Las aves carroñeras cumplen una función ecológica vital en nuestros ecosistemas al eliminar cadáveres animales de forma rápida, previniendo así la propagación de enfermedades infecciosas. Sin embargo, en las últimas décadas se enfrentan a una amenaza por la exposición a fármacos de uso veterinario presentes en el ganado muerto del que se alimentan y que pueden ser altamente tóxicos para los buitres.
El ejemplo más dramático ocurrió en Asia, donde el antiinflamatorio diclofenaco provocó el colapso de casi el 99% de los buitres del género Gyps. Se ha estimado mediante modelos matemáticos que, si solo entre el 0,13% y el 0,75% de los cadáveres de ganado contuvieran niveles letales de este fármaco veterinario, las poblaciones de buitres sufrirían un declive anual cercano al 30%.
En España, el diclofenaco se autorizó para uso veterinario en 2013 y en 2020 ya causó la primera muerte documentada de un buitre negro (Aegypius monachus) por intoxicación. Otros antiinflamatorios de amplio uso, como el flunixino, también resultan sumamente tóxicos para las aves necrófagas y han provocado muertes por envenenamiento en nuestro país.
Para proteger a los buitres, es fundamental realizar un seguimiento continuo de su exposición a fármacos de uso veterinario. Tradicionalmente, este control dependía de capturar aves vivas para extraerles sangre o de localizar cadáveres frescos en el campo. Pero estos métodos son invasivos, costosos, logísticamente complejos y difíciles de implementar a gran escala.
Ante este reto, un equipo de científicos del Grupo de Investigación en Toxicología de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM) ha evaluado una alternativa innovadora, no invasiva y respetuosa con el bienestar animal: analizar las egagrópilas (bolas de pelo, plumas y huesos regurgitadas por las aves tras la digestión) para vigilar la exposición de los buitres leonados (Gyps fulvus) en España.

Los investigadores recolectaron 292 egagrópilas de buitre leonado, usado como especie centinela de la comunidad de aves necrófagas, entre los años 2021 y 2024. La recogida se realizó en diversos dormideros situados cerca de puntos de alimentación suplementaria (conocidos como muladares) en Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, La Rioja y Navarra. Mediante cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas (LC-ESI-MS/MS), analizaron las egagrópilas para buscar la presencia hasta 48 fármacos de uso veterinario. Además, evaluaron la estabilidad de estos compuestos a la intemperie bajo condiciones reales de radiación ultravioleta y temperatura.
El estudio reveló hallazgos importantes para llevar a cabo futuros estudios de monitorización dirigidos a la conservación de las aves carroñeras. Por un lado, demostró que la mayoría de los medicamentos veterinarios son altamente estables en las egagrópilas de los buitres. Gran parte de los antibióticos y antiinflamatorios probados mantuvieron concentraciones superiores al 50% de la carga inicial incluso tras dos semanas expuestos a la intemperie. Esto valida el uso de esta matriz en programas de monitorización en el campo, ya que no exige una recogida inmediata de las muestras.
Por otro lado, mostró que el 44,2% de las egagrópilas analizadas contenía residuos de fármacos de uso veterinario. La presencia de antibióticos fue elevada (43,5% de las muestras), mientras que los antiinflamatorios aparecieron en un 2,1% de las muestras. Los antibióticos más comunes fueron la enrofloxacina (22,6% de prevalencia), la lincomicina (14,4%) y la ciprofloxacina (12,0%).
El estudio también profundizó en la dieta de los buitres a través de análisis microscópicos de los pelos y restos presentes en las egagrópilas para asociarlos a la presencia de fármacos veterinarios. Los resultados confirmaron que el origen de la comida marca la diferencia: las egagrópilas compuestas por ganado doméstico presentaron una prevalencia de fármacos de un 48,2%, frente al 20,0% detectado en las muestras con restos de fauna silvestre.

Mapa de la zona de estudio con los emplazamientos de interés y su respectiva prevalencia de egagrópilas que dieron positivo en sustancias farmacéuticas de uso veterinario.
Finalmente, el trabajo puso de manifiesto una asociación directa entre los restos de cerdo y la presencia de medicamentos de uso veterinario. Además, se detectó el peligroso antiinflamatorio flunixino en seis egagrópilas, en concentraciones de hasta 45.0 ng/g, en las inmediaciones del punto de alimentación suplementaria de Los Rábanos (Castilla y León). En cambio, solo se detectó meloxicam, un antiinflamatorio seguro para los buitres, en una muestra.
Este innovador estudio demuestra que las egagrópilas son una herramienta eficaz, barata y no invasiva para evaluar de forma masiva los riesgos ecotoxicológicos en las aves carroñeras. Además, evidencia la necesidad urgente de reforzar la regulación sobre los cadáveres de animales destinados a los muladares debido a la recurrente aparición de antibióticos y otros fármacos letales como el flunixino. Para asegurar el futuro de los buitres en España, resulta indispensable evitar que la carne medicada llegue a su cadena alimenticia, restringir el uso de medicamentos veterinarios altamente tóxicos y promover alternativas ya probadas y seguras para las aves rapaces como el meloxicam.

Resumen gráfico del trabajo de investigación.
Puedes consultar la publicación científica de este trabajo de investigación en:
- Arlot, N., Herrero-Villar, M., Mateo, R. 2026. Tracing Veterinary Pharmaceuticals through Regurgitated Pellets: A Noninvasive Monitoring Approach to Assess Exposure in Avian Scavengers. Environmental Science & Technology 60, 17696-17705.
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