La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo vuelve a ocupar el foco sanitario en España en pleno verano de 2026. La Junta de Castilla y León ha confirmado en los últimos días un nuevo caso en Salamanca: un hombre de 71 años que se encontraba temporalmente en la provincia y que fue atendido inicialmente en el Complejo Asistencial Universitario de Salamanca antes de ser trasladado al Hospital Gómez Ulla de Madrid. El caso se suma a otros dos registrados previamente este año en Salamanca.
A estos tres casos de Salamanca se añade el confirmado el pasado mes de julio en el área sanitaria de Puertollano (Ciudad Real), correspondiente a un hombre de 46 años. La Junta de Castilla-La Mancha confirmó entonces la infección y activó los correspondientes protocolos de vigilancia y control.
El repunte de casos llega, además, en el periodo de máxima actividad de las garrapatas. El Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) señala que en la Península Ibérica las especies de Hyalomma más extendidas son Hyalomma marginatum y Hyalomma lusitanicum, y que el mayor riesgo de aparición de casos humanos se concentra entre abril y octubre, especialmente en personas expuestas en zonas donde se ha demostrado circulación del virus.
¿Qué es la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo?
La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es una enfermedad vírica causada por el virus de Crimea-Congo, perteneciente al género Nairovirus. Se trata de una zoonosis transmitida principalmente por garrapatas infectadas del género Hyalomma. El virus mantiene en la naturaleza un ciclo garrapata-vertebrado-garrapata. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) explica que puede infectar a un amplio número de hospedadores, entre ellos animales domésticos y fauna silvestre. Sin embargo, existe un aspecto fundamental para entender el riesgo cinegético: los animales infectados no desarrollan normalmente la enfermedad clínica ni transmiten directamente el virus a las personas. Su importancia epidemiológica deriva de que durante la fase de viremia pueden infectar a las garrapatas que se alimentan de ellos.
En humanos, la principal vía de infección es la picadura de una garrapata infectada. También puede producirse transmisión mediante contacto directo con sangre o tejidos infectados, aunque el MAPA considera esta vía poco significativa. La transmisión entre personas puede producirse, especialmente mediante contacto con fluidos corporales de pacientes infectados.
El cuadro clínico puede comenzar con fiebre, dolores musculares, cefalea y mareos. En una minoría de los casos puede evolucionar hacia una enfermedad grave con manifestaciones hemorrágicas. El ISCIII sitúa la letalidad entre el 3 % y el 40 %, con mayor riesgo de evolución desfavorable a edades avanzadas.
¿Qué papel adquieren ciervos, corzos y jabalíes?
El MAPA mantiene un Plan nacional de muestreo serológico en fauna silvestre para conocer la presencia de anticuerpos frente al virus y mejorar la caracterización espacial del riesgo. Entre las especies prioritarias del programa se encuentran precisamente jabalíes, ciervos, gamos y corzos.
El propio ISCIII explica que los grandes mamíferos, tanto domésticos como silvestres, pueden actuar como hospedadores de las formas adultas de las garrapatas. Entre ellos aparecen expresamente ciervos y jabalíes.
Esto no significa que un cazador pueda contraer la fiebre Crimea-Congo simplemente por encontrarse con un jabalí o un ciervo. El riesgo fundamental radica en las garrapatas que parasitan a estos animales y en la posibilidad de sufrir una picadura durante una jornada de campo o al manipular un ejemplar abatido.
En este sentido, un estudio de 2026 encuentra circulación sostenida del virus en garrapatas de Cáceres: «Detection and genetic characterization of Crimean-Congo hemorrhagic fever virus in ticks from western Spain (2017, 2020-2024)», publicado en 2026 en Frontiers in Veterinary Science, que analiza la presencia del virus en garrapatas recogidas durante varios años en el centro y sur de la provincia extremeña.
Los investigadores analizaron 3.183 garrapatas agrupadas en 1.569 lotes, procedentes de ungulados silvestres, ganado, animales domésticos y vegetación. El virus de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo fue detectado exclusivamente en Hyalomma lusitanicum, con una tasa global de infección del 1,54 %. La mayoría de los lotes positivos procedían de ungulados silvestres, particularmente de ciervos.
El trabajo añade especial importancia porque no se limita a detectar el virus de forma puntual. Los resultados obtenidos en muestras recogidas entre 2017 y 2024 indican una circulación sostenida del virus en el suroeste de Cáceres, una zona considerada endémica. Los investigadores identificaron además dos genotipos del virus, con predominio del genotipo III.
El artículo científico completo puede consultarse en Frontiers in Veterinary Science:
El jabalí también puede ayudar a detectar las zonas de riesgo
La relación entre jabalí y fiebre Crimea-Congo no se limita a la presencia de garrapatas sobre el animal. Un estudio publicado en Ticks and Tick-borne Diseases desarrolló un modelo epidemiológico para utilizar al jabalí europeo (Sus scrofa) como indicador del riesgo de exposición al virus en España y Portugal. El trabajo forma parte de una línea de investigación que utiliza la fauna silvestre para identificar las áreas donde existe circulación del patógeno.
