En España, la superficie mínima en gran parte de las comunidades autónomas es de 250 hectáreas para un coto privado de caza menor y de 500 hectáreas para uno de caza mayor.
Las especies cinegéticas no entienden de lindes
Víctor Villalobos, Guarda Rural de Caza y Técnico en Seguridad y Medio Ambiente, nos habla, desde su experiencia, de la importancia de que los cotos colindantes coordinen sus labores en beneficio de la flora y la fauna.
«Hay una parte del trabajo del Guarda Rural de Caza que no siempre se conoce. Se habla mucho de vigilancia, denuncias, furtivismo o controles, pero hay muchas otras situaciones que forman parte del día a día y que requieren algo tan sencillo, y a veces tan complicado, como saber hablar con la gente.
Sirva de ejemplo una experiencia que me ha trasladado Juan Arenas, Guarda Rural de la Sierra Sur de Jaén.
Mientras realizaba su trabajo en un coto privado, observó en el coto colindante varias casetas y comederos situados a una distancia inferior a doscientos metros de la linde. La situación podía afectar directamente a la actividad cinegética del coto y, antes de que aquello pudiera convertirse en un problema mayor, decidió hablar con el presidente del acotado vecino.
Juan le explicó lo que había observado y la necesidad de comprobar si existía algún acuerdo entre las partes que permitiera mantener aquellas instalaciones en ese lugar. En este caso, no existía ningún acuerdo firmado que autorizara su colocación.
La conversación fue correcta. Cada uno expuso su punto de vista y, como debe hacerse cuando surge una situación de este tipo, se buscó la manera de aclararla.
Posteriormente, Juan comunicó los hechos al SEPRONA y, lejos de entrar en una guerra entre cotos, se llegó a un acuerdo para revisar las diferentes posturas existentes. Se fueron comprobando una por una sobre el terreno.
Y es precisamente ahí donde creo que está una de las funciones importantes de un Guarda Rural de Caza: prevenir antes de tener que llegar al conflicto».

El campo no entiende de enfrentamientos
«No siempre se trata de denunciar. Tampoco se trata de dejar pasar las cosas.
Se trata de conocer la normativa, saber cuándo existe una posible irregularidad, informar a quien corresponda y, cuando sea posible, intentar que las personas implicadas entiendan el problema y encuentren una solución.
Eso también es trabajar.
Los cotos tienen límites, los planos tienen líneas y cada propietario tiene sus derechos. Pero en el campo todos terminamos siendo vecinos.
Hoy puedes tener un problema con el coto de al lado y mañana necesitar hablar con su presidente por cualquier otra cuestión. Por eso creo que la relación entre cotos vecinos debe basarse, ante todo, en el respeto.
No estoy diciendo que haya que mirar hacia otro lado.
Cuando existe una infracción, hay que actuar. Y cuando una situación requiere la intervención de la autoridad competente, se comunica.
Pero una cosa es hacer cumplir la normativa y otra muy distinta es buscar el enfrentamiento.
En el trabajo de guardería rural, muchas situaciones que inicialmente parecen complicadas pueden solucionarse simplemente hablando con la persona adecuada, explicándole el problema y buscando una solución que respete a todas las partes.
Eso también es hacer guardería».
Labor de prevención del Guarda Rural de Caza
«Pasamos muchas horas en el campo. Conocemos los caminos, las fincas, los puestos, las zonas de paso, los puntos de agua y, con el tiempo, también nos relacionamos con muchas de las personas que desarrollan su actividad en el territorio.
Esa presencia permite detectar situaciones antes de que vayan a más.
- Una caseta.
- Un comedero.
- Un puesto mal ubicado.
- Una zona de seguridad.
- Una alambrada.
- Un acceso.
- Un problema entre propietarios.
A veces parece algo pequeño, pero si no se corrige puede terminar generando un conflicto entre personas que comparten un mismo espacio.
Por eso considero que la guardería cinegética no debe limitarse a aparecer cuando ya existe un problema. La presencia del Guarda Rural también debe servir para prevenirlo».
Respeto entre todos los que convivimos en el mundo rural
«Cazadores, agricultores, ganaderos, propietarios, sociedades de cazadores, guardas y administraciones tienen sus intereses y responsabilidades.
Y precisamente por eso es necesario que exista respeto.
El cazador necesita poder desarrollar su actividad dentro de la legalidad. El propietario necesita que se respeten sus terrenos. El agricultor y el ganadero necesitan trabajar. Y el Guarda Rural necesita poder realizar su función con independencia y profesionalidad.
Cuando cada uno entiende el papel del otro, resulta mucho más fácil convivir.
La experiencia de Juan Arenas, Guarda Rural de la Sierra Sur de Jaén, es un buen ejemplo. Una situación que podía haber terminado enfrentando a dos cotos terminó con una revisión sobre el terreno y con un entendimiento entre las partes.
Y eso también es gestionar un coto».
Ser Guarda Rural de Caza no es llevar un uniforme y recorrer el campo.
«Es observar.
Es conocer.
Es informar.
Es prevenir.
Es actuar cuando corresponde.
Y también es saber cuándo merece la pena sentarse y hablar.
Porque hacer cumplir la normativa no significa necesariamente enfrentarse con todo el mundo. Se puede ser firme y, al mismo tiempo, mantener el respeto.
Al final, los cotos vecinos seguirán estando ahí mañana. Los propietarios seguirán siendo vecinos y todos seguiremos compartiendo el mismo campo.
Por eso siempre he pensado que, cuando existe la posibilidad de solucionar un problema hablando y respetando la normativa, es mucho mejor tender puentes que levantar muros.
Porque el campo es demasiado grande para convertirlo en un lugar de enfrentamientos y demasiado importante como para que quienes trabajamos en él no sepamos entendernos.
También de eso trata el trabajo de un Guarda Rural de Caza.
Mi reconocimiento a Juan Arenas y a tantos compañeros que realizan diariamente un trabajo discreto, profesional y muchas veces desconocido».
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