El eclipse solar que vivimos ayer afectó a la fauna silvestre al alterar las señales ambientales que utilizan los animales silvestres para regular su actividad. El descenso repentino de la luz, acompañado en algunos lugares por una bajada de temperatura y modificaciones en el ambiente sonoro, puede conllevar que determinadas especies interpreten ese momento como una llegada anticipada de la noche.
Lo podemos comprobar en el comportamiento de un bando de palomas torcaces que se posan junto a nosotros, especialmente centrándonos en un ejemplar que grabamos en el punto álgido del fenómeno astronómico, justo cuando la luna tapa totalmente al sol, lo que lleva a que la luz natural prácticamente desaparezca en un breve lapso de tiempo. Así reacciona el ave migratoria.
Los estudios realizados durante eclipses anteriores han demostrado que las aves pueden modificar de forma apreciable sus ritmos de actividad ante este cambio brusco de las condiciones ambientales. Durante el eclipse total de 2024 en Norteamérica, por ejemplo, más de la mitad de las especies de aves estudiadas modificaron su comportamiento y muchas llegaron a iniciar un coro de amanecer cuando regresó la luz.
Una paloma torcaz ante el descenso de luz repentino
En este contexto, la reacción de esta paloma torcaz (Columba palumbus) que parece desorientarse durante el eclipse resulta especialmente interesante. Aunque no puede afirmarse que cualquier comportamiento errático observado en una torcaz sea necesariamente consecuencia del eclipse, la pérdida repentina de luminosidad constituye una alteración importante de las referencias ambientales que utilizan las aves.
En los colúmbidos, además, distintos trabajos académicos han demostrado experimentalmente la importancia de las señales solares para la orientación. Los estudios realizados con palomas mensajeras (Columba livia) muestran que estas aves pueden utilizar la posición del Sol como una auténtica brújula, compensando el desplazamiento aparente del astro a lo largo del día mediante mecanismos asociados también a su reloj biológico.
Por eso, una paloma torcaz desorientada durante un eclipse solar podría estar respondiendo a la combinación de varias señales contradictorias. El ave se encuentra en un momento del día en el que su organismo espera unas determinadas condiciones de iluminación, pues la luz natural aún debía prolongarse durante casi dos horas en este punto de la geografía española (A Coruña), pero el paisaje adquiere de forma repentina una apariencia crepuscular.
Para un animal que depende de la luz para regular sus ritmos diarios y que puede utilizar referencias solares para orientarse, ese cambio constituye una señal ambiental excepcional. No significa necesariamente que el eclipse haya confundido por completo a la paloma, pero sí que puede provocar modificaciones transitorias en su vuelo, actividad, búsqueda de alimento o comportamiento de descanso.
Ecoeclipse
El eclipse solar de ayer miércoles 12 de agosto de 2026 ofreció una oportunidad excepcional para observar este fenómeno. De hecho, investigadores españoles han puesto en marcha el proyecto ECOECLIPSE para estudiar mediante grabaciones acústicas cómo responden aves y murciélagos al cambio repentino de iluminación provocado por el eclipse.
El objetivo pasa por comparar la actividad de la fauna antes, durante y después del fenómeno y comprobar hasta qué punto unos pocos minutos de oscuridad son capaces de modificar sus patrones naturales de comportamiento. Pronto conoceremos los resultados del proyecto.
Ver más noticias de Club de Caza en Google
Añádenos como fuente preferida y encuentra antes nuestra actualidad cinegética.
0 comentarios
Todavía no hay comentarios aprobados.
Deja un comentario