Los plásticos utilizados para el ensilado de hierba se convierten en la manera óptima de conservar esos prados segados para los meses en los que el alimento natural de las reses escasea. El ensilado mantiene los nutrientes y resulta mucho menos costoso que los piensos. Se trata de una técnica de fermentación sin aire que protege las propiedades del forraje. Y lo hace a través de plásticos, lo que ha originado la curiosa escena que vamos a ver a continuación.
Ese alimento destinado a los animales domésticos es «asaltado» con frecuencia por especies silvestres como el corzo. No lo suponemos: hemos sido testigos de la situación en la que un corzo era sorprendido con medio cuerpo dentro de una de estas grandes bolas de silo. Para ello, había roto el plástico protector. Esta especie puede utilizar sus pezuñas delanteras, sus dientes o sus cuernas. En este último caso, los plásticos, resistentes y de buen grosor, pueden quedar enganchados o ensartados en algunas de las puntas de sus cuernas, resultando complicado que el animal pueda desprenderse de ellos. Esto puede originar situaciones de riesgo para el animal, que, como acabamos de ver, queda parcial o totalmente cegado por este material.
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