Pregunté a la Sociedad de Pescadores del Río Jiloca qué zona me recomendaban para pescar, teniendo en cuenta que tengo implantes en las dos rodillas y mi movilidad no es normal. Me indicaron el final del coto, junto a la ermita de la Virgen del Rosario, una zona que conozco bien.
Desayuné en Calamocha y me fui al río. Había una caravana y una señora bañándose en cueros en el río Pancrudo. El Pancrudo es afluente del Jiloca y desemboca por debajo de la ermita. Sus aguas, frías y claras, proceden de la presa de Lechago. Precioso, pero… cuando llegué allí, el alma se me cayó a los pies. Creo que es mejor verlo en imágenes.
Desde el puente, que presentaba síntomas de abandono, vi la tablilla del coto de pesca clavada en un árbol, en la orilla del río.
Busqué cómo acercarme a la orilla para realizar unos lances y me encontré con tal cantidad de ramas, zarzas y árboles caídos que me resultó complicado moverme.
Pese a todo, llegué a la orilla y ahí fue el remate: el río, tremendamente sucio, no me dejaba hueco para tratar de lanzar la cucharilla.
Entonces subí hasta el viejo puente del ferrocarril. La dificultad era que, cada vez que quería avanzar unos metros, me tenía que salir a la tierra de labor —unos 40 metros— y buscar la forma de volver a entrar en busca del río. Una odisea.

Pregunto: ¿Vender un permiso de pesca sin poder pescar es un timo?
Si una persona recorre muchos kilómetros para ir a pescar al río Jiloca y se encuentra con la maleza, ¿podría pasarle por la cabeza, en un momento de locura aderezada por la frustración, prenderle fuego?
¿Qué es mejor: quemar o limpiar? ¿Prevenir o apagar incendios? Un incendio provocado en ese lugar llegaría a zonas habitadas, con el problema que ello conlleva.
Esto es intolerable. Los «ecolojetas», ¿dónde están? Los ríos y la pesca, ¿no forman parte del medio natural?
Con pedir que se prohíba todo y cobrar la subvención, su misión está cumplida. Pero tiene más delito el funcionario o político que los escucha, obedece y paga por temor… ¿A qué?
Para remate, al salir desesperado del río, cansado y de camino hacia el coche, vi varios carteles. Al mirar, me sorprendió uno en el río Jiloca que decía: «Limpieza y adecuación de caminos y zonas de pesca».

¿Cuánto ha pagado la DGA por ese servicio?
A las pruebas me remito. ¿Qué limpieza han hecho? ¿Dónde?
¡Lástima de cerilla para limpiar de forma controlada la ribera del río Jiloca! ¡Qué forma de provocar!
Como desagravio, remonté pescando el río Pancrudo, en aguas libres y en captura y suelta: limpio, de aguas claras y frías, muy bonito. Disfruté un rato. No vi una trucha, pero… pude pescar.
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