El primer caso nos lleva hasta un lavadero de coches. El corzo macho, un ejemplar joven y afectado visiblemente por el intenso calor, se acerca a una estación de limpieza de vehículos. El olor del agua se hace irresistible cuando la sed se convierte en algo insoportable. El usuario del lavadero entiende la situación y procede a refrescar al animal con la manguera de agua.
Una niña le da su agua a un corzo inmóvil y pasa esto
En la región interior del sur de Francia vive esta niña. Junto a su padre, ayudan a infinidad de animales durante el verano colocando y manteniendo bebederos artificiales cuando más falta hace el agua en el monte. Pero en esta ocasión, hace escasos días, se topó con un corzo incapaz de moverse. El animal presentaba un aspecto que hacía pensar en la deshidratación severa.
Por ello se acercó al pequeño cérvido muy despacio, sin alterarlo. Con una botella de agua en la mano, derramó un poco en su hocico y vio cómo la bebía, así que siguió haciéndolo. Pronto vemos cómo el corzo reacciona, abre los ojos completamente y su postura pasa a ser mucho más natural.
Aunque la inmensa mayoría de los comentarios celebra esta acción, varios expertos en conservación de la naturaleza y usuarios en plataformas recuerdan la importancia de mantener la prudencia. Advierten que un animal salvaje asustado puede reaccionar de forma impredecible y lesionar a un niño.
A su vez, la viralización del caso ha servido para que los medios recuerden la recomendación de colocar recipientes con agua a la sombra en montes, jardines y balcones para ayudar a que aves, mamíferos e insectos puedan beber de forma segura sin tener que aproximarse a los humanos o incluso caer en piscinas durante las semanas y meses de escasez de agua y más calor.
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