Investigación

¿Está cambiando el aumento de las temperaturas estivales el comportamiento del corzo durante el celo? Esto es lo que dice la ciencia

El aumento de las temperaturas estivales se convierte en un condicionante para la forma en que los corzos afrontan uno de los momentos más importantes de su ciclo biológico: el celo. Así lo demuestra un estudio publicado en la revista científica Biological Conservation, cuyos resultados indican que el calor no retrasa la época reproductora, pero sí obliga a los animales a adaptar sus horarios de actividad y el uso que hacen del territorio para hacer frente al estrés térmico.

Corzos macho y hembra en un claro del bosque

La investigación, desarrollada durante doce años a partir del seguimiento mediante collares GPS de 154 corzos y publicada en 2025, revela que los machos se encuentran ante un auténtico dilema biológico durante el celo. En estas semanas deben patrullar y defender su territorio, expulsar a los rivales, perseguir a las hembras receptivas y garantizar el éxito de la reproducción. Todas estas conductas requieren un elevado gasto energético y apenas les permiten reducir su actividad, incluso cuando las temperaturas alcanzan valores muy elevados.

Actividad cuando el termómetro baja

Los científicos comprobaron que, ante el aumento del calor, los corzos modifican principalmente el momento del día en el que desarrollan esa actividad. En lugar de mantener un comportamiento uniforme, reducen significativamente sus desplazamientos durante las horas centrales de la jornada y concentran la mayor parte de sus movimientos al amanecer, al anochecer e incluso durante la noche. Se trata de una estrategia que les permite limitar el riesgo de sobrecalentamiento sin renunciar a las exigencias propias del periodo reproductor.

Lugares para huir del calor

El estudio también demuestra que los corzos seleccionan con mayor frecuencia refugios térmicos, buscando masas forestales y zonas con abundante cobertura vegetal donde la temperatura resulta más baja que en los espacios abiertos. Por el contrario, disminuyen el tiempo que permanecen en cultivos y áreas agrícolas expuestas al sol, especialmente durante los momentos de mayor insolación. Los investigadores advierten además de que los pequeños setos o linderos agrícolas no proporcionan una protección térmica comparable a la que ofrecen los bosques maduros.

Otra de las conclusiones más relevantes afecta a las poblaciones que habitan paisajes intensamente transformados por la agricultura. Según los autores, los corzos que viven en grandes superficies agrícolas disponen de menos lugares donde refugiarse del calor, lo que incrementa su exposición al estrés térmico durante el verano. En un contexto de cambio climático, esta circunstancia podría aumentar la vulnerabilidad de estas poblaciones y condicionar su comportamiento durante el celo.

El incremento de las temperaturas estivales no parece modificar la fecha en la que se produce el celo

Los investigadores subrayan, no obstante, que el incremento de las temperaturas estivales no parece modificar la fecha en la que se produce el celo, ya que esta depende principalmente de mecanismos fisiológicos ligados al fotoperiodo. Lo que sí cambia es la forma en que los corzos distribuyen su actividad diaria para compatibilizar las exigencias de la reproducción con la necesidad de evitar un exceso de temperatura corporal.

Estas conclusiones ayudan a explicar la escasa actividad visible en las horas centrales del día, un incremento de los movimientos al amanecer y al atardecer o una mayor presencia de corzos en zonas boscosas que pueden responder, según la evidencia científica, a una estrategia de adaptación al calor y no a un retraso del celo propiamente dicho.

Estudio

Panzacchi, M. et al. (2025). Agricultural land use and reproductive behaviour constrain responses to summer thermal stress in a large herbivore. Biological Conservation. DOI: 10.1016/j.biocon.2024.110888.

El calor extremo y la sequía

Aunque la investigación publicada en Biological Conservation concluye que el aumento de las temperaturas estivales no modifica el inicio del celo, otros trabajos científicos apuntan a que los episodios de calor extremo y sequía sí podrían llegar a influir en el éxito reproductivo de la especie en determinadas circunstancias. Un estudio realizado en el oeste de Polonia y publicado en 2024 en la revista Animals, Roe Deer Reproduction in Western Poland: The Late Autumn Rut Phenomenon, documentó un fenómeno excepcional tras el verano extremadamente cálido y seco de 2015: alrededor del 60 % de las corzas analizadas no habían ovulado durante el periodo habitual del celo estival y los investigadores detectaron posteriormente un segundo episodio reproductor en otoño.

Los autores plantearon como hipótesis que el intenso estrés térmico, unido a la escasez de alimento provocada por la sequía, pudo alterar el desarrollo normal de la reproducción.

Compartir

0 comentarios

Todavía no hay comentarios aprobados.

Deja un comentario

No se mostrará públicamente.

Añadir Club de Caza como fuente preferida de Google

Mantente informado con las últimas noticias de caza, pesca y medioambiente.

ACTIVAR AHORA →