigue viva la leyenda de San Huberto, patrón de los cazadores, según la cual quien mata a un corzo blanco morirá en el plazo de un año, o la desgracia alcanzará a algún miembro de su familia. Aunque hoy ningún cazador la citaría como argumento legal, esta tradición ha actuado durante generaciones como un veto de caza informal que, paradójicamente, pudo haber contribuido a preservar algunos de estos linajes hasta nuestros días.

Esa protección informal tiene, en ocasiones, un correlato oficial. En España, el caso más mediático de las últimas temporadas fue el de «El Blanco» (también conocido como «Bécquer»), un corzo leucístico avistado durante siete años en los montes de Soria, cuya caza fue vetada mediante un acuerdo tácito entre los cazadores locales hasta su muerte natural, ocurrida en agosto de 2026. Su nombre rendía homenaje a la leyenda de La corza blanca, de Gustavo Adolfo Bécquer, ambientada en el macizo del Moncayo: un ejemplo de cómo estos animales terminan entrelazando ciencia y folclore en el imaginario rural europeo.

Muere por enfermedad el corzo de color blanco que enamoró a todos en Soria

Un fenómeno que la ciencia aún no ha resuelto del todo

Pese a los avances genéticos de la última década, incluida la identificación de las mutaciones responsables del melanismo en el corzo y del color blanco en el ciervo rojo alemán, ningún estudio ha logrado todavía aislar el gen concreto responsable del leucismo en Capreolus capreolus. Los especialistas coinciden en que la extrema rareza del fenómeno, cifrada en torno a 1 de cada 10.000 nacimientos, según estimaciones manejadas por publicaciones cinegéticas alemanas, dificulta reunir el número de muestras necesario para un análisis genómico robusto, a diferencia de lo ocurrido con el melanismo, mucho más frecuente en el noroeste del país y por tanto más accesible para la investigación.

Mientras la ciencia termina de completar el mapa genético del corzo blanco, este seguirá siendo, para naturalistas y fotógrafos de fauna, uno de los avistamientos más codiciados y mejor guardados de los bosques centroeuropeos. Sobre todo cuando tienes la fortuna de inmortalizar una pareja de ejemplares, macho y hembra, en la misma escena.

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