El caso ha sacudido al mundo rural de Francia. Allí, concretamente en Grosrouvres, en la región de Lorena, un agujero en el suelo se convirtió en el acceso para llegar hasta las aves. Cuando el propietario lo descubrió en el suelo del exterior del recinto, se temió lo peor. Corrió para entrar y allí descubrió lo que ha definido como «una carnicería». Cientos de pollos, gallinas de Guinea y pavos habían sido masacrados y yacían sin vida en el suelo. Contaron hasta 500 bajas. Pero la pesadilla no acabó ahí.

El granjero cree que se trata de una zorra enseñando a cazar a sus crías.
Un segundo ataque
La noche siguiente, sin tiempo a reaccionar y recuperarse, los raposos volvieron. El saldo de la segunda incursión fue de más de 250 aves perdidas. Atacaron a cualquier animal que se moviera, en un comportamiento conocido y temido por los que tienen aves de corral. «Tengo la impresión de que se ha tratado de una zorra con sus crías a las que enseñaba a cazar», manifiesta el propietario de la granja avícola.

Foto: Fanny Bragard, www.estrepublicain.fr.
No puede reforzar esos puntos débiles de sus gallineros
Ante los muchos que le han instado a reforzar el suelo que limita los recintos, ha explicado lo siguiente: «No soy dueño del terreno, no puedo poner una losa de hormigón para impedir las intrusiones». Algo que ha sido aprovechado por los depredadores oportunistas.
Unas pérdidas que han sido tasadas en unos 24.000 euros y que, además, privan a la granja de al menos seis semanas de mercados y ventas. El granjero se vio obligado a comprar aves de corral ecológicas a un colega para poder cumplir con sus contratos anteriormente firmados. Mientras, grupos locales de agricultura y ganadería han comenzado una colecta para intentar ayudar a los damnificados.
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