El propio trabajo de 2026 sobre las garrapatas de Cáceres recoge investigaciones anteriores que han demostrado la utilidad epidemiológica tanto del ciervo rojo como del jabalí y cita expresamente estudios sobre la detección del virus en garrapatas alimentándose de ambas especies.
Nuevos datos en la Comunidad de Madrid
La investigación sobre fauna silvestre también ha aportado datos recientes en la Comunidad de Madrid. Un estudio de seroprevalencia realizado sobre 164 animales silvestres detectó anticuerpos frente al virus en 72 ejemplares, lo que supone una seroprevalencia global del 43,9 %. Las mayores tasas correspondieron al gamo, con un 76 %, y al ciervo, con un 69,2 %. En el caso del jabalí, la seroprevalencia alcanzó el 39,3 %, mientras que fue del 31,9 % en el corzo y del 31,3 % en la cabra montés.
Estos resultados no significan que casi la mitad de los animales puedan transmitir la enfermedad a una persona. La presencia de anticuerpos demuestra exposición previa al virus, pero no equivale a que el animal esté enfermo ni a que sea una fuente directa de infección para el ser humano.
¿Qué riesgo supone la fiebre Crimea-Congo para los cazadores?
El riesgo para un cazador está fundamentalmente relacionado con la exposición a las garrapatas, especialmente cuando se desarrolla actividad en áreas donde existe circulación conocida del virus.
La situación resulta especialmente relevante durante los meses de primavera, verano y comienzos del otoño. El ISCIII señala precisamente el periodo abril-octubre como el de mayor actividad del vector.
Por ello, las recomendaciones oficiales para las personas expuestas a garrapatas cobran especial importancia en una actividad como la caza: utilizar ropa que cubra la mayor parte posible del cuerpo, emplear repelentes autorizados, revisar el cuerpo y la ropa después de permanecer en el campo y retirar las garrapatas correctamente y lo antes posible si se produce una picadura.
El MAPA mantiene una página específica sobre la enfermedad y remite a las Recomendaciones oficiales del Ministerio de Sanidad para prevenir enfermedades transmitidas por garrapatas.
Manipular un ciervo o un jabalí: ¿existe riesgo?
La respuesta requiere matices. El MAPA señala expresamente que los animales infectados no son capaces de transmitir la enfermedad directamente a otros vertebrados, incluido el ser humano, aunque durante la fase de viremia pueden infectar a las garrapatas que se alimenten de ellos. Por tanto, no sería correcto afirmar que los jabalíes o los ciervos «transmiten» la fiebre Crimea-Congo a los cazadores.
Sin embargo, el contacto con sangre o tejidos de animales infectados constituye una vía posible de exposición y, además, los animales abatidos pueden transportar garrapatas. Por eso, la manipulación de fauna silvestre debe realizarse adoptando las medidas de protección adecuadas, especialmente en zonas donde se haya demostrado circulación del virus.
España mantiene una vigilancia específica sobre la fauna silvestre
La importancia de esta cuestión ha llevado al MAPA a establecer un programa específico de vigilancia serológica. El plan 2022-2024 priorizó precisamente jabalí, ciervo, gamo y corzo, y sus resultados se han incorporado a los mapas oficiales de vigilancia de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo en fauna silvestre.
El Ministerio dispone además de una página específica sobre la enfermedad, donde reúne la información relativa a la vigilancia, el muestreo en fauna silvestre y las medidas de prevención.
El enfoque coincide con la estrategia One Health o Una Sola Salud, ya que la vigilancia del virus exige estudiar conjuntamente las poblaciones de garrapatas, la fauna silvestre, los animales domésticos y los casos humanos. España participa además en el proyecto europeo SPVECTORSURV (2024-2026), que contempla específicamente la vigilancia de la circulación viral en garrapatas.
Una enfermedad que ya está establecida en España
La presencia del virus en España no es nueva. El ISCIII recuerda que la primera detección del virus en nuestro país se produjo en 2010, en garrapatas recogidas sobre ciervos en Cáceres. Los primeros casos humanos se diagnosticaron en 2016 y posteriormente se han registrado casos autóctonos en distintas zonas de la Península.
Entre 2016 y 2025, la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica registró 19 casos humanos confirmados y no importados, según los datos epidemiológicos recogidos por el ISCIII.
Los cuatro casos confirmados en 2026 —tres en Salamanca y uno en Ciudad Real— vuelven a demostrar que el virus sigue circulando en España y que la vigilancia debe mantenerse, especialmente durante los meses de mayor actividad de Hyalomma.
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